Recordando clásicos: Cine para principiantes

Recordando clásicos: Cine para principiantes

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Querido Teo:

Los últimos años han sido unánimemente proclamados como la época dorada de las series, los productos televisivos se han convertido en el chico guay de la clase, atrayendo cada vez a más público, mientras que el cine ha sido relegado a la figura de empollón poco agraciado, se reconoce su valía pero nadie quiere estar con él. Y dentro de esta analogía…¿dónde quedaría el cine clásico?, pues me vais a permitir la dramatización, pero el cine en blanco y negro sería directamente el chiquillo sin escolarizar. Conocemos vagamente su existencia, pero jamás nos relacionaríamos con él, es torpe, aburrido y huele a naftalina.

Pobre cine bicolor, ya nadie le quiere… ni siquiera el leve interés que se ha despertado en los últimos años por las estrellas clásicas ha logrado que el público se percate de su existencia. Pero yo no me resisto, si algo tenemos los “millennials” son ansias reivindicativas y mucha capacidad de queja, así que tras llorar unas cuantas líneas os invito a iniciaros en este mundo y si no sabéis por donde empezar, aquí os dejo 5 películas:

Comedia: “Una noche en la ópera” (1935)

Recomendar una comedia es un asunto harto difícil, pues si a casi todos nos dan pena las mismas cosas (huérfanos, pobres, guerras, los presentadores de los Goya…) el humor es algo muy personal, pero creo que no me equivoco si os digo que los hermanos Marx son las croquetas del humor, apetecibles para todo el mundo. En “Una noche en la ópera” Groucho contrata a un cantante de poca monta, así que durante toda la película el trío de hermanos (Zeppo no aparece) intentan que llegue a la cima y recupere a su amada.

Pese a que quizá ésta sea de todas sus películas la que cuente con una historia más sólida, todas sus obras son una serie de gags en los que la trama es un mero impulso para saltar de un sketch a otro, así que no busquéis guiones férreos, sólo sentaos y disfrutad durante 90 minutos de humor completamente absurdo y escenas que son Historia del cine.

Western: “La diligencia” (1939)

John Ford es uno de los grandes directores de la Historia, 40 años después de su muerte aún cuenta con una legión de fans que se hacen llamar Fordianos (a ver dentro de 20 años dónde están los Little Monsters y los Beliebers), dejó un puñado de obras maestras en casi todos los géneros, pero sin duda por lo que ha pasado a la Historia es por sus westerns y, dentro de todas sus cintas de aguerridos vaqueros, yo sin duda me quedo con “La diligencia”.

El maestro aprovecha los pasajeros de esa posta para crear un microcosmos humano, y mientras esperan el temible ataque de los indios (que casi podría actuar a modo de macguffin) nos va mostrando las relaciones entre ellos. Con un ritmo trepidante y John Wayne convirtiéndose en leyenda, Ford cambió la Historia del cine transformando lo que hasta entonces sólo era serie B en el género cinematográfico por excelencia.

Romance: “Vacaciones en Roma” (1953)

La comedia romántica es probablemente el género más maltratado actualmente, no sólo es menospreciado por crítica y público, sino que parece que como resultado de esa falta de interés cada vez nos llegan menos propuestas estimulantes a las salas. ¿O puede que la baja calidad de las propuestas haya acabado con el interés del público?. Bueno ese es otro debate, a lo que quería llegar es que hubo una época en la que esto no era así, una época donde las estrellas de Hollywood protagonizaban bonitas historias de amor y nosotros con ellas. La que hoy os presento es una de mis favoritas, Hollywood viajó por primera vez a Roma para rodar la historia de la princesa Anna, que cansada de sus obligaciones reales (¿tendría sangre borbónica?) decide escapar de palacio y correrse una juerga. En el camino se encuentra con un atractivo periodista que decide llevarla a la destartalada guardilla donde vive (en Madrid su alquiler rondaría los 1.000 euros y vuestro primogénito) y a partir de ahí sus caminos se entrecruzan.

Como curiosidad os diré que fue la primera película americana de Audrey Hepburn y se llevó el Oscar por ella. En un primer momento los productores querían a Elizabeth Taylor para el papel protagonista, pero el director William Wyler quedó impresionado por la prueba de cámara de Audrey y le dió el papel. A partir de “Vacaciones en Roma” el mundo se rindió a Hepburn, y desde entonces ahí seguimos, postrados ante el encanto de esta belga de deslumbrante sonrisa.

Drama: “Caballero sin espada” (1939)

Las grandes cuestiones de la vida es mejor no tomárselas muy en serio, Frank Capra creo que tenía esto claro, así que “Caballero sin espada”, sin duda su película más política, empieza como una gran broma. Vemos a James Stewart, un pobre pardillo ultrapatriótico (probablemente su personaje estuviera inscrito en la Asociación Nacional del Rifle y durmiera arropado con una bandera) llegar a Washington y deambular por la ciudad totalmente extasiado ante la grandeza americana.

Quizá sea porque en algún momento de nuestras vidas todos hemos sido unos pardillos desubicados, o porque pese a todo el cinismo en el fondo creemos en la bondad humana, pero es imposible no sufrir cuando vemos como toda la maquinaria política tira por tierra los sueños de éste pobre hombre, que en definitiva podríamos ser cualquiera de nosotros. Y es que los años pasan, pero tanto ahora como en 1939 hay una verdad inamovible, los países somos sus ciudadanos y generalmente estamos muy por encima de nuestra clase política.

Cine negro: “Perdición” (1944)

Estamos en Los Ángeles, años 40, Walter Neff es un espabilado y cínico vendedor de seguros que un buen día mientras trabaja va a parar a la casa de Phyllis Dietrichson, la joven, sexy y desatendida esposa de un magnate del petróleo. Si nosotros hubiéramos sido Phyllis, al grito de “ahora no puedo atenderle” y ataviados con un chándal de felpa, hubiéramos ignorado al insistente vendedor, pero esto es Hollywood, así que Barbara Stanwyck ligeramente cubierta por una toalla y una pulsera tobillera (ya quisiera el anillo de Jennifer López se la mitad de erótico), diligentemente requiere los servicios de Phyllis (creo que también contrata un seguro), comenzando una espiral de depravación y violencia.

Si nos dicen cine clásico seguramente nos vendrá a la mente un hombre con sombrero, una mujer con demasiado pintalabios, tabaco y muchas sombras, pues bien, todo ello es cine negro y todo está en “Perdición”. Paradigma de “film noir”, abrió camino a muchas otras que intentaron imitar su fórmula, pero pocas la igualaron.

Hasta aquí llega mi pequeña guía de iniciación, si no os gustan las películas, por favor no lo achaquéis a la calidad de las mismas, echadme la culpa a mí y a mi pésimo criterio para aconsejaros. Continuad navegando por el mundo del cine clásico, que seguro que muchas películas maravillosas os están esperando.

Mrs. Nuir

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Comentarios

Luis - 11.07.2018 a las 22:09

Gran noticia la recuperacion de la seccion, un saludo.

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