San Sebastián 2025: La infancia como símbolo de la barbarie de la guerra, alocada sátira ecologista de Yorgos Lanthimos y el realismo mágico de Hlynur Pálmason sobre una familia que se desmorona
"La voz de Hind" (Kaouther Ben Hania) // Perlas
29 de enero de 2024. Los voluntarios de la Media Luna Roja reciben una llamada de emergencia. Una niña de 6 años está atrapada en un coche bajo fuego en Gaza, suplicando ser rescatada. Mientras intentan mantener el contacto telefónico con ella, hacen todo lo posible para enviarle una ambulancia. Su nombre: Hind Rajab.
El film reconstruye con austeridad y crudeza el caso real de Hind Rajab, la niña palestina de seis años que, tras un ataque israelí en Gaza en enero de 2024, logró comunicarse durante más de una hora por teléfono con el centro de emergencias de la Media Luna Roja mientras permanecía atrapada en un coche rodeada de los cuerpos sin vida de su familia hasta que falleció tiroteada por el ejército israelí que también atacó a la ambulancia que iba en su búsqueda. Ben Hania evita recurrir al espectáculo de la violencia y opta por un dispositivo radical: obligar al espectador a escuchar esa voz infantil que suplica ayuda, voz que se convierte en el núcleo palpitante de un alegato contra la deshumanización.
Un acto de resistencia desgarrador que muestra la pesadilla fuera de campo pero que golpea conciencias por su planteamiento y gran trabajo sonoro. Una pena que la película resuene más por su mensaje que por un valor cinematográfico cuestionable que se pasa de teatral, subrayado y, por momentos, obsceno enarbolando la bandera del dolor y la sinrazón dejando claro el incuestionable mensaje de partida pero sin llegar a buen puerto en lo cinematográfico por una recreación que respira más impostura que autenticidad, no solo por el hecho de saber que se utiliza como baza unas grabaciones reales (que hubieran funcionado mejor en formato documental) sino por ciertas decisiones formales y las desesperadas reacciones de unos voluntarios que muestran más desesperación que decisión con el fin de asfixiar y golpear más al espectador.
"Bugonia" (Yorgos Lanthimos) // Perlas
Dos jóvenes conspiranoicos secuestran a la poderosa presidenta de una gran compañía, convencidos de que se trata en realidad de una extraterrestre decidida a destruir el planeta Tierra.
"Bugonia" es la sátira anticapitalista de Yorgos Lanthimos bañada de surrealismo apocalíptico que vuelve a juntar a los que se han convertido en dos de sus actores fetiche; Jesse Plemons y Emma Stone (también en funciones de productora). La cinta parte del remake de la surcoreana “Salvar el planeta Tierra” (2003) y trata sobre una pareja de primos que está obsesionada con las conspiraciones y las “fake news” lo que les lleva a secuestrar a la poderosa directora ejecutiva de una importante empresa farmacéutica, convencidos de que es un extraterrestre que intenta destruir el planeta Tierra. El título de la película hace referencia a una creencia antigua escrita por Virgilio sobre el hecho de pensar de que las abejas proceden de los cadáveres de los bueyes. Una metáfora que tiene mucha presencia en esta combinación de sátira, suspense, ciencia ficción y comedia negra.
El resultado es una reflexión sobre la paranoia contemporánea, fiel en esencia a la película original de hace dos décadas, pero llevada aquí a un terreno aún más radical, capaz de provocar auténtico malestar en el espectador. Lanthimos, fiel a su estilo, apuesta de nuevo por situaciones incómodas, impregnadas de una violencia específica y perturbadora, y vuelve a empujar a Emma Stone hacia los límites de su capacidad interpretativa con un trabajo magnético y exigente. Entre ambos se ha consolidado una complicidad artística que les permite explorar juntos una faceta más subversiva y extrema del cine actual. No obstante el animal interpretativo de la cinta no es otro que Jesse Plemons, tan esperpéntico y desquiciado como frágil y vulnerable, que borda un ser vacío carcomido por su paranoia y por su enfrentamiento a un mundo hostil, cruel y utilitarista que se cree formar junto a su primo el cuartel general de la Resistencia Humana frente al mezquino invasor.
“Bugonia” supone un alocado ejercicio de ritmo desatado que genera incomodidad y que no genera ni provocaciones gratuitas ni divagaciones metafóricas ya que sobre todo pretende ser un ejercicio juguetón, provocador y mordaz sobre el desquicie, la frustración y la deriva de los tiempos presentes. Lo que podría haber sido un desaguisado logra entretener, divertir y perturbar gracias al humor característico y a la puesta en escena de un Lanthimos que hace fácil lo difícil y que sabe trenzar las líneas que marcan los límites tanto de la credibilidad como del buen gusto para siempre estar en un punto siempre inteligente, irónico y con sentido lo que tiene mucho mérito ante sus continuos saltos sin red a la hora de retratar un mundo que se desmorona con confrontación polarizada, rabia desaforada y violencia sangrienta.
"El amor que permanece" (Hlynur Pálmason) // Perlas
La cosa nunca acaba de funcionar cuando Anna y Magnus, recién separados, se reúnen con sus tres hijos en la aldea rural donde viven con la madre. Asistimos al paso de las cuatro estaciones en esa relación que se desintegra, escenas de un (ex)matrimonio que se afanan en capturar momentos cotidianos, como si de esa forma quedaran a salvo del olvido en un hipotético álbum familiar.
El islandés Hlynur Pálmason sabe crear universos propios, singulares y sugerentes y así es en el caso de una película que se refugia en la fábula para huir de la amargura existencial que la envuelve. Una melancolía ligera se viste de absurdo entre lo conmovedor y lo bizarro en clave de fábula fantástica que abraza el simbolismo y el realismo mágico partiendo de una familia disfuncional que ni ella misma es consciente del papel que tiene que jugar. Sencilla en apariencia pero profunda en su vertiente más humanista es capaz de que la naturalidad abrace lo bizarro con suma facilidad gracias a la riqueza imaginativa de la puesta en escena.
Una película con voz propia pero también con cierta pretenciosidad a la hora de querer sorprender de una manera que dejará a más de uno fuera de juego. A ello se debe el estilo personal de un director que abandona su faceta contemplativa para ofrecer una cinta que, casi como si fuera una sucesión de "sketches" no siempre tan audaces como pretende, habla de la fractura de una familia y de la suspensión del tiempo y de la realidad cuando la incertidumbre nos asola e intentamos agarrarnos al asidero de nuestra zona de confort aunque la misma sea ya más fruto del recuerdo que de la realidad. Se valora el mérito pero da la impresión de que se queda en la faceta más conceptual de su autor solo al alcance de sus seguidores más irredentos.
Nacho Gonzalo











