San Sebastián 2025: Reinserción maternal y social, Russell Crowe es juzgado en Núremberg, las malas cartas de Russell Crowe y bloqueo vital en clave femenina

San Sebastián 2025: Reinserción maternal y social, Russell Crowe es juzgado en Núremberg, las malas cartas de Russell Crowe y bloqueo vital en clave femenina

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Querido Teo:

"Jianyu laide mama (Her heart beats in its cage)" (Xiaoyu Qin) // Sección Oficial

Hong ha pasado diez años en prisión por matar a su esposo. Gracias a su contribución al taller de arte de la cárcel, recibe la inesperada oportunidad de reducir su condena. Su hijo, Lele, ha sido criado por su abuela y nunca ha estado preparado para convivir con su madre. Tras su reencuentro, Lele siempre la trata con frialdad. Ante una abuela solitaria que desea que Lele regrese con ella y una sociedad que no trata bien a los exconvictos, ¿podrá Hong escapar de su prisión invisible y recuperar la felicidad?

Esta cinta china apunta a ser una de las revelación de esta edición en una película de estructura mínima pero de gran poso emocional que arrebata en su hora y media ante el intento de reconexión tras salir de la cárcel de una madre con su hijo. La mujer fue condenada por matar a su marido pero, debido a su buena conducta y su habilidad para el canto haciendo conectar con el arte a varias reclusas, se le permite volver a ser libre. Un drama condensado en apenas hora y media que se adentra en esa China contemporánea que intenta ser justa con su pasado respetando su tradición pero sin que ello suponga una carga frente a las complejidades de la vida moderna. El gran aliciente es contar con el trabajo de Zhao Xiaohong que se interpreta a sí misma poniendo a la palestra su propia historia a la hora de lidiar la su condena carcelaria con su papel de madre en una historia de superación, sacrificio y reinserción.

La relación entre la madre y el hijo no está torpeada por una abuela comprensiva y que sabe cual es su lugar pero sí que, tanto la madre soltera y estigmatizada y el hijo tímido y callado, tienen que no solo aceptarse entre ellos sino también adaptarse a su nuevo entorno tanto en el ámbito profesional como social. Una de historias mínimas sencilla, auténtica y conmovedora que encierra alma y sentimiento con suma efectividad.

"Núremberg" (James Vanderbilt) // Sección Oficial

Tras el fin de la II Guerra Mundial, con ocasión de los cruciales e inminentes juicios de Núremberg contra el derrotado régimen nazi, el psiquiatra estadounidense Douglas Kelley, encargado de determinar si los oficiales nazis prisioneros son aptos para ser juzgados por sus crímenes de guerra, se ve inmerso en una compleja batalla de ingenio dialéctico con Hermann Göring, mano derecha de Hitler.

"Núremberg" es un drama judicial de corte clásico histórico que por su clasicismo y forma recuerda al cine de los noventa heredando su fórmula y eficacia. James Vanderbilt se adentra en los muros de una prisión militar secreta en la que los altos mandos de que quedaban del derrotado régimen nazi esperaban ser llamados a juicio por el mal sembrado durante la II Guerra Mundial. Un punto de inflexión desde el punto de vista jurídico y también moral a la hora de poner a estos hombres a rendir cuentas y no quedar impunes por sus delitos contra la humanidad.

“Núremberg” no tiene la contundencia de “¿Vencedores o vencidos?” (1961) de Stanley Kramer pero sí que logra entretener yendo de menos a más a lo largo de unas dos horas y media que evocan a un cine de otra época que no suele verse en las pantallas habitualmente a pesar del interés en la memoria histórica. Una película que, además de su épica manifestada en el empeño de esos hombres por hacer justicia, adopta un tono de thriller grandilocuente sin renunciar a una emoción característica como la que lleva a mostrar las imágenes reales que se utilizaron en el juicio como máxima prueba condenatoria.

Rami Malek y, especialmente, Russell Crowe elevan una película que si bien no arrebata sí que termina convenciendo a pesar de sus picos y valles y más de un lugar común dejando un escalofrío sobre el hecho de que quizá no estemos muy lejos de lo que fue el germen que llevaría a una de las mayores vergüenzas como especie que hemos vivido a lo largo de la historia.

