Recordando clásicos: Lana Turner, belleza gélida y turbadora presencia marcada por la fatalidad

Recordando clásicos: Lana Turner, belleza gélida y turbadora presencia marcada por la fatalidad

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Querido primo Teo:

”En Hollywood siempre perdonas a tus enemigos porque nunca sabes cuándo vas a volver a trabajar con ellos”. (Lana Turner)

Nacida como Julia Jean Turner el 8 de Febrero de 1921 en Wallace (un pequeño pueblo minero de Idaho). A la edad de 10 años perdió a su padre de 36, que fue hallado muerto en una calle de San Francisco con el cráneo destrozado a golpes, lo asesinaron para robarle un dinero que había ganado jugando a los dados. Ese fue el primer trágico suceso que marcó a fuego la vida de Lana. En 1931 se mudó con su madre a Los Ángeles, pero la vida de ambas fue muy dura y su progenitora no podía mantener a su hija, viéndose obligada a separarse de ella. Lana terminaría viviendo con amigos de su familia.

No era buena estudiante, de hecho fue descubierta por un cazatalentos un día que se saltó las clases que tanto aborrecía. A los 15 años, ya formaba parte del elenco de extras de la Warner, y más tarde se incorporaría al plantel de estrellas de la Metro.

Lana Turner poseía una belleza glacial idónea para papeles de femmes fatales, que contrastaba con su presencia turbadora y ardiente. A lo largo de su trayectoria, se especializó generalmente en retratar en pantalla a mujeres de carácter y pasionales. ”El cartero siempre llama dos veces” la consagró como estrella, películas tan imperecederas y magníficas como ”Imitación a la vida”, ”Vidas borrascosas” (la que fue su única nominación al Oscar a la mejor actriz) y ”Cautivos del mal”, terminaron confirmándola como mucho más que una cara bonita. Era una buena actriz pero, en ocasiones, su deslumbrante apariencia física y su aura de símbolo sexual puede que le restaran injustamente importancia a su estupendo talento. Una de las grandes divas del Hollywood dorado, aunque tras esa imagen elegante y glamurosa se escondía un animal herido. Fue una persona muy vulnerable, con problemas de inestabilidad mental y una vida amorosa muy frenética y turbulenta (su incansable actividad sentimental venía motivada por su pavor a la soledad) plagada de muchos amoríos y matrimonios.

Hubo un gran escándalo que marcó a fuego su carrera, precipitándola a su imparable decadencia, el asesinato del mafioso Johnny Stompanato, a manos de su hija, el 4 de Abril de 1958.

Lana y Stompanato se conocieron en Acapulco, la mítica actriz en aquel momento tenía 38 años y estaba sumida en una crisis de autoestima. Su fuerte afición al vodka estaba empezando a pasar factura a su bello rostro y sus relaciones sentimentales tormentosas la dañaron internamente, todo ello contribuyó a convertirla en una persona frágil e inestable (había estado casada anteriormente en siete ocasiones y tenido infinidad de romances).

Stompanato mantuvo una relación con Lana para lavar su imagen principalmente (fue guardaespaldas del capo Micky Cohen, entre otras cosas) pero la actriz vivió un auténtico calvario a su lado. Era un hombre violento, que la maltrataba física y psicológicamente constantemente, además de abusar sexualmente de ella y tenerla manipulada en general. La mayoría de las veces, su hija Cheryl era testigo de estas conductas abusivas y violentas infringidas a su madre por su nueva pareja (incluso se ha llegado a afirmar que también abusó de ella).

Stompanato, además de violento, era una persona extremadamente posesiva. De hecho, cuando Lana estaba rodando con Sean Connery ”Brumas de inquietud”, supuestamente había coqueteado con el actor escocés en el set. Su pareja, que había sido informado de esta noticia por sus colegas, puso precio a la cabeza de Connery, el cual no tuvo más remedio que huir a Londres para salvar su vida. Lana se enteró así de las conexiones que Stompanato mantenía todavía con el hampa de Los Ángeles (hasta ese momento, desconocía el pasado oscuro de su pareja) y decidió romper su relación para salvaguardar lo que quedaba de una carrera artística que se había resentido en los últimos años al encadenar varios fracasos comerciales.

