Cine en serie: El universo de "Gomorra: El origen" (II), cómo triunfó

Cine en serie: El universo de "Gomorra: El origen" (II), cómo triunfó

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Querido Teo:

Algunos éxitos se anuncian con cifras, otros se perciben antes en la reacción. El triunfo de "Gomorra" no empezó en las audiencias, empezó en el impacto. En la sensación de que algo distinto estaba ocurriendo en la televisión europea. En los comentarios que se escuchaban en lugares públicos cada vez que terminaba un capítulo. En ciertos silencios que dejaba cada episodio, más cercanos a la sensación de resaca que a la de puro entretenimiento. Ese triunfo, sin embargo, no fue casual. Ni inmediato. Ni sencillo. Fue la consecuencia de una suma de decisiones que no siempre parecían comerciales. Y es ahí donde conviene detenerse, porque entender cómo triunfó "Gomorra" implica entender contra qué competía y qué decidió no hacer.

Roberto Saviano lo explicó así: "El objetivo no era gustar. Era contar la verdad de una forma que no pudiera ignorarse". En otra conversación, cuando el fenómeno ya era evidente, añadió un matiz que ayuda a entender el recorrido: "Si Gomorra hubiera sido más amable, habría sido más fácil de consumir. Pero también habría sido menos necesaria". Esa doble afirmación resume una parte esencial del proceso. "Gomorra" no buscó el éxito convencional. Lo encontró precisamente porque renunció a él en su forma más superficial.

Cuando la serie se estrena en 2014, el panorama internacional está dominado por títulos que ya han redefinido la televisión. "Breaking bad" había demostrado que el crimen podía narrarse desde la transformación moral de un personaje, con una progresión casi quirúrgica hacia la oscuridad. "The Wire" había construido un retrato sistémico de la ciudad y sus estructuras de poder, donde cada institución revelaba un fallo estructural. "Boardwalk Empire" había elevado la recreación histórica del crimen a un nivel de detalle casi obsesivo, con una estética que convertía la violencia en espectáculo controlado. A ese grupo habría que añadir títulos como "True detective", que apostaba por una atmósfera densa y filosófica, o "Sons of anarchy", que trasladaba los códigos del crimen a una comunidad cerrada con reglas propias.

"Gomorra" entra en ese territorio, pero decide no competir en los mismos términos. No hay redención. No hay distancia irónica. No hay estilización que suavice. Stefano Sollima, uno de los directores clave en las primeras temporadas, lo formuló así: "No queríamos personajes con los que el espectador pudiera sentirse cómodo. Queríamos que entendiera ese mundo, no que lo justificara". En otra entrevista, insistía en esa idea: "Si el espectador se siente demasiado a gusto, hemos fallado. Este mundo no es cómodo".

Ese posicionamiento, que en teoría podía limitar su alcance, fue en realidad uno de los motores de su expansión. Porque convirtió a "Gomorra" en una experiencia distinta dentro de un mercado saturado de calidad. Mientras otras series ofrecían complejidad con cierto margen de identificación, "Gomorra" ofrecía inmersión sin refugio.

El éxito se mide primero en Italia. La serie se convierte en un fenómeno en Sky Italia con cifras que superan lo habitual para una producción local. Pero el verdadero salto se produce cuando cruza fronteras. Más de ciento noventa países adquieren la serie. En el Reino Unido, su emisión en Channel 4 se convierte en un fenómeno de culto. En Estados Unidos, plataformas como HBO Europe y Netflix contribuyen a amplificar su alcance.

Un ejecutivo de distribución internacional de Beta Film lo resumía así: "Lo que nos sorprendió no fue que funcionara en Italia. Fue que funcionara igual en mercados donde el espectador no tiene ninguna relación directa con Nápoles". Y añadía en esa misma línea: "Cuando una historia tan local viaja así, es porque está tocando algo esencial". Ese es un punto clave. Gomorra no triunfa por su localismo, sino por su capacidad de convertir lo local en universal. La violencia, el poder, la lealtad, la traición. Elementos reconocibles en cualquier contexto.

