Recordando clásicos: Michael Powell y Emeric Pressburger, genios singulares

Recordando clásicos: Michael Powell y Emeric Pressburger, genios singulares

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Querido primo Teo:

Los británicos Michael Powell y Emeric Pressburger fueron una brillante pareja de cineastas que crearon un cine singular, transgresor y fascinante. Muchas de sus impagables obras hacen un uso arrebatador, hermoso e impecable del technicolor, formaron un equipo en perfecta sintonía. Mientras que Powell era un portentoso creador de imágenes indelebles, Pressburger era un más que notable contador de historias. Su característico (y decadente) estilo a medio camino entre lo clásico y lo subversivo deja entrever una clara intención de transgredir las reglas de lo conservador a través de un latente espíritu rupturista y un enfoque generalmente retorcido e inconformista en eterna confrontación con el acomodamiento formal. Es, por consiguiente, su manera de hacer y entender el cine, parcialmente visionaria, posiblemente un extraño fenómeno dentro de la cinematografía británica, estando un poco en tierra de nadie, sin ser seguramente lo suficientemente rompedores pero tampoco estrictamente clásicos.

Sus historias están protagonizadas en su mayoría por personajes complejos, con una psicología atormentada, enfermiza o maligna (desde aquella bailarina obsesionada por alcanzar la perfección artística de ”Las zapatillas rojas” que posee evidentes similitudes con la Nina que le valió el Oscar a Natalie Portman, pasando por la memorable monja enloquecida de ”Narciso negro” o el genial psicópata de ”El fotógrafo del pánico”). Por lo general, todas ellas están unidas principalmente por un hilo conductor común; la intensidad dramática, aunque también se caracterizan por la mencionada atracción por retratar a personajes obsesivos u oscuros, la búsqueda de la propia identidad y por la soberbia utilización de una atmósfera sucia y opresiva, sus personajes suelen ahogarse en su entorno. Además, las cintas de este maravilloso dúo cuentan con una sólida puesta en escena y con un marcado tono sombrío. En definitiva, Powell y Pressburger son sinónimos de cine imprescindible, perturbador, diferente y audaz. Grandísimos cineastas como Martin Scorsese, Jean-Pierre Melville, Bertrand Tavernier, Wes Anderson o Aki Kaurismäki se encuentran entre los más fervientes admiradores de su arte inclasificable e inconformista. Con el afán de reivindicar a estos geniales semidesconocidos, ahí va mi pequeño homenaje a este dúo cinematográfico tan imaginativo, personal y especial. Sus creaciones son pura magia y dejan constancia de una poesía visual desbordante.

“Vivo dentro del cine, escogí el cine desde que era muy joven (a los 16 años) y, desde entonces, mis recuerdos coinciden virtualmente con la historia del cine… No soy un director con un estilo personal, hago simplemente cine. Crecí con él y pienso en él… En la misma medida en que estoy interesado en las imágenes, en los libros y en la música, todo ello debido al cine”. (Michael Powell)

Michael Powell, antes de unirse artísticamente a Emeric Pressburger, trabajó durante los años 30 en la industria cinematográfica británica con Rex Ingram y brevemente colaborando con el mítico Alfred Hitchcock, entre otros trabajos. Mientras, Pressburger, de origen húngaro, ejerció de guionista para el estudio alemán UFA, antes de escaparse de manera definitiva a Inglaterra. Debido a la subida al poder del partido nazi, termina huyendo a Francia, lugar donde también desarrolla brevemente tareas de escritor cinematográfico para la industria de cine galo.

Michael Powell nació en un pueblo cercano a la Catedral de Canterbury en 1905, era un niño introvertido y apasionado de la lectura que terminaría profundamente afectado por la I Guerra Mundial durante su infancia. El joven Powell descubriría el buen cine a través del mítico director alemán Fritz Lang, visionando sus primeros trabajos mudos, autor que irremediablemente influiría en su obra posterior. La muda ”Intolerancia” de D. W. Griffith se convertiría en la película clave en su vida, por la cual decidió dedicarse a dirigir. Totalmente convencido de su vocación artística, deja su trabajo en un banco y comienza su trayectoria en el mundo de cine, realizando tareas como ayudante del departamento de publicidad de una pequeña compañía de la Riviera Francesa. Poco a poco va escalando posiciones, haciendo antes todo tipo de especialidades, desde montaje y fotografía hasta alcanzar, por fin, su meta soñada, dar el salto a la dirección.

Powell y Pressburger iniciaron su andadura profesional conjunta a partir de 1939 tras coincidir en el rodaje de ”El espía negro”, una cinta dirigida por Powell y guionizada por Pressburger, posteriormente crearían la productora The Archers. Su relación director-guionista fue atípica, ya que los dos tenían el mismo nivel de responsabilidad a la hora de poner en marcha cada proyecto. Pressburger creaba el guión y Powell se encargaba de la puesta en escena, montaje y de escoger las localizaciones, aunque en escasas ocasiones Emeric también participaba en el montaje y en la producción. Después de tres trabajos conjuntos, fundarían la compañía The Archers. Su asociación no sería meramente económica, sino que también supondría un compromiso a nivel artístico, pasando a firmar todos sus filmes como escritos, dirigidos y producidos por Michael Powell y Emeric Pressburger. Separarían sus caminos en 1957.