"Maldita suerte" (Edward Berger) // Sección Oficial

Lord Doyle se esconde en Macao, donde malgasta sus días y noches entre juegos de azar y alcohol, arriesgando el poco dinero que aún le queda. Asfixiado por unas deudas que se multiplican día a día, recibe una oferta inesperada de Dao Ming, una misteriosa empleada del casino dispuesta a jugar sus propias cartas. Pero Doyle no está solo en su huida. La detective privada Cynthia Blithe lo sigue de cerca y no duda en obligarle a encarar aquello de lo que pretende huir. Cuanto más intenta Doyle alcanzar la salvación, más se ciernen sobre él los confines de la realidad.

"Maldita suerte" supone una decepción y un paso atrás para un director que había encontrado el beneplácito de Hollywood con sus dos últimos trabajo y que lleva a cabo un título fallido adaptando la novela de Lawrence Osborne y confiando en que esa espiral autodestructiva de juego y adicción fuera lo suficientemente atrayente sobre las luces de neón y las leyendas de fantasmas de la vistosa ciudad de Macao, el centro neurálgico más importante del mundo del juego. Una pieza áspera, bizarra, incómoda y desmedida de aire malsano con Colin Farrell a la cabeza como un jugador que deambula con poca fortuna siendo un paria sin suerte embebido de la adrenalina de la codicia en los casinos pero que, al cambiar la misma, todavía se hace más vulnerable.

Una película, menos transgresora, vibrante e inteligente de lo que se cree, combinando drama, humor y temas espirituales sobre un adicto egoísta y perdido, tan frágil como vacío, pero que no logra superar una sensación de tedio más allá de sus dos aspectos más meritorios; la fotografía de James Friend y la música de Volker Bertelmann. El poder visual y estético por encima del guión y el ritmo de una historia irregular, inconsistente y aburrida sobre la trascendencia de nuestros actos y el hedonismo del mundo del juego. Una película hueca y plana sobre la ambición que lleva a un hombre al abismo pero que, a pesar de su premisa, se diluya pronto por su escasa personalidad y por faltarle más de un hervor.

"Las corrientes" (Milagros Mumenthaler) // Sección Oficial

En la cima de su carrera, Lina, una estilista argentina de 34 años, se deja llevar por un impulso repentino tras una entrega de premios en Suiza. De regreso a Buenos Aires, no dice nada, pero algo ha cambiado en ella; algo que, silencioso e invisible, desentraña sutilmente un pasado que creía haber dejado atrás.

Hay ideas interesantes en "Las corrientes", quizá no tan bien plasmadas y desarrolladas. Retrato complejo de la mente humana ante una sociedad que no permite que uno haga "stop" para pedir ayuda. Detalles mínimos, ensoñaciones y dudas ante un día a día que arrolla y que nos lleva a una intriga existencial entre el onirismo y el surrealismo abordando la complejidad un colapso personal generalizado y una situación de bloqueo que emerge más allá de cualquier concesión narrativa.

Un retrato hipnótico y áspero sobre el deambular de una mujer que, en apariencia lo tiene todo, pero que nada en la insatisfacción personal y la incomprensión de los demás llevándola a un universo no muy diferente al de la escritora Virginia Woolf y que también nos lleva al "Vértigo" de Hitchcock. Un estudio de personajes en el que nos alejamos de clasicismos para adentrarnos en lo abstracto y en que mande el apartado sonoro a la hora de hablar de las responsabilidades de la vida moderna, el éxito personal, las relaciones de pareja y la maternidad en una historia tan ambigua como cambiante.

Una película indescifrable e intencionadamente enigmática (a lo que contribuye el trabajo de su protagonista Isabel Aimé González Sola) que tira por el expresionismo más allá de lo convencional y que no da concesiones al espectador pero por otro lado también le aleja de previsibilidades y terrenos comunes. Hay manierismos de autor y cierta pretenciosidad filosófica pero no deja de ser un psicoanálisis tan libre como perturbador que frente al hieratismo intencionado de su protagonista emerge como un retrato femenino, a veces fascinante y otras desconcertante, que analiza el papel de la mujer, y la diferencia entre lo que se quiere ser y lo que se espera de ella, en el mundo contemporáneo. 

Nacho Gonzalo

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