Marco D’Amore, que interpreta a Ciro Di Marzio, lo explicó desde dentro del proyecto que le mantendría ocupado años: "Sabíamos que estábamos contando algo muy concreto, pero también sabíamos que esas dinámicas existen en cualquier parte. El espectador reconoce la verdad emocional aunque no conozca el lugar". En otra entrevista posterior, cuando el personaje ya se había convertido en icono, añadía: "El éxito no nos hizo más libres. Nos hizo más responsables. Porque cada gesto se mira de otra manera".

El triunfo, por tanto, no se limita a cifras de audiencia. Se manifiesta en la influencia. En la forma en que otras series europeas empiezan a asumir un tono más seco, más directo, menos complaciente. o italianas posteriores como "Suburra" adoptan, cada una a su manera, esa apuesta por el realismo duro. No es imitación, es clima. "Gomorra" contribuye a cambiar la visión del relato criminal en Europa.

Pero hay otro nivel que se puede observar. El impacto en las personas que hicieron posible la serie. Para el equipo creativo, el éxito tiene una doble cara. Por un lado, reconocimiento internacional. Por otro, una responsabilidad añadida. Saviano lo ha repetido en varias ocasiones: "El éxito de Gomorra no cambia el hecho de que la realidad que describe sigue existiendo. Y eso obliga a no trivializar nunca lo que se cuenta". En otra intervención, lo formulaba de forma aún más directa: "El peligro del éxito es convertir el dolor en espectáculo. Eso es lo que siempre hemos intentado evitar".

Ese compromiso se traslada al resto del equipo. Los actores, muchos de ellos procedentes de entornos cercanos a los que retrata la serie, viven el éxito con una mezcla de orgullo y cautela. Salvatore Esposito, que interpreta a Genny Savastano, lo explicaba con una frase que se ha repetido mucho en entrevistas: "La gente te reconoce en la calle, pero también te recuerda que esa historia no es ficción para todos". En otra conversación, añadía: "El éxito te cambia la vida. Pero no debería cambiar la conciencia de lo que estás contando".

Ese contacto directo con el público es otro indicador del alcance de la serie. No se trata solo de espectadores. Se trata de comunidades que se ven reflejadas, a veces de forma negativa. Y ahí aparece una de las cuestiones más debatidas. El impacto de "Gomorra" en los barrios napolitanos. Antes del estreno de la serie, zonas como Scampia o Secondigliano ya eran conocidas en Italia por su relación con la camorra. Pero la serie amplifica esa visibilidad a escala global. Y lo hace con consecuencias medibles.

Según datos del ayuntamiento de Nápoles y de observatorios económicos locales, el crecimiento turístico de la ciudad en la última década ha sido muy intenso. Entre 2014 y 2019, el número de visitantes pasa de alrededor de tres millones a más de cuatro millones anuales. A partir de ahí, el salto es mucho mayor. En 2024, la ciudad se mueve en torno a los catorce millones de registros turísticos y en 2025 supera los veinte millones de pernoctaciones. Nápoles ha entrado en una fase de expansión turística muy intensa.

Ese aumento no puede atribuirse exclusivamente a la serie, pero diversos estudios locales y responsables institucionales coinciden en señalar que "Gomorra" ha contribuido a situar la ciudad en el mapa emocional de muchos visitantes. Un responsable de turismo napolitano lo explicaba en términos claros: "Hay visitantes que preguntan directamente por los lugares de la serie. Eso no ocurría antes con esa intensidad". En otra declaración recogida en medios internacionales, añadía: "No vienen solo a ver monumentos. Vienen a ver escenarios que sienten como reales".

Se organizan rutas no oficiales por localizaciones de rodaje. Algunos barrios reciben visitantes que buscan ver de cerca los escenarios de la ficción. Ese fenómeno genera ingresos, pero también abre un debate sobre la representación. Porque no todos los vecinos perciben el impacto de la misma manera. Algunos consideran que la serie refuerza estereotipos negativos. Otros creen que visibiliza problemas que durante años se han ignorado.

