Recordando clásicos: Los grandes y pequeños Estudios en la edad de oro de Hollywood (II): Los magnates

Recordando clásicos: Los grandes y pequeños Estudios en la edad de oro de Hollywood (II): Los magnates

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Querido Teo:

Los magnates que construyeron la industria cinematográfica americana tenían una idea clara del entretenimiento, lo que el público exigía. Dentro del revuelo de los primeros años del negocio, los magnates supieron ver que podían amasar fortunas gracias a las películas. Se dieron cuenta de que aquella industria creciente estaba allí para apoderarse de ella. La mayor parte de los magnates de Hollywood eran judíos procedentes su mayoría de Europa Central. Cuando llegaron a América adoptaron nuevos nombres y en seguida se dispusieron a enriquecerse. Samuel Goldwyn empezó como vendedor de guantes, William Fox como limpiador de paños, Adolph Zukor como peletero, Louis B. Mayer como vendedor de objetos usados, pero finalmente todos cayeron en el negocio del entretenimiento. Cada año sacaban ese producto necesario para tener contentos a los dueños de las salas de cine. Era un negocio duro y despiadado, donde como decía Samuel Goldwyn: “El pez más grande se come al más pequeño y a mí nadie se me va a comer”. Pero no sólo los magnates de Hollywood querían ganar dinero, también querían producir buenas películas. Respetaban en talento y abrían sus puertas a todo aquel que lo poseyera. Y el talento era necesario para mantener un ritmo elevado de ingresos.

Carl Laemmle, de Universal, nació en 1867 en Alemania. A los 17 años se marchó a América donde barrió suelos, limpió botellas, hizo de recadero, trabajó de granjero, de contable y de sastre. En 1906 entró en la industria del cine haciéndose cargo de un Nickelodeon de Chicago y más tarde como distribuidor de películas. En 1909 la Laemmle Film Service era la empresa distribuidora más grande del país. Laemmle era un hombre generoso, además de puntilloso, en los detalles del negocio. Era conocido por su franqueza en el trato. Su palabra valía tanto como el oro. Se preocupaba poco por el glamour de Hollywood y prefería la compañía de un pequeño grupo de amigos íntimos. A partir de 1915 su carrera empezó a declinar y en 1929 nombró a su hijo Carl Laemmle Jr. director de producción de Universal produciéndose poco después una reorganización de la propia Universal.

En Paramount, Adolph Zukor demostró ser un genio de la finanzas y un administrador capacitado. Húngaro de nacimiento, a los 14 años emigró a América. Pronto se convirtió en aprendiz de tapicero, después como recadero y en 1903 se trasladó a Chicago donde empezó a proyectar películas. Fue pionero en la realización de largometrajes que sustituñian las bobinas de uno o más rollos. En una década Zukor puso los cimientos que unían las estrcuturas de producción, distribución y exhibición que acabarían siendo la base de la industria cinematográfica americana de la Edad de Oro. Zukor se acostumbró además a ver todas las películas que producía y a estudiar la reacción del público ante una película determinada. Pensaba que el público no se equivoca nunca. También le gustaba visitar los Estudios y dejarse ver por los platós para conocer a los técnicos y los intépretes. Bajo su máscara de hombre confiado, Zukor escondía un carácter reservado siendo astuto e ingenioso en conveniencia. Era entusiasta con las nuevas ideas y para nada rencoroso. Mantenía una gran implicación emocional con las películas que producía y entendía a la perfección que la gran pantalla debía de ser entretenimiento.

