Cine en serie: “Chernobyl”, átomo desbocado y burócratas de turno

Cine en serie: “Chernobyl”, átomo desbocado y burócratas de turno

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Querido Teo:

El presentador del telediario ruso del 28 de Abril de 1986 leyó este comunicado: “Ha ocurrido un accidente en la central de energía de Chernobyl y uno de los reactores resultó dañado. Están tomándose medidas para eliminar las consecuencias del accidente. Se está asistiendo a las personas afectadas. Se ha designado una comisión del Gobierno”. Eso fue todo.

Sin embargo, al día siguiente, los trabajadores de una planta nuclear sueca, al pasar el control rutinario de radioactividad, descubrieron que sus ropas estaban cubiertas de partículas radiactivas y dieron la alarma. La búsqueda mundial de algún reactor que hubiese explotado condujo enseguida a la Unión Soviética y Mijaíl Gorbachov finalmente confirmó ¡dieciocho días después! que en realidad se había producido un fallo técnico generalizado en Chernobyl.

Hacia la una y media de la madrugada del 26 de Abril de 1986, el reactor nuclear número 4 de Chernobyl explotó. El sistema soviético respondió del modo habitual, negándose a responder. El Gobierno intentó rebajar la gravedad del suceso. Fue bochornoso porque la lluvia de partículas radiactivas llegó más allá de Europa Occidental. El accidente sirvió para que muchos miraran de frente por primera vez al peligro real de una guerra nuclear, aunque fuera limitada. El Jefe del Estado Mayor ruso recordaría que después de Chernobyl «…para nuestro pueblo, la amenaza nuclear dejó de ser una abstracción para convertirse en una realidad palpable». El Viceministro de Exteriores, reflexionó sobre el hecho de que Chernobyl «equivaliera a algo así como una tercera parte del explosivo nuclear de menor potencia. Y, si Chernobyl había causado tantos daños en media Europa, ¿qué ocurriría si los norteamericanos y nosotros recurríamos a todo nuestro arsenal?». Dos meses después del accidente, en la reunión del Politburó de Julio de 1986, Gorbachov dijo: «La guerra nuclear global no puede ser ya una continuación racional de la política por otros medios, porque pondría fin a todas las formas de vida y, por tanto, a todas las formas de política». El devastador accidente dio a Gorbachov nuevos bríos para imponer su programa antinuclear, al tiempo que demostraba que la Unión Soviética se venía abajo.

Más de 30 años después, el accidente ha dado pie a la serie de televisión mejor valorada de la Historia por el portal especializado IMDB con una puntuación de 9,7. Huyendo de todo sensacionalismo fácil, la serie nos lleva en realidad al exterior y el interior de la central nuclear de Ignalina, fuera de servicio, popularmente conocida como “la hermana de Chernobyl” debido a su parecido visual. A partir de las primeras imágenes donde asistimos al accidente, el miedo imita a las partículas radioactivas que no se ven: se extiende, y nunca llega a disiparse en secuencias relajantes de contrapunto.

La historia del pueblo ruso en el último siglo queda reflejada en la secuencia que abre el capítulo cuarto, cuando un joven soldado intenta cumplir la orden de evacuación de personas cercanas a la central nuclear, y se encuentra con una anciana que ordeña a su vaca en el establo: “Tengo 82 años. Llevo aquí toda la vida. Aquí mismo, en esta casa, desde siempre. No eres el primer soldado que viene aquí armado. A los doce años vine a hacer la Revolución. Los hombres del Zar…. Luego los bolcheviques… chicos como tú, incorporados a filas, nos ordenaron que nos fuéramos. No. Luego llegó Stalin y su hambruna. Mis padres murieron y dos hermanas mías también. Al resto nos ordenaron marcharnos. No. Luego la Gran Guerra. Chicos alemanes, chicos rusos, más soldados, más hambruna, más muertos. Mis hermanos no volvieron a casa. Yo me quedé y aquí sigo, a pesar de lo que he visto. ¿Y quieres que me vaya por algo que ni siquiera puedo ver?”.

Es constante la presencia de la podredumbre burocrática, la adulación hasta el servilismo, la opacidad sobre cualquier información; responsables de amplificar las consecuencias del desastre, incluyendo el aumento desproporcionado de miles de casos de cáncer de tiroides demostrados a día de hoy en la población infantil de toda la zona. El Gobierno ruso no fue el único en mentir a su población, el Ministerio de Agricultura francés negó en Mayo de 1986 que la contaminación radiactiva hubiese afectado a la nación, contradiciendo los datos de la propia Administración francesa. Los medios de comunicación ridiculizaron rápidamente la teoría de que la nube radiactiva se hubiese detenido en las fronteras de Francia.

Un inconveniente para el movimiento verde es que la energía nuclear es la fuente sin carbono más abundante y expansible. Aunque las fuentes de energía renovables, especialmente la solar y la eólica, se han abaratado drásticamente, y su porcentaje de la energía mundial se ha más que triplicado en los cinco últimos años, es todavía un insignificante 2 o 3%. Sus posibilidades de crecimiento a corto plazo son limitadas por dos razones: son imprevisibles y precisan superficies muy extensas. El viento se calma y el sol se esconde, pero necesitamos energía las 24 horas, llueva o haga sol. Aún faltan años para que las baterías sirvan a gran escala, y con la tecnología actual se calcula que para satisfacer las necesidades mundiales de energías renovables en 2050 se requeriría instalar molinos de viento y paneles solares en un área del tamaño de Estados Unidos (incluido Alaska), más México, Centroamérica y la parte habitada de Canadá.

La energía nuclear tiene una huella de carbono menor que la solar, la hidráulica y la biomasa, y estadísticamente es más segura que todas ellas. En los 60 años de energía nuclear se han producido 31 muertes en el desastre de Chernobyl, y aquello fue el resultado de la extraordinaria chapuza de la era soviética, y en los otros dos accidentes famosos, el de Three Mile Island en 1979 y el de Fukushima en 2011, no hubo ninguna muerte directa; aunque las muertes derivadas o prematuras pueden ser de algunos cientos de miles, con mucha dificultades para precisarlo. En comparación con la energía nuclear, el gas natural mata 38 veces más personas por kilovatio/hora de electricidad generada, la biomasa 63 veces más, el petróleo 243 veces más, y el carbón 387 más; quizás un millón de muertes… al año. El goteo constante con que se producen no es causa de titulares.

El accidente de Chernobyl marcó el destino de la energía nuclear para toda una generación. Los proyectos relacionados con la energía nuclear se paralizaron en Estados Unidos y en Europa, aunque se mantuvieron en marcha en Francia, Japón y Rusia, pero sólo gracias a los generosos subsidios de los gobiernos. En todas las historias hay héroes, y la serie de HBO también los muestra, además de dejar a Gorbachov en una buena posición, indudablemente mejor que la de los que le rodean. Cientos, miles de rusos, aceptaron el riesgo de convertirse en los “limpiadores” de la zona contaminada hasta hoy. Muchos pagaron con su salud. El Gobierno creó para ellos una medalla, donde se representan las tres clases de radiaciones (alfa, gamma y beta) junto a una gota de sangre.

Carlos López-Tapia

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