Un sociólogo napolitano citado en medios internacionales lo resumía así: "Gomorra no inventa nada, pero al amplificar esa realidad la convierte en la imagen dominante de la ciudad en el exterior". Y añadía un matiz relevante: "El problema no es lo que muestra, sino que no haya otros relatos que equilibren esa imagen". Esa tensión forma parte del propio éxito. Porque demuestra que la serie no deja indiferente. Y eso, en el contexto audiovisual actual, es un valor en sí mismo.

El triunfo también se refleja en la evolución de la producción. El presupuesto aumenta con cada temporada. La ambición narrativa crece. La serie se permite expandir su universo, explorar nuevas localizaciones, profundizar en personajes secundarios. Stefano Bises, uno de los guionistas principales, lo explicaba con una mezcla de orgullo y prudencia: "El éxito te da libertad, pero también te obliga a no repetirte. Cada temporada tiene que justificar su existencia". En otra entrevista, añadía: "La presión no es hacer algo más grande. Es hacer algo igual de verdadero".

Ese equilibrio no siempre es fácil. Algunas críticas señalan momentos de reiteración o exceso. Pero incluso esas críticas forman parte del fenómeno. Porque indican que la serie se analiza con un nivel de exigencia propio de las grandes producciones internacionales. Y ahí aparece otro indicador del triunfo. La conversación crítica. "Gomorra" no es solo una serie popular. Es una serie discutida. Analizada. Comparada. Su nombre aparece junto a títulos que han marcado época. Y eso la sitúa en un lugar que trasciende su origen.

Un crítico británico lo expresaba de forma contundente: "Gomorra es una de las series más implacables que se han hecho sobre el crimen. Y precisamente por eso es imprescindible". Otro analista anglosajón añadía: "No intenta gustar. Intenta golpear. Y por eso permanece". Ese tipo de valoración contribuye a consolidar su posición. Pero también a definir su legado. Porque el triunfo de "Gomorra" no se limita a su momento de emisión. Se proyecta hacia el futuro. Influye en nuevas producciones. Abre camino a otras historias que buscan un enfoque similar.

La industria europea, en particular, recoge esa herencia. Series de distintos países adoptan una estética más cruda, una narrativa menos complaciente. No se trata de copiar "Gomorra", sino de asumir que el espectador está preparado para ese tipo de relato.

En ese sentido, el éxito de "Gomorra" es también un cambio de paradigma. Y, sin embargo, hay un elemento que permanece constante. La relación con la realidad.

Saviano lo ha dicho en múltiples ocasiones: "La mayor victoria de Gomorra no es su éxito como serie. Es haber obligado a mirar una realidad que muchos preferían ignorar". Y en otra intervención, casi como conclusión, añadía: "Si después de verla alguien entiende mejor cómo funciona ese mundo, entonces ha merecido la pena". Esa afirmación conecta con el origen del proyecto. Con la idea de que Gomorra no nace como entretenimiento, sino como una forma de intervención.

El triunfo, por tanto, no es solo una cuestión de audiencia o prestigio. Es una cuestión de impacto. En la industria. En el público. En el territorio que retrata. Y quizá ahí esté la clave final. "Gomorra" triunfa porque no se comporta como una serie que busca triunfar. Porque mantiene una coherencia incómoda. Porque no suaviza lo que muestra para resultar más accesible.

En un entorno donde muchas producciones buscan el equilibrio entre calidad y consumo, "Gomorra" decide inclinarse hacia la primera. Y encuentra en esa decisión su mayor fuerza. El resultado es un fenómeno que no se explica solo con cifras. Se explica con reacciones. Con debates. Con cambios perceptibles. Un fenómeno que demuestra que el éxito, en ocasiones, no consiste en agradar a todos. Consiste en ser imposible de ignorar.

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"Gomorra: El origen" puede verse en España en SkyShowtime

Carlos López-Tapia

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