Coleccionable Chaplin: ¿Aceptas a Charlot por esposo? (III)

Coleccionable Chaplin: ¿Aceptas a Charlot por esposo? (III)

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Querido Teo:
 
Tras una vuelta al mundo triunfal y estar a punto de ser asesinado en Japón, Chaplin escribe a bordo del barco que lo devuelve a Usamerica, las primeras notas para lo que se convertiría en "Tiempos modernos". ¿Qué le estaban haciendo al mundo las máquinas?. Y ante todo, ¿Qué le estaban haciendo a él?.
De la noche a la mañana el cine se convertía en una industria fría. Los técnicos del sonido estaban renovando los estudios y construyendo aparatos que Chaplin no se sentía seguro de poder controlar. Miles de cables, hombres que se sentaban con auriculares que les daban un aire marciano, mientras que los actores trabajaban con micrófonos suspendidos sobre ellos con cañas de pescar. “Todo aquello era muy complicado y deprimente. ¿Cómo se podía crear algo con toda aquella chatarra alrededor?. Sólo el pensarlo me horrorizaba”.

 
Casi un mes después de su vuelta no se había serenado y pensó seriamente en dejar el cine y establecerse en Hong Kong. Se sentía deprimido. Aceptó entonces una invitación para pasar una semana en el yate del presidente de United Artists, no porque le interesaran las partidas de póquer que se organizaban, sino por las chicas guapas que solía embarcar su anfitrión.
Paulette Goddard debuta en el cine de Chaplin con "Tiempos modernos", después de que éste comprobara sus habilidades para interpretar a una pícara y espabilada mendigaLe había sido fácil conquistar mujeres en Europa. Su alma atormentada, sus crisis de soledad, su inteligencia y sus maneras no sólo fascinaron a Pola Negri y a otras mujeres hermosas. Ante los ojos de las jóvenes usamericanas tenía además el prestigio que daba su riqueza. De dinero es de lo primero que habló con una de las jóvenes invitadas. Paulette Goddard acababa de llegar de Nueva York, recién divorciada y con cincuenta mil dólares, una parte de la pensión alimenticia que percibía de su ex marido, que estaba a punto de invertir en el cine. Chaplin la disuadió incluyéndose él mismo como alguien que sólo arriesgaba su dinero en su propio cine y no sin temor. La joven agradeció la sinceridad, no firmó el contrato que ya estaba preparado, y comenzó una amistad alimentada durante las siguientes semanas con paseos en coche. Los dos se sentían solos y solitarios.
“Nuestra aventura más emocionante consistía en ir al puerto de San Pedro a contemplar los barcos de recreo. Uno de ellos estaba en venta;—Si tuviéramos algo parecido a eso —dijo Paulette—, podríamos divertirnos mucho”.
Chaplin lo compró y la reacción de la chica al ser sorprendida resultó muy “cinematográfica” según la relató el propio Chaplin: —“Espera un minuto, —me dijo—. Se levantó, bajó del barco y corrió cincuenta yardas a lo largo del muelle, tapándose la cara con las manos. Cuando volvió a subir a bordo me dijo:—Tenía que hacer esto para que se me pasase la impresión.”
 
Pasaron días buenos navegando y atracando en la isla de S. Catalina, pero Chaplin seguía sin tener ninguna película. Paulette se convirtió en su “amiga oficial”, se los veía juntos en las carreras, locales nocturnos de moda y en todas las funciones de gala, pero fue creciendo en el artista un sentimiento de culpabilidad por todo ese ocio sin dirección.
Paulette y él fueron invitados a Tijuana, en México, donde el ganado de Kentucky sería premiado. Le preguntaron a Paulette si querría entregar la copa al jockey ganador y decir algunas palabras. Chaplin quedó asombrado al escuchar a su compañera por el altavoz del hipódromo imitando a la perfección el acento y el tono de una belleza de la buena sociedad de Kentucky, aunque era de Brooklyn. De repente aquello le estimuló para hacer otra película muda.
Paulette Goddard, la tercera mujer de ChaplinPaulette había trabajado ya como chica del coro en algunas películas. Charlie decidió convertirla en la «vedette» de su próxima película. Le hizo abandonar el rubio platino de sus cabellos, que recobraron su color castaño natural. Luego contrató profesores de canto y de baile para prepararla. Vio en ella el aspecto de una pilluela callejera. Imaginó entonces el encuentro del vagabundo y la muchacha en un coche celular abarrotado, el vagabundo mostrándose muy galante y ofreciéndole su asiento. Esta fue la base sobre la que construyó el argumento y las diversas escenas cómicas de su primera colaboración.
Al año siguiente marchó en compañía de su nueva estrella a un crucero por los mares del Sur y regresaron casados a Hollywood. se atribuyeron al cineasta nuevos proyectos. Paulette Goddard era su heroína. Se habló de una película cómica que fue, efectivamente, “Tiempos modernos”.
 
