Desmontando a Sigmund: El psicothriller no existe

Desmontando a Sigmund: El psicothriller no existe

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Querido Teo:

Sí, tal cual lo oyes. Es cuestión de los padres del cine más concretamente. Verás, desde finales de los noventa se ha puesto de moda ese término para describir a las películas de supuesto terror psicológico. Yo, desde la primera vez que lo escuché, me pregunté si acaso había algún terror que no fuera psicológico y he llegado a la conclusión de que no.

Dicen que estas películas cuando te asustan no lo hacen con la imagen, con la exposición súbita y fugaz de algo espeluznante, sino con la intriga, la agonía y la ansiedad (por favor, que se pongan a ver a Bergman ya). Bueno, tanto el primer espanto como el segundo residen en tu cabeza, la única diferencia podría ser que la reacción sea más visceral y automática en el primer caso, y más reflexionada en la segunda, pero eso no quiere decir que el primer miedo no haya sido reflexionado en algún momento, aunque en menor medida, y en cualquier caso es una reacción que la produce tu cerebro, no tus entrañas.

Existe una estructura cerebral denominada amígdala, parte de lo que se conoce como sistema límbico (el conjunto neuronal más primitivo de nuestro encéfalo), la cual se relaciona con la respuesta condicionada al miedo (consulta estudios más o menos recientes de Antonio Damasio para más información).

Para explicarte qué significa esto tendría que remontarme a los años cincuenta y a las teorías conductistas, al condicionamiento clásico y operante, Pavlov, su perro, Skinner y sus benditas madres. Para no marearte con la teoría, que seguro podrás encontrar en otros lugares de manera sencilla, o preguntarme por ella después de la sesión, te diré solamente que a lo largo de nuestra evolución, aprendizaje, educación, cultura en general, hemos aprendido a asociar estímulos neutros, como rostros, personas, objetos o lo que se te ocurra, con estímulos agradables como el amor, la simpatía y viceversa. De esta manera digamos que, por ejemplo, la visión de una rata en la gran pantalla la asociamos a la peste, por tanto nos genera asco, repulsión, miedo, en tanto en cuanto “podría” contagiarnos una enfermedad. Ahora imagina lo que te puede generar el visionado de seres extraños, o no muy agraciados, la sangre o la casquería más gore. Bueno, mejor piensa en el caso de la mayoría de gente del planeta, a ti sé qué puede traerte a la mente ideas gastronómicas.

A decir verdad, en muchas ocasiones, no se podría trazar una línea diferenciadora entre el terror que se puede padecer viendo “Los otros”, o el terror que se siente viendo cualquier producción coreana o japonesa del susto más palomitero. Filmes como “Audition” de hecho ya los fusionaron en su momento. Otras imitaciones más occidentales han hecho lo propio. Desde la saga de “Saw”, hasta otros acercamientos más clásicos y lights de los que recuerdo, así a bote pronto, como último referente “No tengas miedo a la oscuridad” (debe ser mi respuesta condicionada a la Holmes).

Vídeo

Vamos, pero me temo que los estudios de neuroimagen reflejarían bastantes regiones cerebrales comunes durante el visionado de películas, supuestamente pertenecientes a los distintos subgéneros. En fin, no hagas mucho caso a cualquier cosa a la que le añadan el prefijo psico (psicofonía, psicothriller…), es solo una moda condicionada que parece incluir un contenido mentalmente complejo, pero si lo sometemos a raciocinio, no ya científico sino común, encontraremos sus limitaciones. Empieza a hacer lo propio con el de neuro, promete ser la próxima tendencia (neuromarketing…) y sobre todo, no dejes de agradecer el nacimiento de Fritz Lang, Hitchcock, o el cine noir en general, padres del thriller sin más añadidos.

Adrián Ramos Domínguez

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