In Memoriam: Patricio Guzmán, la memoria como forma de resistencia
Querido primo Teo:
El cineasta y documentalista chileno Patricio Guzmán ha muerto en un hospital de París a la edad de 85 años tras sufrir un fallo cardiorrespiratorio. Autor de una de las filmografías documentales más importantes de las últimas décadas, dedicó buena parte de su carrera a explorar la historia reciente de Chile, desde el Gobierno de Salvador Allende y el golpe de Estado de 1973 hasta las consecuencias de la dictadura de Augusto Pinochet. Su trabajo, marcado por el exilio y por una constante preocupación por la memoria histórica, alcanzó una dimensión internacional con títulos como "La batalla de Chile", "Nostalgia de la luz", "El botón de nácar" y "La cordillera de los sueños".
Nacido en Santiago de Chile en 1941, Guzmán estudió en la Universidad de Chile y posteriormente en el Instituto Fílmico de la Universidad Católica. A comienzos de los años setenta completó su formación cinematográfica en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid. De regreso a Chile, comenzó a trabajar en documentales y encontró en el convulso escenario político del país el principal asunto de su cine.
Entre los años 1973 y 1979 rodó su obra más ambiciosa "La batalla de Chile", una extensa trilogía sobre los últimos meses del Gobierno de Salvador Allende y el proceso que desembocó en el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, considerada por la prensa especializada como una de las mejores muestras de cine político de la historia. Dividida en "La insurrección de la burguesía" (1975), "El golpe de Estado" (1976) y "El poder popular" (1979), la película (en total cuatro horas y media de metraje en celuloide) combina entrevistas, imágenes de calle y material de archivo para reconstruir desde dentro la creciente polarización política y social.
El proyecto convirtió a Guzmán en testigo directo de uno de los acontecimientos decisivos de la historia contemporánea latinoamericana. Tras el golpe fue detenido y posteriormente tuvo que abandonar Chile pudiendo terminar el documental al haber sacado de manera clandestina los rollos por vía marítima gracias a la ayuda de su tío y con el apoyo tanto del director Chris Marker, nombre clave en la conservación y difusión del material filmado, como del gobierno cubano.
El exilio, primero en Europa y después establecido definitivamente en Francia, condicionaría su trayectoria profesional, pero no supuso el abandono de su país como objeto de estudio. Al contrario, Chile se convirtió en el centro de una filmografía desarrollada desde la distancia.
En "Chile, la memoria obstinada" (1997), Guzmán regresó a algunos de los protagonistas de "La batalla de Chile" para comprobar qué había ocurrido con ellos y cómo recordaban aquellos acontecimientos décadas después. "El caso Pinochet" (2001) siguió las investigaciones judiciales contra el dictador y la búsqueda de responsabilidades por los crímenes cometidos durante la dictadura. En "Salvador Allende" (2004) volvió a la figura del presidente derrocado, combinando la reconstrucción histórica con los recuerdos de quienes lo conocieron.
A partir de entonces, su cine fue ampliando el concepto de memoria. "Nostalgia de la luz" (2010), probablemente su película más conocida internacionalmente, situó en el desierto de Atacama a astrónomos dedicados a estudiar los orígenes del universo junto a familiares de víctimas de la dictadura que todavía buscaban los restos de sus desaparecidos. Guzmán establecía así una relación entre dos formas de mirar hacia el pasado: la investigación científica del cosmos y la búsqueda de una memoria histórica todavía pendiente. Este trabajo consiguió el premio al mejor documental en los premios del cine europeo consolidando una evolución formal que se haría evidente en sus siguientes trabajos.
"El botón de nácar" (2015), con la que ganó el Oso de Plata al mejor guion en el Festival de Berlín y participó en la sección Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián, utilizó el agua como hilo conductor para abordar la historia de los pueblos indígenas de la Patagonia y la violencia ejercida contra ellos, conectándola también con la represión durante la dictadura.
En "La cordillera de los sueños" (2019), galardonada con el Goya a la mejor película iberoamericana en 2022 y presente en la sección Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián, Guzmán convirtió los Andes en otro elemento desde el que aproximarse a la identidad y a la historia chilenas. La película completaba una especie de trilogía geográfica junto a "Nostalgia de la luz" y "El botón de nácar": el desierto, el océano y la cordillera funcionaban como espacios físicos, pero también como formas de aproximarse a la memoria colectiva.
Su último largometraje, "Mi país imaginario" (2022), el cual también pasó por la sección Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián, demostró que su interés por la realidad chilena seguía plenamente vigente. El documental abordó las protestas sociales iniciadas en 2019 y el proceso político que siguió a aquellas movilizaciones, conectando el presente con las reivindicaciones y conflictos que habían atravesado Chile durante décadas.
La evolución de Guzmán resulta especialmente significativa porque su cine nunca quedó limitado al documental político convencional. Partió de la urgencia del testimonio y terminó desarrollando una mirada en la que historia, paisaje, ciencia, naturaleza y memoria se relacionaban constantemente. Sus películas podían partir de un acontecimiento político concreto para terminar planteando preguntas mucho más amplias sobre el paso del tiempo, la desaparición y la necesidad de conservar el pasado.
Su condición de exiliado también fue determinante. Guzmán hizo buena parte de su obra fuera de Chile, pero mantuvo una relación constante con el país que había abandonado. Esa distancia le permitió regresar una y otra vez sobre acontecimientos que para otros podían formar parte de un pasado cerrado. Para él, la dictadura y sus consecuencias seguían formando parte del presente mientras permanecieran desaparecidos, heridas abiertas y preguntas sin respuesta.
Su cine fue, por tanto, una forma de documentación, pero también de recuperación. Frente a la fragilidad de los recuerdos y a los intentos de modificar o simplificar la historia, Guzmán defendió el valor de las imágenes como testimonios capaces de sobrevivir a quienes las protagonizaron. "Un país sin cine documental es como una familia sin álbum de fotografías", dijo en una de sus frases más conocidas. La comparación resume bien una trayectoria dedicada a construir ese álbum de Chile. Un archivo personal y colectivo que no pretendía ofrecer una versión definitiva del pasado, sino conservar las imágenes necesarias para que cada generación pudiera volver a ellas.
Reconocido en festivales internacionales y distinguido con importantes premios, Guzmán recibió en 2023 el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales de Chile. Para entonces, "La batalla de Chile" había dejado de ser únicamente un documento sobre la caída de Allende para convertirse en una obra fundamental del cine documental y en una referencia para varias generaciones de cineastas.
Su muerte pone fin a una trayectoria de más de cinco décadas, pero no a la vigencia de las preguntas que recorren su filmografía. El valor de Guzmán no reside únicamente en haber registrado acontecimientos históricos de enorme importancia, sino en haber seguido preguntándose qué significa recordarlos cuando sus protagonistas ya no están y cuando el tiempo amenaza con convertirlos en una versión cómoda del pasado. Sus películas quedan como un registro de ese esfuerzo. Y también como una invitación a volver a mirar.
Mary Carmen Rodríguez






















