Conexión Oscar 2019: ¿Algo está cambiando?

Conexión Oscar 2019: ¿Algo está cambiando?

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Querido Teo:

Las nominaciones a los Oscar 2019 en una temporada de transición al final se han erigido como un punto de inflexión en lo que pretende ser la Academia de Hollywood del futuro. Todavía vacilante entre dar el paso al cine orientado al público (como se ve en la categoría de mejor película con los restos del naufragio de lo que fue la infructuosa propuesta del Oscar popular) o bien abrazar otro tipo de cine, de autor, festivalero e internacional, pero con el marchamo de calidad. Es algo que se muestra en la categoría de mejor director con lo que es, por primera vez, la presencia de dos nombre nominados por películas candidatas al Oscar de mejor película de habla no inglesa.

Los Oscar de ahora son muy distintos a aquellos con los que nos criamos. Alejados del cine como acontecimiento de masas y espectáculo social (con películas que sin despeinarse arrasaban con 7, 8, 9 o 10 Oscar ante su apabulle técnico y épico) desde hace más de una década la Academia ha preferido optar por un cine más críptico, denso, profundo y pesimista sobre nuestro tiempo. Eso ha llevado (salvo en los casos de “El discurso del rey” o “The artist”) a premiar a películas poco atractivas para el público lo que ha restado de relevancia a los Oscar en un tiempo incierto en el que (más rupturistas que nunca) dejaron pasar esa oportunidad presentada en un plato en bandeja de plata llamado “La la land” en favor de “Moonlight”. Una muestra más de que ya no son los que eran y de que no les veremos reconociendo a un “Expiación”, “El curioso caso de Benjamin Button” o “Los miserables”. Eso ya es Historia.

Afortunadamente la Academia ha encontrado una nueva vía que parece que, al menos, puede hacerle recuperar prestigio y sacar pecho frente a los siempre escépticos críticos y detractores de la ceremonia. Los Oscar serán lo que son, un negocio, un circo, un espectáculo de marketing, un músculo inflado por parte de la industria USA, pero también han demostrado ser unos premios no tan chovinistas como se les acusa y que no han dudado en premiar a gente de toda nacionalidad como capital mundial del cine que, al final y al cabo, es lo que pretende ser Hollywood. ¿Nos hemos olvidado que no tuvieron reparo en premiar a dos actores españoles o nominar en su época dorada a grandes realizadores internacionales como Bergman o Fellini? Los Oscar tendrán muchos defectos (como no haber premiado nunca a Hitchcock o Welles) pero no hay más que ver la categoría de mejor director a nivel histórico para ver que prácticamente todos los grandes encontraron su hueco.

Es precisamente lo que ha ocurrido este año (con una Academia envalentonada ahora con la frescura y el oxígeno que han aportado miembros de diferentes ramas, culturas y nacionalidades como bien impulsó la anterior presidenta Cheryl Boone Isaacs) con la presencia por primera vez de tres películas extranjeras en mejor fotografía y dos directores (Pawel Pawlikowski, Alfonso Cuarón) postulados por películas candidatas a mejor cinta de habla no inglesa y que no dejan de ser una película polaca y una mexicana, algo tan alejado a lo que es la idiosincrasia USA. A ello le sumamos la entrada del griego Yorgos Lanthimos (hasta ahora en el nicho de los grandes festivales más que de los grandes premios y tachado de perturbador y sórdido) para conformar unos Oscar diversos, tendentes a la calidad y poco criticables. Y es que estos no son los Oscar que hubieran nominado a las opciones mucho más que obvias (y por otro lado coherentes según lo visto en esta carrera) de Bradley Cooper y Peter Farrelly (o Barry Jenkins y Damien Chazelle como vía de en medio) sino de aquellos que piensan que el buen cine y los nombres destinados a crear legado son los que dan terminan dado prestigio a los Oscar, casi más que al revés.

Todos sabemos que Lanthimos o Pawlikowski no necesitan el Oscar, ellos seguirán demostrando sus talentos e inteligencia ante la cámara, pero sí que es la Academia la que necesita de ellos para mantener y aumentar el prestigio que le es propio como máximo premio cinematográfico, por no decir el más prestigio del mundo en cualquier ámbito (sólo por detrás del Nobel). Afortunadamente la nueva corriente de la Academia parece ir enfocada en esa línea y esperemos que siga abierta a un cine internacional y de calidad, quizás minoritario, pero nunca intrascendente e inane y eso es que lo que ya ha demostrado la Academia este año en que (con una cosecha en el cine USA claramente inferior a las últimas temporadas) no ha tenido ningún reparo en abrazar otro cine y otras apuestas sin enrocarse en opciones apeteciblemente industriales pero sustancialmente mediocres.

Y es que la diversidad no sólo entiende de culturas y razas, o de reflejar una cuota negra, sino también de reconocer el buen cine, venga de donde venga y haga quien lo haga. Por eso, y antes de que salte el hater de turno, ojalá todos los premios demostraran (aunque sea de vez en cuando) la conciencia y el golpe de autoridad de los Oscar a la hora de pretender premiar (se equivoque unas veces más que otras) el buen cine y ello nunca debe de ser puesto en entredicho o lanzado en su contra.

Nacho Gonzalo

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