Escalofríos de cine: “Carrie”, o ¡hay que ver como viene la niña de la fiesta!

Escalofríos de cine: “Carrie”, o ¡hay que ver como viene la niña de la fiesta!

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Querido Teo:

¡¡¡Sangre!!! Como en tantas otras ocasiones cimiento del soporte sobre el que construir el argumento, pringoso en esta ocasión, de una historia de terror. Pero en este caso, lo sería de una forma muy diferente. Y es que, sin duda, hablar de “Carrie”, lo es de dos de las escenas más impactantes y asombrosas hasta entonces vistas. Apoyadas ambas en lo escandaloso del viscoso fluido, destacan sobremanera la inicial, en la que a través de la desnudez de todas esas jóvenes, llegamos a la segunda escena de ducha más formidable que yo recuerdo (por cierto… las estridentes notas que se repiten a lo largo de la banda sonora, ¿no se parecen demasiado a la escena de la ducha por antonomasia?… ¡imaginaciones!). Al compás de los acordes de aquella hermosa melodía compuesta por Pino Donaggio, la cámara, más lenta que nunca, nos conduce, sin dejarnos ni pestañear en un alarde de voyeurismo indisimulado, ante lo que vamos a contemplar… al shock que supone para la pobre Carrie descubrir su llegada a la pubertad. Y la escena semifinal, como clímax de la cinta, en la que la protagonista es rociada con la sangre, esta vez de un cerdo, por sus compañeros de instituto. No habrá redención para ellos… Carrie desata toda su ira, consumando una venganza que empezó a fraguarse en aquella ducha, y que se desencadena en ese gimnasio…y lo hace de una forma tan brutal que uno no puede resistirse a quedarse perplejo. No se trata, por tanto, de sanguinolento cine de vísceras; no estamos hablando de una película más de posesiones, estamos ante “Carrie”. Sangre (mucha sangre), pero sobre todo sudor y aun más lágrimas. Una de las pelis de terror más fascinantes de siempre.

Todavía no se había digerido por público, crítica y censura, la recientemente estrenada “La profecía”, cuando llegó a la gran pantalla “Carrie”, (no quieres caldo…), que si bien no comparte al maligno como originario del horror, si encuentra en lo sobrenatural, la telequinesia en este caso, el embrión de nuestros miedos. En 1976 Brian De Palma filmó una de las películas más representativas del género de espanto del siglo pasado. La enésima novela de Stephen King llevada al cine. El director de cintas inmortales como “Los intocables de Eliot Ness”, “El precio del poder” o “La hoguera de las vanidades”, entre otras, condujo esta obra maestra a través de innumerables vericuetos y obstáculos. La censura andaría al acecho, sin duda, y aun así no dudó en arrojarse a los lobos. Extremismo religioso o desnudez adolescente, que a partir de ahora será mucho más recurrente con “Halloween”, “Viernes 13”, o “Pesadilla en Elm Street” como claros ejemplos de ello, y el poder de la mente manado de lo sobrenatural, demoníaco o no… eso está por ver, serían los elementos fundamentales de esta peli sin parangón. Ineludible para cualquier amante de este primer arte que es el cine (otros lo relegan hasta el séptimo), e imprescindible para cualquier apasionado del horror, “Carrie”, fue bautizada, con perdón, de inmediato como un referente, ya no sólo en la carrera de uno de los mejores directores contemporáneos americanos, sino dentro de ese grupo selecto de grandes clásicos de nuestro cine de terror.

Carrie es una joven sometida al yugo de una madre para la que predicar la palabra de Dios y las enseñanzas de la Biblia son un modo de vida. Su extremada timidez y el miedo a caerse al averno, empujada por su adorable mamá, le hacen ser el foco de la burla de todo el que la rodea, especialmente de sus compañeras de clase. A medida que la peli avanza, Carrie va creciendo en su confianza, a la vez que pierde el miedo hacia su progenitora, en gran parte debido al descubrimiento de sus poderes telequinéticos. En la típica fiesta americana de fin de curso, a la que es invitada por el guaperas del High School, Tommy, se desatará el asunto, pues si bien lo fue, con la buena intención de Sue, la novia de este, de ayudarla a integrarse, el resto de compañeros no tendrán las mismas intenciones. Cuando es proclamada reina del baile, vierten sobre ella un cubo lleno con la sangre de un cerdo sacrificado para la ocasión. Su furia será tan devastadora que no dejará títere con cabeza y, apoyada en sus poderes, dará finiquito uno por uno a todos sus compañeros y profesores. Al final, también decidirá librarse de su madre, incluso de ella misma, en un desenlace tan espectacular como inesperado.

