“El juego de la sospecha”, una cena, siete sospechosos, seis armas, tres finales y un telegrama musical

“El juego de la sospecha”, una cena, siete sospechosos, seis armas, tres finales y un telegrama musical

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Querido Teo:

El 23 de Junio de 1986 se estrenó en España una película basada en el juego de mesa “Cluedo”, perteneciente a la actual compañía Hasbro y que, por entonces, no era demasiado popular en nuestro país. Por ese motivo se decidió cambiar el título a algo que al público le llamase más la atención pero sin cambiar su esencia; así que pasó a titularse “El juego de la sospecha”, en una de esas raras traducciones que respetan el espíritu del título original.

Una cinta que combinaba el humor con el género policiaco y detectivesco. Su pariente más cercano era la fantástica “Un cadáver a los postres” (1976) de Robert Moore con la que compartía temática e incluso a una actriz (Eileen Brennan). Aunque si la cinta de Moore era más una sátira al género mediante un perverso juego metacinematográfico en la que importaba más el qué, la que nos ocupa se centraba más en el quién.

Este tipo de historias detectivescas en las que hay que descubrir al asesino y que, normalmente, transcurren en mansiones apartadas, recibe el nombre de “whodunit”, género que Agatha Christie se encargó en poner de moda y elevar a los altares. Cabe destacar que la obra cumbre de este género, “La ratonera”, obra teatral de Christie, es el montaje más longevo de la historia y lleva representándose en Londres ininterrumpidamente desde 1952. En sus múltiples versiones al cine, con mayor o menor éxito, las adaptaciones fílmicas del whodunit han disfrutado también de cierto reconocimiento, principalmente en la década de los 70, con títulos como “Asesinato en el Orient Express” (1974) o “Muerte en el Nilo” (1978).

En 1949 la empresa inglesa Waddington publicó por primera vez este juego de mesa creado por Anthony E. Pratt y su esposa y que en un principio fue llamado “Murder”. En Estados Unidos el juego fue licenciado por la compañía Parker Brothers, actualmente comprada por Hasbro y con unas leves modificaciones sobre el original, es el que todos conocemos y al que hemos jugado alguna vez. El contexto del juego (inspirado claramente en las obras de Christie) nos sitúa en una mansión de campo en la que un personaje ha muerto asesinado y los jugadores deben adivinar quién, en qué habitación y con qué arma a través de una serie de preguntas y descartes hasta dar con el asesino a través de una acusación que debe corroborarse.

A partir de esta premisa, la productora Debra Hill y el productor Peter Guber, a través de Paramount Pictures, se propusieron llevar a buen puerto un concepto tan arriesgado como adaptar un juego de mesa a un guión que pudiera convertirse en largometraje. La película iba a estar dirigida por el famoso cineasta John Landis, que ya había escrito un tratamiento de la historia en líneas generales, pero que carecía de nudo y resolución. Para ello, contactaron con el dramaturgo Tom Stoppard, ganador de un Oscar por “Shakespeare enamorado” (1998), que tras un año de trabajar en el guión acabó dándose por vencido ya que era incapaz de encontrar una historia adecuada y una solución al misterio central.


Tras la imposibilidad de tener un guión acabado por parte de Stoppard, se contactó con el compositor Stephen Sondheim y el actor Anthony Perkins, autores de “The last of Sheila”, un thriller de crimen y misterio que había gozado de cierto éxito. Perkins y Sondheim pidieron una cantidad desorbitada de dinero y, ante la negativa de la Paramount, se bajaron del barco. Tras otro intento fallido de encontrar guionistas, Landis recordó un show británico titulado “Yes, Minister” que estaba escrito por un desconocido Jonathan Lynn al que acabaron proponiéndole el encargo y aceptó de buena gana.

Tras seis meses de trabajo, Lynn consiguió dar con la fórmula magistral que adaptara los elementos del juego de mesa en una estructura narrativa en tres actos, con una solución satisfactoria al misterio central planteado y que, por mandato expreso de John Landis, debía consistir en cuatro finales independientes entre sí que tenían que encajar con todo el grueso y planteamiento de la película y que pudieran exhibirse por separado en distintos cines para dar a los espectadores una experiencia distinta dependiendo de a qué cine fueran a ver la película.

A finales de 1984, Lynn tenía el guión acabado, situando la historia en la América de los años 50, en plena caza de brujas, para dotar de coherencia interna a un argumento que situaba a seis personajes de dudosa reputación (con pseudónimos de colores) que eran víctimas de chantaje, en una mansión junto al mayordomo y al servicio y que iban a encontrarse cara a cara con su chantajista, el Señor Caballero, que acabaría siendo asesinado por uno de ellos tras un fortuito apagón de luz. Un guión con retazos de “screwball comedy”, “slapstick”, comedia de situación, grandes dosis de humor negro y con líneas de diálogo descacharrantes que hizo las delicias de los productores y del director. Aunque por un azar del destino, John Landis tuvo que renunciar a dirigir la película, debido a un compromiso contractual con otra cinta, así que pasó el testigo al guionista Jonathan Lynn, figurando en créditos de guión y producción ejecutiva.

Una vez completada la preproducción, se eligió el reparto de la cinta. Cada uno de los personajes tenía una personalidad tan definida y requerían un “timing” cómico tan exacto que se recurrió a actores especializados en comedia para interpretarlos. Así, Christopher Lloyd se convirtió en el baboso Profesor Pomelo, Madeleine Kahn en la fría Señora Blanca, Michael McKean en el torpe Señor Verde, Martin Mull en el simple Coronel Mostaza, Eileen Brennan en la histérica Señora Faisán y Lesley Ann Warren en la descarada Señorita Escarlata. Todos y cada uno de ellos daría vida a uno de los personajes que son invitados a cenar a la mansión del chantajista Señor Caballero, que tendrían en su poder un arma del crimen y, por supuesto, un motivo de peso para asesinarlo y detener así el chantaje para siempre.