Una noche la hija adolescente de Lana, para defender a su progenitora de otra brutal paliza (contemplaba la escena detrás de la puerta), cogió un cuchillo en la cocina y cuenta la leyenda que se lo clavó a Stompanato en el estómago y acabó así con el infierno que estaban viviendo las dos a manos de ese ser tan despreciable. Aunque existe otra versión todavía más sórdida, que asegura que Cheryl estaba celosa de la belleza de su madre y de su poder para seducir a los hombres y que lo asesinó por estar enamorada secretamente de Stompanato.

La trifulca entre los dos amantes, en esta ocasión, estaba motivada por la decisión de Lana de dejarlo. Como era habitual, Stompanato reaccionó de manera desmedida y violenta, incluso amenazándola de muerte. En el juicio posterior (que incluso fue retransmitido por televisión, marcando un hito histórico), Lana defendió insistentemente la inocencia de su hija. Finalmente, ambas quedaron absueltas y se consideró que fue un homicidio justificado. En dicho proceso judicial, salieron a la luz trapos sucios como unos supuestos documentos y cartas dirigidas a amigos de Stompanato en las cuales él relata las aficiones sadomasoquistas de Lana, sus gustos en la cama y su insaciable apetito sexual.

Años después, Cheryl Crane confirmaría su culpabilidad en su libro autobiográfico ”Una tragedia en Hollywood”, en el cual, relataría detalladamente todo lo que aconteció esa fatídica noche del 4 de abril de 1958 y cómo planeó el asesinato de Stompanato, además de sacar a relucir una infancia muy traumática, en la cual, asegura que fue violada en repetidas ocasiones por Lex Barker (cuarto marido de su madre) y por el padre de Lorenzo Lamas, el también actor Fernando Lamas (otro de los amantes de Lana).

En definitiva, Lana Turner tuvo una vida de guión cinematográfico, llena de escándalos y problemas personales. Podría ser carne ideal para un biopic apasionante, en un Hollywood actual tan falto de ideas nuevas, no me extrañaría que terminaran queriendo llevar a la gran pantalla su trayectoria personal y profesional.

Su accidentado paso por el Festival de San Sebastián

En la edición de 1994, los premios Donostia recayeron en Lana Turner y Mickey Rooney. A ella la invitaron por la necesidad de premiar a una figura femenina relevante, no por convencimiento real. Como bien relata Diego Galán en su estupendo libro ”Jack Lemmon nunca cenó aquí”, los organizadores (incluido él mismo, ya que fue director general y asesor del festival durante 13 años) la calificaban de estrella prefabricada de Hollywood a mayor gloria de maquilladores y peluqueros, no la consideraban una auténtica actriz (tal como le pasó durante toda su carrera, no solían tomársela realmente en serio como intérprete, a pesar de sus admirables esfuerzos). Con la creencia de que recibirían una negativa por parte de la famosa actriz, decidieron intentar invitarla. Contrariamente a lo que pensaban, Lana Turner sí aceptó la oferta (en aquellos momentos, estaba con la grabación de un programa sobre su vida y este homenaje era ideal para incluirlo ahí). Intentaron todo tipo de artimañas para que Turner declinara asistir, pero no lograron quitarle la idea de la cabeza, convencida seguramente de que podía ser su despedida a lo grande. Pidió poder pasar unos días en Madrid, antes de llegar a San Sebastián, pero terminó cansándose de esa ciudad al poco rato, apareciendo días antes de lo previsto, en el certamen.

Lana Turner no soportaba a Mickey Rooney y dejó claro que no quería encontrárselo en el festival. Rooney (recientemente fallecido), que había llegado días antes de la aparición de ella, aseguraba en sus memorias (que estaban a punto de publicarse) que había tenido un romance con ella cuando eran adolescentes y que había nacido una niña fruto de su relación. La Turner siempre negó rotundamente esta noticia.

