In Memoriam: Alan Parker, denuncia social, espíritu musical y puro oficio

In Memoriam: Alan Parker, denuncia social, espíritu musical y puro oficio

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Querido Teo:

Ha fallecido a los 76 años Alan Parker, uno de esos directores británicos que engrandecían el oficio como artesanos sacando el máximo provecho del material del que partían. Se le ha echado de menos estos últimos 17 años en los que decidió no proseguir con su carrera cinematográfica. Aunque su expediente desde el punto de vista más prestigioso se detiene en sus 2 nominaciones al Oscar al mejor director (“El expreso de medianoche” en 1979 y “Arde Mississippi” en 1989) su trayectoria está muy unida al cine musical desde la que fue su primera película, “Bugsy Malone, nieto de Al Capone” (1976). Después vendrían “Fama” (1980), “Pink Floyd: The Wall” (1982), “Los Commitments” (1991) o “Evita” (1996), además de quedarnos sin saber qué hubiera sido capaz de hacer con la adaptación del musical de “Los miserables” para el que fue el primer candidato cuando en los 90 se hizo la primera intentona de llevarlo a la pantalla.

Nació en el seno de una familia de clase obrera. Su madre, Elsie Ellen, era modista y su padre, William Leslie Parker, un pintor de casas. En la década de los 60 dejó los estudios y fue contratado en agencias de publicidad como redactor, encargándose pronto de filmar sus propios anuncios, siendo muy popular su labor en la agencia Collett, Dickenson y Pearce de Londres que, entre otras, crearon la campaña de los vermuts Cinzano protagonizado por Leonard Rossiter y Joan Collins. El encuentro con el productor David Puttnam cambió su vida y fomentó su salto al cine participando como guionista en “Melody” (1971).

Puttnam ayudó a impulsar su carrera y estuvo detrás de algunos de los mejores trabajos de un Parker que revolucionó la industria británica con “Bugsy Malone, nieto de Al Capone” (1976), cinta que introducía el espíritu del “Oliver Twist” de Carol Reed en una de gangsters y mafiosos con niños de protagonistas y con la que compitió por primera vez en un Festival de Cannes en el que participaría en cinco ocasiones. Una parodia llena de ingenio, ritmo y buenas canciones que consiguió una nominación al Oscar a la mejor canción y que contaba en su reparto con una Jodie Foster que venía de “Taxi driver” y que se hizo con el Bafta a la mejor actriz de reparto por ambos trabajos. Un enfrentamiento de bandas en el Nueva York de los años de la Ley Seca con niños de 12 años que manejaban ametralladoras que lanzaban tartas de nata, conducían coches a pedales y bailaban a ritmo de charlestón.

“El expreso de medianoche” es la confirmación del talento de un Alan Parker que salta el océano conmocionando con la desoladora historia real de un americano encarcelado en una prisión turca por tráfico de drogas. El guión de Oliver Stone y la banda sonora de Giorgio Moroder consiguieron el Oscar, además de sendas nominaciones a la mejor película, director, montaje y actor secundario para John Hurt. Parker declaró que con esta cinta entendió que el cine era capaz de denunciar y conmover a los espectadores de una manera como ningún otro arte podía conseguir. Y es que la adaptación de la autobiografía de Billy Hayes llevó incluso a hacer pedir perdón al propio escritor por cargar las tintas y dañar, debido a su traumática experiencia, la imagen de Turquía y el gobierno del país de cara a su proyección internacional ante el impacto que supuso la película.

Llegaría el momento de “Fama” (1980), origen de la exitosa serie de televisión, en la que un grupo de jóvenes músicos y bailarines se prepara en una academia de Nueva York para poder triunfar algún día en el mundo del espectáculo.

La cinta fue una de las más populares de toda la carrera de Parker, la canción ganadora del Oscar interpretada por Irene Cara se convirtió en un himno, y la energía frenética de sus coreografías y números no escondía ese crisol de culturas de una ciudad de Nueva York en la que todos quieren cumplir su sueño aunque conseguirlo sea tan complicado y dependan tanto de una ferrea disciplina como de la más pura suerte.

Tras el éxito de “Fama”, Alan Parker tuvo una experiencia catártica con “Después del amor” (1981), en la que en parte narraba el fin de su primer matrimonio en una cinta protagonizada por Albert Finney y Diane Keaton. Más tarde sería momento de la ecléctica “Pink Floyd: The Wall” (1982), un retrato sobre la adicción del líder de la banda fruto de los traumas del pasado y de una infancia exigente. En realidad un videoclip en el que Parker demostraba que podía ir mucho más allá del clasicismo de otros compañeros de generación.