Louis B. Mayer era el jefe de Metro-Goldwyn-Mayer, que contagió su personalidad al Estudio. Decidía cuanto dinero gastar, a quién contratar, a quién despedir y definía la política de la empresa. Podía ser amable, humano, jovial pero nunca nadie olvidó que Mayer era capaz de ser despiadado, a pesar de que hacía favores a todos aquéllos que se los hacían a él. Aún así le entusiasmaba hablar como si fueran sus hijos todos los empleados de los Estudios como si formaran una gran familia. Mayer nació en Lituania en 1888 y a los 12 años abandonó la escuela para ayudar a su padre en una chatarrería. A su llegada a América alquiló una sala de exhibición a la que llamó Orpheum, convencido de que en el cine estaba el futuro. En 1937 era la persona con el sueldo más alto de todo el país y ganaba más dinero que nadie. Mayer tuvo el buen ojo de contrartar a Irving Thalberg para que supervisara los aspectos creativos de MGM. Confiaba en el talento en el área ejecutiva. Además Mayer nunca se leía los guiones, prefería que se los resumieran y tenía preferencia por las historias románticas y sentimentales. Eso no le restaba para nada ese buen ojo que tenía para el talento y la habilidad de saber elegir los papeles adecuados para sus estrellas a pesar de que confiaba en la opinión de los productores. Como él decía: “Me rodeo de gente que sabe más que yo. Por eso soy listo”.

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Por otra parte estaba los hermanos Warner, que provenían todos de Polonia. Emigraron a los Estados Unidos en 1882. A los 18 años, Sam Warener decidió regentar un Nicklelodeon donde adquirió una copia de “Asalto y robo a un tren” (1903). A los 23 años Jack dirigía los Estudios Warner Bros. en California, Harry era el experto financiero y Albert era el encargado del departamento de salas de proyección. Sam fue pionero en el desarrollo del sonido y el responsable del éxito de Vitaphone. Lamentablemente murió dos noches antes de que ese estrenara “El canto de jazz” (1927) en Nueva York. Jack era el de los hermanos Warner quien manejaba prácticamente todo, quien especialmente negociaba con las estrellas y se las vio con Bette Davis, James Cagney y Olivia de Havilland convencido de que, como les pagaba grandes cantidades de dinero, debían de mostrarse serviles a sus exigencias. Jack Warner tenía una buena intución para el negocio, tanto en elegir los repartos, las preferencias del público y sobre todo con la idea de saber contar buenas historias. Aún así era puntilloso con aspectos como la puntualidad, exigía que le resumiesen las sinopsis de una peli en una página y en sus discusiones normalmente  saltaba con frases prepotentes como: “¿De quién es el nombre que hay en la fachada?”. aunque por otra parte cuando sus empleados tenían problemas financieros, Jack Warner les ayudaba económicamente.

William Fox nació en Hungría en 1879 y creció rodeado de pobreza. Pasó su infancia en Nueva York y trabajó en la industria textil antes de entrar en el negocio de los Nicklelodeon. En 1929 ya poseía más de un millar de salas y era el segundo mayor propietario del sector después de Adolph Zukor. A principios de los treinta tuvo que enfrentarse a una grave crisis financiera. Foz trató de convertir sus posesiones en dinero pero la acumulación de deudas le superó. Darryl F. Zanuck formó en 1933 junto con Joseph M. Schenk 20th Century Pictures y, conscientes de la necesidad de disponer de un grupo de estrellas e instalaciones fijas, se unieron a Fox en 1935 y se trasladaron a sus Estudios. Zanuck construyó nuevos platós, se aumento la lista de constratados y, desde el momento que tuvo lugar la fusión, dirigió en solitario 20th Century Fox. Zanuck nació en Nebraska y, por encima de todo, le gustaba las películas y demostraba instinto para realizarlas. Nadie dudaba de sus cualidades como cineasta. Controlaba todos los aspectos del negocia y retenía en su cerebro todo. Además de contar con un grupo de escritores e intelectuales de gran calado, se rodeó de un personal leal a su figura. Y es que a los 3 años de fundar 20th Century Fox ya ganaba 260.000 dólares al año. Era alguien aplicado, con rutinas diarias dedicadas a las producción de películas. Analizaba los guiones exigiendo que, sobre todo, conmovieran y que la idea más simple era siempre la mejor. Era proclive a la realización de remakes y secuelas porque partía de la teoría de que si algo funciona debe volver a hacerse.

