"Puñales por la espalda: De entre los muertos"
La web oficial.
El argumento: El detective Benoit Blanc se une a un joven y honesto sacerdote para investigar un crimen totalmente imposible en la iglesia de un pueblo con una oscura historia.
Conviene ver: “Puñales por la espalda: De entre los muertos” recupera el tono explorando una vertiente gótica a la hora de divagar sobre los límites de la fe en una entrega que evoca más que nunca al espíritu de Agatha Christie y a la oscuridad de Edgard Allan Poe, tanto explícita como implícitamente a través de las recomendaciones del club de lectura en el que participan los miembros de esa comunidad. Una obra juguetona, aguda y entretenida que parte de las atribulaciones de un joven sacerdote que, con el fin de ponerle en vereda tras un episodio violento, es enviado a una pequeña comunidad marcada por la desbordante e inquisitoria personalidad del párroco del pueblo que maneja con mano de hierro su congregación lo que supone un muro para el idealismo y sueños del joven a la hora de pretender hacer el bien a los demás alejándose del poder, las corruptelas, la represión y el fanatismo en la que muchos se han impulsado en nombre de la fe. Aunque el misterio al final termine siendo lo menos, teniendo que ser lo suficientemente creíble para que no patine su lado más enrevesado, estamos ante una cinta sumamente eficaz, que brilla especialmente en lo formal, y que tiene a las dos mejores interpretaciones de la saga. Al margen de un Daniel Craig cada vez más cómodo en el papel de Benoit Blanc, tenemos a un magnífico Josh O’Connor, verdadero protagonista de la cinta y que además de lucirse conmueve hondamente con su personaje cuando todos los dedos acusadores se posan sore él, y a una brillante Glenn Close bordando el papel de Martha, personaje clave que es uno de esos que vale más por lo que habla que por lo que calla y con el que la actriz puede demostrar todo su magisterio. La fuerza que cogen estos tres personajes, tanto en presencia como a nivel interpretativo, provoca que los demás queden desdibujados y en un segundo plano a pesar de que una de las bazas vuelva a ser la nómina de actores que se han sumado al proyecto.
Un “whodunit” de la vieja escuela que convence, entretiene pero que también termina siendo el título más ambicioso de la trilogía al adentrarse en las vicisitudes morales más profundas inherentes a la condición humana después de que en la primera entrega Rian Johnson pusiera en el foco las fisuras del estamento familiar y en la segunda la burbuja de irrealidad de una elite de empresarios de tecnología e “influencers” banales. Ahora va más allá explorando los claroscuros y la influencia de la fe en una propuesta oscura, retorcida y divertida que nos lleva a la lucha, tanto interna como física, de ese joven pastor por no ser engullido por un rebaño de lobos con piel de cordero que tiene la valentía de incluso ser un azote al poder de la mentira en época de “fake news”, al mesianismo dogmático y a movimientos como el MAGA proliferado en Estados Unidos a partir de la figura de Donald Trump. Eso le lleva a ser menos caricaturesca y sí más profunda manejando sus resortes con elegancia y fluidez dotándole de una evocación mística en la que lo espiritual se debate con la razón dentro de una atmósfera malsana y viciada por el fanatismo y la mentira en un lugar marcado por los secretos, la tensión y la sed de poder. Destaca por jugar con el espectador, respetándolo y probando su inteligencia, desafiando cualquier lógica, y por no descuidar ni el aspecto narrativo ni el formal a la hora de plantear un crimen imposible (o perfecto), incluso con referencias de despertar a los muertos siguiendo un título propio de U2 y del cancionero folk, a ojos de todo en el escenario oscuro y opresivo de una sacristía en la que se palpa la duda, el miedo y la esperanza sanadora de redención de ese joven sacerdote arrollado por las circunstancias y por una comunidad cerrada que tiene sus propios intereses y que no quiere que nadie desmonte sus privilegios ni “status quo”. La investigación de un asesinato vestido de milagro o designio divino en la que el detective tendrá que desenmarañar el plan que lo ha provocado sacando de la rueda de sospechosos al sacerdote y siguiendo la senda correcta en la que cualquiera de ellos podría haber tenido que ver por tener buenas razones para ello. Un cuento macabro y estimulante en el que en lugar de quien lo hizo tiene más importancia el cómo y el porqué tirando de un misterio más clásico pero sumamente eficaz que además de entretener lanza un mensaje sobre este mundo que nos rodea lleno de paranoia, polarización y relativismo moral en el que todo se cuestiona y toda mentira puede ser susceptible de ser convertida en verdad. Un enredo muy entretenido con buenas dosis de misterio, intriga y reflexión sobre la deriva fanática de nuestros tiempos en pro de ciertas ideas que convence gracias a su atmósfera y a sus actores siendo salpicada por sus toques de humor, terror e incluso emotividad (la llamada de teléfono del sacerdote en la que se reencuentra con su labor) y logrando que, a pesar de poder quedar enredada en su madeja, termine cayendo de pie gracias a la labor de sus artífices.
Conviene saber: Rian Johnson continúa la saga iniciada por “Puñales por la espalda” (2019) y “Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion” (2022) habiendo vuelto a quedar finalista con esta entrega en el Festival de Toronto 2025.
La crítica le da un SIETE