Las películas de Powell y Pressburger suponen un hito dentro de la industria cinematográfica británica, conjugan una gran solidez argumental con un cautivador y único sentido de lo estético y, a su vez, se mantienen como la quintaesencia de lo ”british”, debido principalmente, a su sobriedad y elegancia formal. En el cine de Powell y Pressburger se nota una gran querencia por la belleza estética dándole una mayor relevancia, aunque sin descuidar tampoco la estructura narrativa de sus historias, es más que una colección de imágenes bellas y sugerentes, hay puntos de interés esenciales, como son los personajes, etc… Se podrían considerar una feliz anomalía dentro del cine británico, con más tendencia al clasicismo o conservadurismo formal.

La crítica de la época los calificó de manera errónea, definiendo sus cintas como simple cine de entretenimiento y escapismo, negándoles la merecida distinción de verdaderos autores. Esta infravaloración, o desdén del sector crítico, les acompañaría durante buena parte de su extensa filmografía. De hecho, Powell recibiría ataques excesivos por una fantástica y compleja película realizada en solitario, la subversiva y genial ”El fotógrafo del pánico”, que se introduce de manera hiperrealista en la psique de un sádico fotógrafo. Le tacharon de enfermo y degenerado a este director por representar en pantalla los asesinatos con gran belleza y por la temática tan directa y depravada de la trama, fue sin duda una película maldita y adelantada a su época. La controversia de ”El fotógrafo del pánico” afectaría gravemente a su carrera posterior.

Art Goes On Forever–A Tribute to The Archers from Serena Bramble on Vimeo.

“La primera vez que vi Las zapatillas rojas tendría unos 9 o 10 años. La poderosa historia y la riqueza del color me afectaron mucho. Me embrujaron con la malicia de su enfoque. Cuidaron enormemente cada detalle y asumieron un gran riesgo, ésta fue la primera vez que una película se paralizaba para introducir una escena de ballet de 20 minutos. Pero es que una película dentro de una película, más cine que baile. Es como si sintieras lo que siente y escucha Moira Shearer mientras baila”. (Martin Scorsese)

Martin Scorsese, apasionado seguidor de sus películas desde su infancia, se encargó con su fundación de restaurar muchas de sus películas, y siempre ha defendido con gran ahínco la maestría de estos dos cineastas no suficientemente reconocidos. Durante un viaje a Reino Unido cuando era un joven director, y fue premiado en el Festival de Edimburgo por ”Alicia ya no vive aquí”, se empeñó en encontrarse con Michael Powell y se hicieron amigos cuando, por fin, consiguió charlar con él (una tarea complicada porque Powell y Pressburger enloquecían a los distribuidores con su imprevisibilidad y misterio, dificultando hallar su paradero en muchas ocasiones, sobre todo en el momento de estrenar sus filmes). Powell se convertiría posteriormente en el primer y único marido de la montadora habitual de Scorsese, Thelma Schoomaker. Scorsese forzó un encuentro entre los dos, al comprobar que su amiga sentía fascinación por sus películas. Al igual que él, quedó gratamente sorprendido por el entusiasmo de Marty: ”La sangre volvió a correr por mis venas de nuevo. Este joven director con su habla veloz, que conocía profundamente todo el trabajo que había realizado, tenía un montón de preguntas sobre cómo lo había hecho”, relataría en su libro autobiográfico.

De la confianza entre los dos, nació la idea por parte de Scorsese de reestrenar y restaurar las películas de Powell y Pressburger, comenzando por volver a estrenar ”El fotógrafo del pánico” en el Festival de Nueva York, donde gozaría de una acogida sensacional. Curiosamente Francis Ford Coppola tendría allí la primera oportunidad de visionarla. Gracias a estas acertadas maniobras, este maravilloso dúo vio acrecentada la reputación que siempre han merecido. Scorsese es un sabio director que eternamente ha abogado por dar mayor visibilidad a los clásicos y defendido incansablemente su enorme valía.

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Comentarios

Juan Murillo Bodas - 30.07.2014 a las 23:05

Estuoendo texto Alba, todo perfectamente explicado. Son unos directores a los que hay que sacar del olvido. Grandes cineastas que cuidaban la puesta en escena hasta el más mínimo detalle y cuyas historias cautivan por su enorme poder de sugestión. Enhorabuena

David - 02.08.2014 a las 22:33

Me sumo a las congratulaciones y nuevamente te agradezco un artículo, que más que tal, es un ensayo en toda regla.

En esta ocasión ocurre que he visto muchas de las películas que referencias, pero sin apenás consciencia de quienes y cómo fueron sus creadores.

Con lo que me obligas a verlas nuevamente con los mismos ojos pero más conocimiento de causa.

Lo dicho, muchas gracias, Yuma.

Yuna - 13.08.2014 a las 18:14

Muchas gracias a los dos. Besos.

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