Asesinos en serie: El vampiro de Londres

Asesinos en serie: El vampiro de Londres

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Querido diario:

El cine no ha reconocido todavía a algunos de los asesinos en serie más populares, o no lo ha hecho con una película importante. Muchos no pasan de una historia vulgar y triste, pero John George Haigh, pertenece al grupo de los que han dejado recuerdo.
Cuando su abogado alegó enajenación porque su defendido necesitaba beberse la sangre de sus víctimas, el juez no le creyó. No se podían hacer las autopsias a los cuerpos para comprobarlo, no era posible probarlo así que el juez no podía creerlo. John George Haigh dio los detalles que hubiera dado cualquiera en su caso, era la horca o el manicomio, pero era un verdadero asesino frío y sin remordimientos, que hace posible que fuera cierto que bebió la sangre de sus víctimas y mereciese el título que obtuvo: El vampiro de Londres.
Hay mucha más gente de la que piensas, que mata por beber sangre. Tan sólo en los últimos años se ha cogido a James Riva, que fascinado por los vampiros desde los 13 años, mató a su abuela en 1980 para beber su sangre al creer que era una vampiro que se alimentaba de él mientras dormía, y que haciéndolo quedaría inmune.
John Crutchley en 1985 tuvo secuestrada a una de sus múltiples víctimas para poder beber su sangre poco a poco. Marcello de Andrade mató en 1991 a 14 jóvenes en Río de Janeiro para rejuvenecerse con su sangre. La californiana Deborah Finch en 1992 se bebió la sangre de su víctima tras un supuesto pacto suicida.
La lista es larga, el famoso Fritz Haarmann ” El Vampiro de Hannover”, Peter Kürten de Dusseldorf, Wayne Boden “El Vampiro Violador”, Nicolas Claux “El Vampiro de París”, y algunos otros que han sido etiquetados por los medios de comunicación como “vampiros”.

John George Haigh vivía en una pensión londinense en 1949. Era confortable y se hacía pasar por agente comercial o dueño de una pequeña fábrica metalúrgica. Era moreno, corpulento, bien parecido y con una sonrisa agradable. Pero no conseguía dinero y la dueña de la pensión le había pedido ya varias veces que se pusiera al día.
Una de las viudas con rentas que también se alojaba en el mismo lugar, le pidió consejo sobre un posible negocio de uñas artificiales fabricadas con un tipo de papel especial. Ella podía disponer de la inversión necesaria si alguien con experiencia la asesoraba. John le habló cuatro días después de un contacto, otro agente comercial. La citó en el pueblo de Crowley, donde se hallaba una fábrica relacionada con el tema. En realidad la llevó a unos almacenes abandonados donde ya tenía dispuesto un tonel de acero diseñado para resistir la corrosión de los ácidos, y 153 litros de ácido sulfúrico.

Tal vez John no supiera que en realidad estaba coincidiendo en parte con el primer vampiro moderno, el húngaro Bela Kisz que inició sus “actividades” al comprobar que su esposa le era infiel , apenas cincuenta años antes, en 1912.
Cuando se fue a la primera Guerra Mundial dos años después y no volvió, se le dio por muerto, y al entrar en sus propiedades se encontraron 2 barriles metálicos con los cuerpos de su mujer y su vecina. Luego encontraron otros 17 barriles más con otras tantas mujeres en su interior que habían sido estranguladas, con heridas en el cuello y vacías de sangre totalmente. Bela Kisz nunca fue encontrado, y se le consideró un desaparecido de la guerra.

La policía londinense si sospechó de John, puesto que la mujer lo había comentado abiertamente, a pesar de que él sostenía que nunca había acudido a la cita y así se lo había comentado a todos al volver. Confirmaron sus sospechas al comprobar sus antecedentes penales y su personalidad falsa. John se sentía seguro porque no se podía condenar a nadie en Inglaterra sin cuerpo del delito. Así que acabó por confesar!

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“Si le confesara la verdad no me creería, es demasiado extraño. Pero se la voy a confesar. La señora Durand no existe. Ustedes no encontrarán jamás ningún resto de ella ya que la disolví en el ácido, ¿cómo podrán probar entonces que he cometido un crimen si no existe cadáver? Le disparé a la cabeza mientras estaba mirando unas hojas de papel para confeccionar sus uñas postizas, después fui por un vaso y le hice un corte con mi navaja en la garganta. Llené el vaso de sangre y me lo bebí hasta saciar mi sed. Luego introduje el cuerpo en el tonel llenándolo después de ácido sulfúrico concentrado Después me fui a tomar una taza de té. Al día siguiente el cuerpo se había disuelto por completo, vacié el tonel y lo dejé en el patio”.

En los almacenes, los policías encontraron tres bombonas de ácido sulfúrico, además de un delantal, unos guantes de caucho y un revólver disparado recientemente. También huellas de sangre en la pared y el delantal, un charco de grasa en un bidón vacío de ácido, y dos restos de dentadura lo bastante intactas para que la mujer fuera identificada.
John terminó por confesar ese crimen y otros cinco crímenes ocurridos un año antes en condiciones muy parecidas, añadiendo que también había bebido la sangre de todas las víctimas.
Finalmente es sentenciado a la pena de muerte, a la que ni siquiera apeló, y es ahorcado en la prisión el 6 de agosto de 1949.
John George Haigh, ha quedado inmortalizado en la Cámara de los Horrores del Museo de Cera de Madame Tussauds, pero no está en el “Museo de los vampiros “de París, que se abrió hace muy poco, donde pueden encontrarse todo tipo de objetos, desde carteles de cine, hasta instrumentos históricos.
Los vampiros del cine no salen de sus pantallas, pero los que creen en ellos están sentados en las butacas. El 24 de Febrero de 2004, entraba en los ordenadores de los medios de comunicación este teletipo de la seria agencia Reuter:

Desentierran un vampiro en Rumania.

La fiscalía de Craiova, al sur de Rumania, abrió ayer martes una investigación a seis habitantes de Marotinul de Sus (Celaru), acusados de haber profanado un cadáver que, según ellos, se transformaba en vampiro y les reducía el nievel de sangre durante la noche, afirmó una fuente judicial.

El cuerpo de Petre Toma, de 76 años, muerto de un cáncer en diciembre, fue desenterrado seis semanas más tarde por su cuñado Gheorghe Marinescu, en presencia de numerosos miembros de la familia, incluidos su viuda y su nieta. Según numerosos testigos, los profanadores hicieron una incisión en el pecho de Toma y extrajeron su corazón, antes de quemarlo y mezclar las cenizas con agua, que después bebieron.
Una autopsia efectuada ayer martes por los médicos forenses de Craiova confirmó que “el corazón fue extraído”, precisó el fiscal Cristian Grigore. Las seis personas explicaron que después de la muerte de Toma se sentían “débiles”, como si no tuvieran “más sangre”. “Por la noche, le veía en mi habitación, y por la mañana, no podía levantarme, estaba débil”, cuenta la nieta de Toma, Mirela Marinescu.
Según ella, desde que el ritual fue llevado a cabo, “la muerte no se ha vuelto a aparecer” a su familia. Numerosos ciudadanos afirmaron que este ritual es conocido y practicado desde hace mucho tiempo en la región, y que siempre se ha revelado “eficaz contra los strigoi”. Strigoi es el término tradicional para referirse a esta suerte de fantasma que regresa de la tumba!

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