Cine en serie: La sexta temporada de “Doctor Who”

Cine en serie: La sexta temporada de “Doctor Who”

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Querido Teo:

Igual que hice el resumen de los primeros siete episodios de la sexta temporada de “Doctor Who”, ahora le toca el turno al resto de capítulos de la susodicha. Una tanda de episodios algo más irregular que la primera, pero igual de apasionante y adictiva que siempre. Pongamos nuestro “condensador de fluzo” particular de la TARDIS en marcha, y viajemos hasta la Alemania nazi para conocer qué tal le fue al Doctor y a sus acompañantes, a su vuelta del parón vacacional, en ese encuentro cara a cara con el mismísimo Hitler. Allá vamos…

Let´s kill Hitler, 6×08, es un pedazo de episodio se mire por donde se mire. La descomunal imaginación de Steven Moffat vuelve a dar en el blanco utilizando a Hitler como un estupendo MacGuffin para revelarnos más cosas sobre el oscuro y divertidísimo pasado de River Song. Una de las grandes virtudes de siempre que tiene este escritor es su capacidad para, en tan sólo unos cuantos minutos, desarrollar un personaje al completo que tenga profundidad y contenido. Con el personaje de Mels (una versión anterior de River Song) lo consigue de lleno, y no contento con ello, además nos sirve en bandeja una apasionante historia sobre una organización llamada Teselecta que se encarga de dar su merecido a villanos de la historia que más o menos se salió con la suya. Brillante. Sí, la parte final del episodio está un poco forzadilla, pero el episodio entero merece la pena aunque sólo sea por disfrutar de la gran cantidad de ingeniosos diálogos que salen por la boca de todos nuestros protagonistas. Para mí unos de los mejores de la temporada y tal vez de la serie.

Uno de los temas recurrentes de Moffat son los miedos y la capacidad del ser humano para enfrentarse a ellos. En esta temporada han estado presentes en casi todos los episodios, siendo el 6×09, Night terrors, un buen ejemplo de ello. Si está claro que esta nueva etapa de “Doctor Who” es más oscura que otras es por episodios como éste. El miedo de un niño a lo que se esconde dentro de su armario se convierte esta vez en una estupenda metáfora de los miedos que todos tenemos escondido en los armarios particulares que llevamos en nuestro interior. El salto de calidad de producción de esta temporada permite que este episodio en concreto tenga el ambiente y el tono ideal para resultar tan convincente como misterioso y perturbador. Aunque el desenlace final sea bastante simplista (casi decepcionante), los mejores momentos los seguimos encontrando (como casi siempre) cuando el Doctor está en el piso del padre del niño intentando descubrir el misterio de turno. Es en ese tipo de instantes cuando Matt Smith saca todo su arsenal de recursos interpretativos, y nosotros babeamos como niños ante el poder de seducción que tiene tanto el actor como el personaje que interpreta. Aunque a la parte de la casa de muñecos le falte sin duda algo más de chispa y empaque, el episodio en general sigue estando a gran altura.

The girl who waited, 6×10, es un algo irregular episodio lleno de brillantes y vibrantes momentos. Original, muy emotivo, y también algo confuso, el capitulo donde Amy se queda atrapada en un espacio-tiempo alternativo, sirve perfectamente para desarrollar un poco más la parte más oscura del Doctor. Una de las grandes cargas que siempre ha llevado a cuestas nuestro protagonista es el peso de las desgracias de los acompañantes que se ha llevado consigo en la Tardis. The girl who waited es un paso más hacia el interior de esa confrontación y contradicción que él tiene, que no es otra que la de vivir mil aventuras acompañado de alguien, y el peligro que corren esas personas al estar a su lado. Un gran episodio (de los mejores de la temporada) que, a pesar de ello, me deja con la sensación de que podía haber sido de los mejores de la serie.

El 6×11, The good complex, es un capítulo que me sorprendió muchísimo por las bajas expectativas que tenía sobre él. Sabiendo que estaba escrito por Toby Whithouse, creador de “Being human” (que me decepcionó bastante), y de unos cuantos episodios del Doctor que no me habían hecho demasiada gracia, la verdad es que no esperaba que fuera especialmente bueno. Y vaya si lo es. Los miedos y los temores encerrados en habitaciones de hotel, me resultó de lo más inquietante, y además se puso toda la carne en el asador a la hora de explotar tanto los traumas y las fobias del Doctor como el de los personajes que le acompañan. El final, además de ser de lo más original y emotivo, sirve como perfecto detonante de la columna vertebral de la historia, impulsando esa trama y a sus protagonistas hacia su inevitable cierre de temporada, y tal vez de ciclo para varios de ellos. Para mí uno de los mejores episodios de esta season, con mención especial para la estupenda banda sonora que compone el siempre genial Murray Gold. Esta vez exquisita y perfectamente bien para lo que cuenta y donde se cuenta.

Y si The good complex me sorprendió para bien, el 6×12, Closing time, lo hizo para mal. Igual que esperaba poco de Toby Whithouse, esperaba mucho más de Gareth Roberts, autor de varios de los mejores episodios de la era Russel. T. Davies. No es que me parezca un mal episodio (que no lo es para nada), pero para la posición en la que está colocado (ya en el cierre de temporada), y viniendo de quien viene, desde luego esperaba un capítulo más acorde a mis expectativas. Divertido (más bien simpático) y sobre todo ligero, se queda muy por debajo de la intensidad que requiere un episodio de esa importancia. El estar acostumbrados a que a esas alturas uno ya este metido de lleno en el huracán de la historia creo que le perjudica y lo deja con la sensación de estar por debajo de lo que realmente es. Junto con el de los piratas, los dos episodios más normalitos de la temporada.

Y llegamos al colofón de la historia. The wedding of River Song, 6×13, es un magnifico y fascinante cierre, que se queda algo corto debido a la extraña estructura de episodios que ha tenido esta temporada. Puede que los puzzles y los misterios de Moffat no siempre encajen como debieran, se les vea el truco demasiado, o estén cogidos con pinzas, pues siempre son tan divertidos, originales y adictivos que esos hechos nunca son ningún inconveniente para el disfrute de los episodios. En “Doctor Who” lo que siempre ha importado por encima de todo es la imaginación y los personajes, y estos sí que han brillado a gran altura en este último episodio que nos ha descubierto la mayoría de los secretos que albergaba esta temporada. Un episodio final que, aunque ha sido menos emocional y menos épico que muchos otros, ha estado cargado del suficiente ingenio como para suplir tales carencias y además hacérnoslo pasar tan estupendamente bien como siempre. Una deliciosa y excitante guinda a una gran temporada (de las mejores, si no la mejor), con la que se nos invita a esperar impacientemente ese 2012, donde la serie regresará para cumplir 50 años, y donde seguro nos ofrecerá un extraordinario regalo de aniversario que nunca olvidaremos. ¡Por dios!. ¡Que llegue ya!. ¡Quiero una Tardis!.

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Watanabe

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