Pero hubo un personaje extra que se creó especialmente para la película y que es un regalo para cualquier actor: Wadsworth, el mayordomo. Personaje que funciona narrativamente como coro griego y que, a su vez, es cómplice y testigo, al que dio vida el excelentísimo y poco reivindicado actor británico que responde al nombre de Tim Curry en la que probablemente sea la mejor interpretación de su extensa carrera artística. El papel fue ofrecido previamente a Rowan Atkinson, quien tuvo que rechazarlo por estar comprometido con la serie “Blackladder”, dejando vía libre a Curry para realizar uno de los más grandes “tour de force” interpretativos que se recuerden. Afirmación categórica, dicha a boca abierta y sin arrepentimiento alguno.

Con un presupuesto de 8 millones de dólares, algo bajo incluso para la época, el rodaje transcurrió con una gran camaradería entre el equipo técnico y artístico, principalmente porque en el 95% de las escenas aparecía todo el reparto, convirtiendo a la cinta en una película muy coral cuyo peso recae principalmente en sus actores. Se dejó cierta libertad de improvisación a los intérpretes, pese a que Lynn era un guionista bastante estricto, y la química que había entre ellos dotó de un dinamismo inesperado al film. Algo que, a día de hoy, se transmite en cada visionado del film. Los perfectos tiempos cómicos de todo el reparto, el tono teatral de las interpretaciones, los gags que aciertan de lleno (el del telegrama musical es absolutamente desternillante), la velocidad de los diálogos y lo arquetípico de los personajes atrapados en una trama absolutamente delirante (y por momentos autoconscientemente absurda) que no se toma en serio a sí misma, hicieron el resto. Durante el rodaje, se decidió eliminar el cuarto final planeado por cuestiones de ritmo y tiempo, aunque hay varias fotos del mismo circulando por internet y en la propia novelización de la película.

La película se estrenó en Estados Unidos el 13 de Diciembre de 1985, indicando en las marquesinas de los cines y en los periódicos cuál de los tres finales se proyectaba en cada cine (A, B o C) para que la gente eligiese cuál quería ver. Esta estrategia de marketing, que en realidad fue adelantada a su tiempo en la época que no existía los “Elige tu propia aventura” ni plataformas digitales que produjesen ese tipo de productos, perjudicó la recepción de la cinta de cara al gran público ya que la audiencia no supo qué final ir a ver y les pilló con el pie torcido; así que la gente decidió no ir a ver ninguno.

El film acabó recaudando unos ridículos 14 millones de dólares. Además de esto, las críticas a la película fueron bastante negativas (un 36 en Metacritic y un 59% en Rotten Tomatoes) convirtiendo a “El juego de la sospecha” en un gran fracaso crítico y financiero que pasó por las salas de todo el mundo destinada al olvido para el resto de sus días. Y no por la propia película en sí, sino más bien por la estrategia de distribución de Paramount que, pese ser fiel al espíritu del juego de mesa y sus múltiples finales, fue probablemente demasiado radical y novedosa para la época, sesgando al público objetivo de la cinta y confundiendo a la crítica, condenando a la película para siempre.

“Así es como pudo haber acabado esta historia, pero ¿qué tal de este otro modo?”

Afortunadamente para la película, nos olvidamos que la década de los 80 es también la época de la explosión del vídeo doméstico, de los videoclubs de barrio y la televisión por cable. Y aquí es donde el film experimentó un nuevo renacer. Para su formato en VHS la película se re-editó con los tres finales cinematográficos originales mostrados uno detrás de otro, siendo el auténtico final el tercero de ellos y los dos primeros, únicamente, dos posibilidades alternativas a lo que podría haber ocurrido; cambiando por completo el sentido del film y dándole un tono totalmente nuevo, convirtiéndola en la cinta que siempre debería haber sido.

La película comenzó a emitirse como programación de relleno en ciertas cadenas de televisión por cable donde muchos espectadores se acercaron al film por primera vez y, como ocurre muchas veces en estos casos, el boca a boca hizo que mucha gente la fuera alquilando en videoclubs y descubriéndola poco a poco a finales de los 80 y principios de los 90, creándose, casi sin querer, una comunidad de fans que fueron rescatándola del olvido al que la condenó su estreno en cines y dándole una segunda oportunidad.

“Pero así es como acabó realmente”

Como dijo una vez el director Peter Bogdanovich “la auténtica prueba de fuego para una película es el paso del tiempo” y “El juego de la sospecha”, contra todo pronóstico, superó esa prueba con creces. El culto generado a su alrededor la ha convertido en la actualidad en un clásico de la comedia absurda y en una de las grandes películas de culto del siglo XX. Ha sido referenciada en múltiples productos audiovisuales, ha dado lugar a proyecciones nocturnas con performances en vivo (como “The Rocky Horror Picture Show”, también protagonizada por Tim Curry), diversas adaptaciones teatrales y recientemente se ha anunciado un remake (o ampliación de la franquicia más bien) con Ryan Reynolds al frente. Sin duda, el legado de “El juego de la sospecha” durante los últimos 33 años no ha hecho más que crecer; porque a veces una obra no se puede apreciar si no es con perspectiva. Y así es como algunas películas se convierten en clásicos.

¿Les apetece fruta u otra clase de postre?

Una primera versión de este reportaje fue publicada en Mayo de 2018 en C´mon Murcia

Sr. Finch

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Comentarios

Beson Señora - 11.07.2019 a las 11:40

Pues es una de mis pelis favoritas de siempre.. por que?? PORQUE YO NO HE SIDO!!!

XD

grande..

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