Con “Birdy” (1984), el descorazonador y emotivo retrato sobre dos amigos (Matthew Modine y Nicolas Cage) que se refugian en su propio mundo y en su pasión por los pájaros con la Guerra de Vietnam como telón de fondo, ganó el Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes.

“El corazón del ángel” (1987) fue calificada X antes de su lanzamiento lo que le llevó a recortar algunas de sus escenas para un delirio pesadillesco de santería vudú, trama criminal, parodia del cine negro de los 40 y unos Robert De Niro y Mickey Rourke excesivos.

Después vendría “Arde Mississippi” (1988), uno de sus títulos más redondos desarrollándose en 1964, en un pueblo sureño, donde el racismo está profundamente arraigado y el Ku Klux Klan reivindica violentamente la supremacía blanca. En ese entorno tres activistas defensores de los derechos humanos desaparecen sin dejar rastro y dos agentes del FBI, de caracteres muy diferentes, se harán cargo de la investigación. Uno de los mejores ejercicios filmados sobre el racismo congénito de la sociedad USA con Gene Hackman y Willem Dafoe protagonizando una cinta que se hizo con el Oscar a la mejor fotografía de 7 nominaciones, entre ellas las de mejor película y mejor director.

Con “Bienvenido al paraíso” (1990) volvió a acercarse al racismo, aunque de manera menos rotunda, y con “Los Commitments” (1991) vuelve al espíritu de su ópera prima aunque ahora en un barrio proletario de Dublín en el que un chico quiere formar una banda para llevar la música soul a su ciudad. Una banda sonora irresistible para una película llena de vitalidad y con la que Parker vuelve a demostrar lo bien que manejaba a un reparto juvenil entregado y que llena de alma a la cinta.

Todo, además, añadiéndole ese tono de crítica social y de la importancia que supone encontrar una motivación que te haga sentirte vivo. Fue la triunfadora de los premios Bafta de ese año ganando en película, director, guión adaptado y montaje, siendo nominada también en esta categoría en los Oscar.

Tras “El balneario de Battle Creek” (1994) llegaba su proyecto más ambicioso, la adaptación del musical “Evita” (1996) de Andrew Lloyd Webber. Un proyecto en el que tuvo no sólo que respetar la herencia de la obra, a la que musicalmente no añadió ni una coma a pesar de rodar en escenarios exteriores aprovechándose del lenguaje del cine, sino también el pelear frente al ego de Madonna que encontró en este título su oportunidad para explotar también en el cine al igual que en una industria musical de la que era reina y señora en esos años.

Una ópera rock que costó 60 millones de presupuesto y que, a pesar del éxito de la cinta y del reclamo de Madonna, no convenció a los puristas. En todo caso, Alan Parker demostraba un oficio que impidió que la película naufragara o se convirtiera en una loa para una protagonista con ademanes de faraona. La película le valió el Globo de Oro a la mejor actriz de comedia o musical para Madonna pero de cara a los Oscar la cinta quedó apeada de las principales categorías haciéndose únicamente con el premio a la mejor canción con el tema compuesto para la cinta por Andrew Lloyd Webber y Tim Rice.

“Las cenizas de Ángela” de Frank McCourt encontró a la mejor persona para el reto de llevar a la novela más leída de finales de los 90 a la pantalla. La infancia en una Irlanda deprimida narrada por el propio escritor fue reflejada de manera primorosa por un Parker que cuidó cada escena al detalle a pesar de que perdió parte de la fuerza lírica y nostálgica de la historia en su adaptación a la pantalla de 1999. Aun así, es uno de sus trabajos más reivindicables.

“La vida de David Gale” (2003), la cual fue presentada en el Festival de Berlín y que deja uno de los planos finales más ambiguos, tramposos y escalofriantes del cine de lo que llevamos de siglo, queda como el último trabajo de un director al que echaremos de menos y que siempre ofreció destellos de gran cine en cada uno de sus títulos, fueran más o menos rotundos siendo siempre su media de notable alto.

Para un fan irredento del musical de “Los miserables” queda la espina de que Parker no se hiciera cargo del proyecto en los 90 cuando se intentó de llevar por primera vez al cine y al que seguro que hubiera hecho justicia. En 2013 recibió el Bafta honorífico por toda su trayectoria.

Nacho Gonzalo

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