Desde hacía ya mucho tiempo, cada una de sus obras cómicas estaba construida sobre un drama: drama épico, en "La quimera del oro" ; drama sentimental, en "El circo"; drama de la ilusión, en "Luces de la ciudad"; y, esta vez, drama social.
Por fin se supo que Chaplin había terminado una película, pero no se conoció casi nada de “Tiempos modernos” antes de su presentación en Nueva York y en Londres. Una vez vendida la cinta por el mundo, Chaplin y Paulette abandonaron Los Ángeles. Se señaló su paso por Shangai y por Singapur, y luego navegaron juntos hacia Australia y las islas del Sur. Chaplin se esforzó por mantenerse alejado de las críticas y la información sobre la película y a la vuelta midió el gran éxito de “Tiempos modernos” para enfrentarse de nuevo a su angustia creativa.
La pareja llevaba un año de casados pero se iba alzando una barrera, en parte porque Chaplin estaba absorto, concentrado en la mayor preocupación de su vida profesional: si hacía una película hablada, por muy buena que fuera no podría superar nunca la calidad artística de su pantomima. Había pensado en unas posibles voces para Charlot: si debía hablar con monosílabos o, simplemente, musitar. Pero si hablaba se convertiría en un actor igual a los demás. ¿Debía hacer entonces otra película muda?. Sabía que iba a correr un gran riesgo si la hacía. Todo Hollywood había abandonado el mudo, excepto él. Hasta entonces había tenido suerte; pero el arte de la pantomima iba quedando viejo poco a poco. Además, no era fácil idear un argumento mudo que durase hora y media. Paulette había firmado un contrato para rodar varias películas con la Paramount y había tenido éxito. Dos años después de su boda ya no mantenían relaciones sexuales, se trataban como amigos hasta que un día Paulette se presentó con un joven muy bien trajeado, y a pesar de la reacción inicial de Chaplin a no distraerse del guión en el que trabajaba, se acomodó en su camerino y Paulette se lo presentó como su nuevo agente. A Chaplin le pareció untuoso, prototípico y de los que gustan de escucharse cuando hablan.
Chaplin y Goddard en "El gran dictador", años en los que la relación evidenciaba su deterioro--Como usted sabe, señor Chaplin, desde “Tiempos modernos” está usted pagando a Paulette dos mil quinientos dólares a la semana. Pero lo que no hemos concertado aún con usted, señor Chaplin, es la cuestión propaganda: ella debería ocupar el setenta y cinco por ciento del espacio en todos los carteles...”
 
No pudo terminar porque Charlie echó a los dos de su camerino. Una vez acabado y estrenado en Nueva York "El gran dictador", Paulette dejó una nota diciendo que tenía que regresar a Hollywood, y cuando volvió a la casa de Beverly Hills no se quedó, sino que recogió sus cosas y se fue a México para gestionar el divorcio.
Paulette obtuvo una cantidad de dinero generosa y el “Panacea”, el yate que habían estrenado juntos casi diez años atrás. Se casará después con Burgess Meredith, y luego con Erich Maria Remarque, con quién se instalará en Suiza al igual que Chaplin. Se lee a menudo que su amistad siguió siempre y que ambos guardaban un mutuo buen recuerdo. Pero lo cierto es que Paulette, siempre una persona muy discreta, no veía nunca a Chaplin: «Vivimos en montañas distintas».
 

Carlos López-Tapia

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