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Harry Cohn, de Columbia, nació en 1891 en Nueva York. Abandonó la escuela a muy temprana edad y varios años después entro en el negocio cinematográfico mudándose a Hollywood.. Disputaba todas las contrataciones ya que Columbia no disponía de salas de cine. Participaba en todas las películas importantes que se realizaban en los Estudios y con poder absoluto. Su posición respecto a los Estudios era: “Yo soy el rey aquí”. Cohn ocupaba un gran despacho y su mesa estaba sobre una plataforma que le hacía parecer más alto. Los actores decían de él que era un tirano. Pero Cohn era un obseso de las películas. Veía todas las pruebas, negociaba con actores, se reunía con productores y directores y siempre estaba al tanto de lo que pasaba en el Estudio. Tenía grandes ideas y exigía lo mejor. Se guiaba por su sólido instinto. Cohn invertía los beneficios de las películas de serie B en producciones de serie A, las cuales daban prestigio al Estudio. Le encantaba el glamour y exigía lo mejor de cada departamento. Confiaba mucho en la idea que contratando a los mejores guionistas obtendría las mejores películas.

De los productores independientes, el que llegó más alto fue Samuel Goldwyn. Exigía que todas sus películas fueran excelentes, simpatizando con los guionistas y las estrellas. Nació en 1884 en Varsovia y a los 15 años ya estaba en Estados Unidos. En 1910, impresionado por los beneficios que daban las películas, se inició en el negocio del cine. Goldwyn se prometió a si mismo solo hacer grandes películas. A partir de 1939 no lanzó más de dos dos películas al año dedicando a cada producción grandes cantidades de dinero además de grandes sueldos a sus estrellas. Para él, una película no tenía mérito hasta que el público no la hubiera visto y valorado. Además del control de la compañía, era muy detallista y terco, lo cual le llevo a encontronazos con directores como John Ford y William Wyler.

David O. Selznick era otro productor independiente con Estudio propio. Nació en Pittsburgh en 1902 y fue criado entre las oficinas de sus padre, Lewis J. Selznick, magnate de la industria cinematográfica durante la época muda. A los 18 años ya dirigía el departamento de publicidad de Selznick Pictures. Llegó a California en 1926 y empezó como ayudante de edición de guiones en MGM. En 1938 estuvo en Paramount y en 1931 fue contratado como jefe de producción en RKO. Años antes se casó con Irene, hija del magnate de MGM Louis B. Mayer, y apoyado por su suegro, Selznick llevó a la pantalla numerosos clásicos de la literatura que le habían entusiasmado de niño.  Mantenía un control férreo sobre todos los aspectos de sus producciones. Las películas de Selznick International, y en especial “Lo que el viento se llevó”, tenían una estética opulenta a la vez que elegante. El gusto de Selznick era muy exquisito. Fue pionero en la utilización del color. Aunque su obsesión con que todas sus películas fueran obras gigantescas fue lo que le llevó a la ruina.

Y finalmente estaba Herbert J. Yates, de Republic, que se sentía a gusto con películas pequeñas que recaudaban un buen dinero. Yates sabía poco de cine y apenas se involucraba en el proceso de producción. De vez en cuando paseaba por los platós aunque la mayor parte del tiempo lo pasaba tomando decisiones presupuestarias y ejecutivas. Yates confiaba en los géneros de mayor popularidad: seriales, westerns, musicales de bajo presupuesto y comedias. Como mucho producían unas tres películas de serie A al año. Su relación con los empleados era muy paternalista. A pesar de eso, era capaz de tomar decisiones al instante y, de un modo temerario a la par que era muy exigente, que las películas estuvieran preparadas para el momento adecuado de su exhibición.

Todos los magnates de Hollywood eran hombres que arriesgaban pero que también eran brillantes. Aunque su gusto era discutible, su intuición y saber lo que el público quería eran bases fundamentales de su manera de ver el negocio. A pesar de que tenían intereses económicos, desconfiaban de los financieros y preferían tener ellos mismos el control o de gente que tuviera un conocimiento directo de la industria. Su forma de entender el negocio podía considerarse como ruda, pero eran efectivos y permitió que la industria cinematográfica americana alcanzase cotas inimaginables en el mercado mundial.

Javi Leiva

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Comentarios

verybadtaste - 09.05.2015 a las 08:29

Que maravilla!!! Claro que comparto jeje

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