"Titane"

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La web oficial.

El argumento: Un joven con la cara magullada es descubierto en un aeropuerto. Dice llamarse Adrien Legrand, un niño que desapareció hace 10 años. Para su padre, Vincent, esto supone el final de una larga pesadilla y lo lleva a casa. Simultáneamente, se suceden una serie de horribles asesinatos en la región.

Conviene ver: “Titane” llega a salas dispuesta a dividir ante lo inclasificable de una propuesta que ha encumbrado a Julia Ducournau como una de las realizadoras del momento (ya consiguió grandes críticas con "Crudo" en 2016, siendo la segunda en 74 años en conseguir el preciado galardón de Cannes y pasando después por certámenes como Toronto, San Sebastián y Nueva York. “Titane” es cine rompedor y transgresor explotando una estética de luces de neón y derrapes sonoros en los que una música persistente y la función del sonido juegan un papel fundamental en todo momento conformando un título estimulante, complejo y necesario de ver en una cartelera otoñal que encuentra en este título una apuesta para degustar y posicionarse.

Una experiencia que te deja exhausto contando la historia de una joven apasionada (desde un punto de vista sexual) de los vehículos que perrea encima de ellos mientras va repartiendo su sed de venganza y rabia frente al mundo con todos los que pilla a su paso. Eso le hará ser perseguida por la policía cambiando su identidad y haciéndose pasar por un joven al cual su padre, un jefe de bomberos, dio por perdido hace 10 años obsesionándose ahora con el hecho de haberse reencontrado con él. Un thriller de asesinatos "sexy killer" que deriva en una arrebatadora historia de soledades compartidas, incomprensión y duelo. 

“Titane” es metáfora estilística entre fuego, alquitrán, tatuajes y magulladuras que son los peajes de una vida de dolor para unos personajes rotos que se intentan ocultar entre fajas y músculos intentando encajar las piezas encontrando lo que les falta en el otro. En este caso el hijo perdido por un lado y una presencia paterna y de protección por otro frente a un mundo en el que, bien desde un género o desde el otro, la protagonista se resume frente a los demás como “un bicho raro” en una evolución bien definida en cómo es vista de manera diferente por los hombres que la rodean, pasando del deseo al rechazo, en las dos escenas en las que baila, primero en una discoteca contoneando feminidad y más tarde sobre un camión de bomberos en su nuevo rol, y en la que su posición de dominio frente al mundo y la cámara ha cambiado ganando en libertad y autodeterminación.

Un título radical y nada complaciente que más que ser una gran película lo que sí que hace es adoptar el concepto de un cine liberado, sin complejos, en el que no hay reglas escritas y en el que parece que todo vale enarbolando la bandera de la diferencia después de que hasta hace bien poco este tipo de películas vivieran ocultas en programaciones paralelas de festivales de género y que ahora intentan encontrar su hueco codeándose con los grandes títulos del año.

Quizá “Titane” no aúne grandes alardes ni méritos más allá de la capacidad de sorprender dejando al espectador a merced de la propuesta, un cuento de terror bañado de drama social y de gran capacidad imaginativa explorando no sólo lo que somos, estando cómodos en ello o no, sino en una de las relaciones paternofiliales más extrañas pero sugerentes vistas en el cine reciente explorando tanto la dureza más descarnada y esquiva como la ternura más necesaria y reparadora entre los personajes abordados por Agathe Rousselle y Vincent Lindon que son el motor emocional de una cinta que, entre tanto extremismo y escenas rompedoras, a ritmo de La Macarena como guía rítmica de reanimación, trata sobre la identidad de género en sentido amplio, cada vez más difusa y unificada, y sobre la incondicionalidad del amor.

Julia Ducournau arriesga liberada de prejuicios y termina ganando, con mayores o menos reservas, en su juego de metáforas con referencias visuales tan azuladas como abrasadoras sobre la aceptación en un mundo de corazones rotos en soledad y que conforman una de esas cintas que da que hablar y que dejan imágenes poderosas que no se olvidan, fiel heredera de atmósferas malsanas pero más cercanas a la condición humana de lo que estaríamos dispuestos a admitir conectando con realizadores como David Cronenberg, Takashi Miike y Jonathan Glazer. Cine que nace, se desarrolla y muere en los circuitos festivaleros quedando tras su paso como clásicos de culto contemporáneos que más que valorar desde un punto de vista artístico o metafórico pide que nos tiremos sin red y nos dejemos llevar por una experiencia que es tan rica y variada como las percepciones inherentes a cada uno.

Conviene saber: Palma de Oro en el Festival de Cannes 2021.

La crítica le da un SIETE

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