El bajo presupuesto con el que contó el proyecto, menos de dos millones de dólares, hizo a De Palma tener que renunciar a filmar algunas escenas recogidas en la novela de Stephen King, como la destrucción de la ciudad por Carrie tras el baile, o la lluvia de piedras que se produce en un momento inicial de la novela tras avistar la niña, los pechos desnudos de una vecina y ser reprimida por su radical madre. Muchas fueron las diferencias entre libro y película, como no podía ser de otra forma, así que el final fue dibujado con un poco más de grandilocuencia por el astuto director. Si para King, Carrie muere desangrada, en nuestra peli, Brian hace que la chica derrumbe sobre ella y su madre la casa, logrando aquella escena final en la que Carrie saca su mano debajo de la tierra para agarrar el brazo de Sue. Y la más destacada, en la muerte de la madre. La primera vez que la contemplé enseguida descifré lo que De Palma trataba de representar… el Cristo crucificado, ¡qué original! Eso sí, pocas veces se presenció una muerte tan bien interpretada y dirigida… ¡sensacional!… y lo fue en gran medida por el placer que rezumaba Margaret White en su expiración. Tiempo después, aquellos extras del DVD me demostraron que nuevamente erraba y que de lo que se estaba tratando era de la representación del martirio de San Sebastián, ¡vaya ganas de incordiar!, mucho más expresionista que el paro cardiaco que King ideó en su libro, ¿no?

Sissy Spacek dio vida a Carrie White, aunque originalmente iba a ser otra Carrie, Fisher, la princesa Leia de “La guerra de las galaxias”, la predestinada para el papel. Incluso se pensó en Melanie Griffith, ¡qué disparate! La estupenda interpretación de Sissy, no confundir con la emperatriz, hizo buena su elección, y junto a Piper Laurie, como madre descocada, lograron construir un perfecto tándem interpretativo, que les valdría sendas nominaciones al Oscar como actriz protagonista y de reparto, respectivamente. Hay que destacar también a un imberbe John Travolta, que aparece en uno de sus primeros papeles, quien, como en tantos otros casos, se dio a conocer en pelis de este tipo de bajo presupuesto, (Johnny Depp en “Pesadilla en Elm Street” o Jamie Lee Curtis en “Halloween”, serían otros casos), y que a partir de aquí vio como su carrera despegó hacia el olimpo de los grandes… en jet privado, por supuesto.

Su estruendoso éxito dio para una segunda parte, “Carrie 2: La ira” de 1999, e incluso para un remake, del mismo nombre, previsto en su estreno para el próximo mes de Octubre. Pero como en otros muchos casos, muy a rueda de la original para aprovechar comercialmente la fama de la primaria en la secuela y para descubrir a las nuevas generaciones, con la nueva versión, que hubo y existió un clásico imperecedero y que ahora con todos los medios técnicos disponibles aquello es susceptible de mejorar. En un claro ejemplo de insolvencia de ideas y de recursos, ambos intentos se estrellaron o se estrellarán. Viendo “La profecía” de 2006, el “Viernes 13” de 2009, o el “Halloween” de 2007, es inútil esperar. Uno siempre fue de la opinión de que los clásicos no se tocan, por eso lo son y que el osado que los aborda lo hace y se convierte en tal, única y exclusivamente por atreverse a su admiración y deleite. Y es que cualquier otro intento de aproximación debería estar castigado, y su culpable sometido, por lo menos, al devaneo existencial de alguien, servidor voluntario, que le hiciera entrar en razón, tal y cómo lo hacía Margaret con la pobre Carrie… “Ayuda a esta pecadora a ver el pecado de su tiempo. Muéstrale que si no hubiera pecado no le habría caído la maldición de la sangre…”, con la salvedad de la sangre… ¿o no?… ya veríamos…

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César Bela

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Comentarios

Maria - 26.06.2013 a las 23:00

Dicen que la música es el mejor compañero en la soledad….y cualquier trozo de película bien explicada hace que desees empaparte de ella y ver en lo que nunca has reparado…No dejes de hacer lo que te gusta y así seguiremos deleitándonos de todo lo que sabes y a través de tí recuperar aquellas cintas olvidadas, dejando la música en un segundo plano.

aqua - 18.07.2013 a las 18:57

Película de mi niñez, que recuerdos vienen a mi memoria. Gracias, excelente artículo y que gran escritor

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