Mickey Rooney tuvo un paso agridulce por San Sebastián, afable cuando quería, pero también malhumorado y realmente caprichoso, tanto que por momentos, terminaron hartos de su presencia. Los organizadores del festival intentaron a toda costa que el encuentro entre los dos no se produjera, pero media hora antes de la llegada de Lana, Rooney apareció de improviso en el hotel, sospechando de que pretendían despistarle para que no viera a Lana ese día (lo habían llevado a degustar una paella en un pueblo pesquero lejos de San Sebastián). Finalmente, consiguieron que subiera a su habitación, antes de que Turner hiciera su aparición. Para entretenerle durante un buen rato, se les ocurrió ofrecerle a una televisión rusa una entrevista exclusiva con él (Rooney que estaba insistentemente hablando de un western que había escrito y producido) aceptó por promoción. El mítico actor, desde que se enteró de que Lana vendría a San Sebastián para recibir el premio Donostia, preguntaba constantemente cuando llegaría, a sabiendas de que un encuentro como ese le reportaría todavía más publicidad para sus memorias. Un viejo zorro oliendo a su presa.

La llegada de Lana Turner fue tan clamorosa como mal organizada. Ella que estaba ya enferma y envejecida (tenía cáncer de garganta, de hecho moriría un año después) se asustó, ante la avalancha de cámaras, fotógrafos y periodistas, refugiándose en su rechoncha asistente latina Carmencita. Poco después, en su habitación y pasado ya el susto, mientras Carmencita deshacía sus maletas, Lana estaba feliz, exclamando ”Llamadme Lanita. Todo el mundo me llama Lanita”. Estaba ansiosa por ir a todas partes, conocer los últimos rincones de Euskadi, dar entrevistas, ir al cine… Lana chapurreaba un simpático castellano aprendido en un rodaje y recordado gracias a Carmencita.

En la rueda de prensa, era optimista ante el cáncer que padecía… ”Mi fe es enorme y sé que el Dios que me dio la vida me está protegiendo de mi cáncer de garganta. Hace dos años me encontraba mal, pero ahora estoy alegre y con muchas ganas de vivir y sé que mi gran Dios no va a abandonarme”. Estaba dispuesta a contestar a todas las preguntas, hasta que un periodista le hizo una pregunta indiscreta, pero de actualidad, sobre qué opinaba sobre las declaraciones de Mickey Rooney de su presunta relación sentimental e hija. ”Mickey Rooney es un cretino. Yo siempre he sido una romántica y me he casado siete veces pero ya basta. Ahora prefiero pensar en otras cosas”.

Cuando terminó la rueda de prensa, la despidieron con una gran ovación. Al volver a su habitación, se encontró con un ramo de flores que le había mandado Mickey Rooney. Lana, que seguía enfadada con el actor, le gritó a Carmencita que lo tirara a la basura.

En la noche de entrega del premio Donostia, Lana Turner estaba muy emocionada y contenta, conquistó al público presente. Fue una noche espectacular e irrepetible. Mágica. El problema vino después, ante la negativa de Lana Turner de entregar la Concha de Oro como era tradición: ”Mañana no entregaré la Concha de Oro. Una estrella, ya se sabe, no debe exhibirse más de lo justo porque pierde intensidad”. Su decisión sentó mal, porque ya se había planeado que la entregaría ella. Afortunadamente, gracias a la argucia de Carmencita (la mucama de Lana), consiguieron el sí. ‘‘Les hace mucho trastorno la señora, ¿verdad? Si ustedes quieren yo puedo ponerme malita, así ella no podrá hacer el viaje sola y si se tiene que quedar mañana, será más fácil convencerla”. Carmencita comenzó con su ”actuación” delante de Lana, haciendo que se mareaba y demás, asustando a la Turner, ”Carmencita, ¿qué te pasa? ¿Qué tienes? ¿Dónde te duele?” ”Ay, no lo sé señora, es un mal general. Son achaques de la edad. Mejor será que nos quedemos un día más y así puede usted hacerles el favor a estos muchachos tan simpáticos y que tan bien se han portado con usted…”

El engaño de Carmencita surtió efecto y Lana Turner subió al escenario para entregar la Concha de Oro a ”Días contados” de Imanol Uribe (el Jurado ese año estaba presidido por el director Robert Wise).

Tu prima.
Yuna

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