Cine en serie: “Heridas abiertas”, entre traumas del pasado

Cine en serie: “Heridas abiertas”, entre traumas del pasado

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Querido Teo:

Su estreno fue el año pasado pero coincidiendo con los Emmy de este año (donde va a terminar su recorrido de premios) conviene echar un vistazo a “Heridas abiertas”, la quinta de las nominadas en la mejor categoría de serie limitada que se recuerda con “Chernobyl”, “Así nos ven”, “Fuga en Dannemora” y “Fosse/Verdon” como las otras candidatas. Condenada a ser la hermana pobre de las candidatas de este año, sus 8 nominaciones hacen valer a la serie de Marti Noxon (“Buffy cazavampiros”), dirigida por el canadiense Jean-Marc Vallée (motivo por el cual no estuvo “oficialmente” en la segunda temporada de “Big little lies”) y escrita por Gillian Flynn (“Perdida”) adaptando su propia novela. Unos artífices que se completan con Amy Adams, Patricia Clarkson, Chris Messina y Eliza Scalen en el reparto.

Sin entrar en excesivos detalles sobre la trama y desarrollo hay que decir que el personaje interpretado por Amy Adams, Camille Preaker, conecta con ese universo femenino de Flynn lleno de mujeres que, en apariencia, lo tienen todo, pero que están marcadas por traumas del pasado y una infancia difícil y compleja de la que se rebelan bien hiriendo a los demás o, incluso, a ellas mismos siendo víctimas condenadas de ello por siempre. Si la Amazing Amy que vimos en “Perdida” era un personaje tan fascinante como enigmático, Flynn va a más con las mujeres que vemos en esta serie. Preaker es una periodista en busca de su gran historia que es enviada por su jefe al pueblo en el que nació, Wind Cap, del que salió herida en el alma por la muerte de su hermana y también en su cuerpo con lesiones infringidas que le hicieron caer en el alcoholismo y terminar ingresada en un centro psiquiátrico. Precisamente ese bagaje es el que le hace perfecta para ese reportaje, pudiendo poner en él mucho de lo que es ella misma, aunque eso le suponga reencontrarse con la frialdad de su madre, un buen número de recuerdos en forma de inquietantes flashbacks, los recelos del jefe de policía al mando de la investigación de la muerte de una chica en extrañas circunstancias, y los cuchicheos y condescendencia de los otros habitantes del pueblo al recibirla.

Hay mucho del tono de “Big little lies” en esta serie siendo evidente la mano de Vallée, y no sólo porque el peso de la historia sea femenino, sino por ese tono distante y neblinoso que sugiere más que muestra y que refleja la insatisfacción de sus personajes a pesar de sus gestos hacia la galería. Camille prácticamente no se relaciona con los demás, y su vida sentimental está condicionada por amplios jerseys que cubren las numerosas heridas de su cuerpo, casi como un diario de su drama grabado en la piel, mientras que su madre, Adora, la típica abeja reina del pueblo, no duda en mostrar desdén hacia su hija a la que no muestra ningún afecto y a la que culpa de todos los males que han padecido, sólo teniendo ojos para su hija pequeña, Amma, que va de niña bien con su madre pero que es la reina del desenfreno cuando sale por la noche incluso dejando en evidencia a su hermana, siempre absorta con los avances de las investigaciones.

No dejan de ser interesantes otros personajes como el jefe Bill Vickery, al mando de la investigación y que tiene una peculiar relación con Adora, la madre de Camille, Alan, el marido melómano de ésta que parece vivir en su mundo y que vale más por lo que calla que por lo que dice, Jackie, la típica vecina cotilla encarnada por Elizabeth Perkins, y John, hermano de la chica asesinada y que, debido a su afectación al vivir la tragedia, es la persona a la que el pueblo quiere cargar el crimen. Una serie de personajes que sirven para que la serie mantenga el enigma de sobre cómo ocurrieron los hechos y porqué todos parece que tienen mucho que esconder.

No vamos a entrar en detalles de la trama, ni de su retorcido y revelador final, pero sí que conviene destacar ese tono enfermizo que envuelve la atmósfera de una serie a la que cuesta entrar en su universo, tan poco acogedor como Wild Camp, entre personajes herméticos y antipáticos, y momentos de tedio depresivo ante una protagonista que se mueve entre la profesionalidad de conseguir su gran relato periodístico y que los abismos de la locura no vuelvan a cebarse con ella, pero hay que comprar esa caldera emocional que propone y que va bullendo hasta explotar en dos capítulos finales arrebatadores, impactantes y que redondean la serie resolviendo las preguntas y confirmando que el peaje ha valido la pena.

A ello contribuye mucho el tono de la historia, a fuego lento, y sobre todo a las interpretaciones de Amy Adams (en el papel más oscuro de su carrera y el más complejo junto al de “La llegada”) y de una Patricia Clarkson que se mete en la piel de un personaje hitchcockiano, roto, gélido, inquietante y ambiguo que valora más la imagen que tengan de ella en el pueblo que  intentar hacer crecer el amor en el seno de una familia desestructurada por muchas más cosas además de la muerte de su hija. Clarkson ha ganado Globo de Oro y Critics´Choice por este trabajo y podría completarlo con el Emmy el próximo mes de Septiembre confirmando que es una de esas actrices mayúsculas que con clase y magisterio siempre están impecables.

“Heridas abiertas” es una de las producciones televisivas de HBO que más han dado que hablar la pasada temporada. A pesar de su irregularidad y un tono no apto para depresivos, es una buena opción a lo largo de 8 capítulos para entender las complejidades de esas personas que por circunstancias de la vida, e incluso por legado familiar y el peso de la sangre, se convierten en juguetes rotos, infelices en sus vidas y víctimas de un destino incierto en el que, en ocasiones, la familia no es el refugio sino el lastre que hay que dejar atrás para poder llegar a ser uno mismo.

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Nacho Gonzalo

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Comentarios

Señor Kubelick - 12.08.2019 a las 21:01

Me parece la serie más sobrevalorada de los últimos años. Irregular, larga, innecesario 8 capítulos para lo que pretenden contar, trememdista y morbosa en el peor de los sentidos. Hace 5 años o más, de la novela de Flynn se hubiera hecho una película, como magistralmente hizo Fincher con Perdida (novela mucho más compleja y con más matices que Heridas Abiertas, y quedó perfectamente condensada en 2h y media). Que Amy Adams y Patricia Clarkson están bien? Lo estarían recitando la guía de teléfono de Cuenca, es lo que tienen las grandes actrices.

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