Cine en serie: “Lambs of God”, lo religioso, lo pagano y lo mundano

Cine en serie: “Lambs of God”, lo religioso, lo pagano y lo mundano

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Querido Teo:

Desde Australia ha llegado a HBO una serie que conviene destacar para que no desaparezca engullida ante la amplia oferta de las plataformas. “Lambs of God” es una miniserie de cuatro capítulos en la que asistimos a un relato con aire gótico y fantasmal sobre los límites de la fe, las angustias del pasado como succionadores de lo que somos como personas, la redención a través de la unión y del sentirse amado y los intereses de la cúpula de una iglesia católica dispuesta a no perder fieles a cualquier precio y, por extensión, incluso a tejer una trama de corrupción urbanística con el fin de cumplir sus intenciones.

“Lambs of God” nos presenta a tres monjas de diferentes generaciones de la decadente orden de Santa Inés que viven en un ruinoso convento casi como unas brujas desarrapadas manteniendo ritos ancestrales y su espartano medio de vida que se mueve entre cuidar el huerto, tejer y creer que las ovejas a las que cuidan son en realidad la reencarnación de las hermanas que poco a poco han ido falleciendo. A ese islote escarpado llega un sacerdote, el padre Ignatius, secretario del obispo, con la intención de recalificar los terrenos y el edificio para que la iglesia pueda convertirlo en un resort, algo que las hermanas no estarán dispuestas a permitir aunque eso les implique tomar medidas desesperadas.

Una serie que se mueve en clave feminista y que, a pesar de su tono lúgubre y brujeril inicial, poco a poco va mutando en un relato sobre la lucha del individuo frente a los intereses de los poderosos, aquí representado en una iglesia que no tiene ningún interés en esas monjas a las que la vida, las circunstancias y ellos mismos han permitido dejar allí a su suerte. Un hecho que ha provocado que el lugar y ellas mismas se hayan asilvestrado  entre zarzas, ramas y abandono en una comunión entre lo cristiano y lo pagano sobre la que ellas siguen recordando a través de sus llamados “cuentos de costureras” lo que les ha llevado a estar ahí, con claras referencias a relatos de la cultura popular como “La bella y la bestia”, “Blancanieves” o “Caperucita Roja”.

Es verdad que la serie introduce también una subtrama procedimental, encabezada por la hermana del padre Ignatius, que desahoga la angustia que se vive en ese microcosmos que se erige como una cárcel en vida para unas personas que reniegan del mundo exterior, unas por superstición, otras por sufrimiento y otras por desconocimiento, al haber pasado toda su vida en esa isla inquietante, pero también es verdad que esa es la parte más irregular, errática y obvia para una producción que gana en el enfrentamiento físico, psicológico y religioso de las hermanas Iphigenia, Margarita y Carla con el padre Ignatius. Unos son animales heridos, traumatizados, temerosos y refugiados en la particular interpretación que hace de su fe, el otro un hombre de Dios tan recto como tentado por los placeres más carnales, representados en la inocencia y la sensualidad de la más joven de las monjas, pero en definitiva todos ellos seres que reparan sus heridas en escenas tan logradas como la del tinte para hacer un nuevo hábito que suponga el reflejo de la historia vivida por cada uno.

Sarah Lambert adapta la novela homónima de Marele Day apoyándose en la atmósfera que consigue, las dudas sobre los límites de la fe y sobre todo en los trabajos de Essie Davis, Ann Dowd y Jessica Barden enfrentadas al Ignatius de Sam Reid. Para el público más seriéfilo está el reclamo de Ann Dowd que en su papel de Margarita recuerda mucho a la tía Lydia de “The handmaid´s tale”, compartiendo con ese papel que le hizo ganar el Emmy su percepción de la religión y la cerrazón de su rectitud inflexible bañada de un trauma de su juventud que le lleva a tener furibundos arrebatos frente al drama que representa su mal. Lo mismo que el de una Essie Davis, lideresa en parte de ese tridente de mujeres, que con su limpia mirada y perturbadoras visiones premonitorias arrastra un drama familiar y el peso de un apellido manchado de sangre frente al cual ha encontrado refugio sin pretender volver a sus orígenes ni por todo el oro del mundo.

La serie se ambienta en la ficticia Isla de Cailleach, Inglaterra, 1999, pero fue rodada en Sydney, las Montañas Azules y Cape Pillar, una isla ubicada en una rocosa península en el sur de Tasmania siendo sus paisajes un elemento más de su ambientación para hacer creíble ese lugar recóndito y sin ningún atisbo de modernidad al que sólo se puede acceder cuando baja la marea.

“Lambs of God” es una historia que abraza lo religioso y lo pagano, los avances de la tecnología y la sociedad con los ritos ancestrales y se adentra en los prejuicios que hay sobre determinados modos de vida que nos hacen concluir que no hay blancos ni negros y sí muchos matices a la hora de interpretarlos aunque haya que pasar por un cautiverio para ser consciente de ello. Un fresco sobre la reivindicación del papel de la mujer en un contexto religioso soterrada por el dominio patriarcal y masculino en cuyas connotaciones se ha desarrollado el catolicismo y que deja una serie cuidada, fascinante y con una carga reflexiva pertinente y reivindicativa sobre el vivir en la fe y en la mundanidad.

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Nacho Gonzalo

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