Cannes 2022: James Gray entre la nostalgia y el desencanto en el Nueva York de la década de los 80

Cannes 2022: James Gray entre la nostalgia y el desencanto en el Nueva York de la década de los 80

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Querido Teo:

Tras una inauguración entre zombies y un cometa llamado Tom Cruise el Festival de Cannes 2022 ya ha encontrado una de sus grandes películas al margen de ese sobredimensionamiento puramente festivalero en el que emergen obras maestras a puñados. James Gray es uno de los escasos representantes del cine usamericano este año y lo es gracias a "Armageddon time", cinta con la que compite por quinta vez en el certamen y que deja uno de los mejores trabajos de su filmografía atendiendo a unas críticas muy favorables.

James Gray se suma con “Armageddon time” a esa corriente de nostalgia e introspección que han llevado a cabo directores consagrados para refugiarse en el pasado de los tiempos oscuros que nos toca vivir. Ha sido el caso de Alfonso Cuarón (“Roma”), Pedro Almodóvar (“Dolor y gloria”), Paolo Sorrentino (“Fue la mano de Dios”) o Kenneth Branagh (“Belfast”) teniendo en la próxima temporada dos nuevos ejemplos como son los de Steven Spielberg (“The Fabelmans”) y el que nos ocupa, un James Gray que ha emocionado con una historia semiautobiográfica heredera de "Los cuatrocientos golpes" (1959) de François Truffaut sobre el paso de la adolescencia a la edad adulta en el barrio de Queens, Nueva York, a mediados de los años 80. Además de estos ejemplos evidentes también se menciona a títulos como “Cometas en el cielo” (2007), “Wonderstruck” (2017) o “The tender bar” (2021) en lo referente al estilo de la cinta contando con la fotografía de un Darius Khondji siempre exquisito.

“Armageddon time” se desarrolla en la USA de Ronald Reagan, aquella en la que el desmoronamiento del sueño americano dejó claro el espejismo de los valores de una cultura del esfuerzo que no era trasladada en la práctica viéndose, desde la perspectiva de un crío, en los rostros de unos padres abnegados pero también frustrados y cansados. Una mirada a cómo cuando uno crece se le obliga a posicionarse dentro del estigma del grupo social al que pertenece a pesar de los sueños, anhelos, creencias e impulsos de cada uno alentando la confrontación y no la convergencia. Un Estados Unidos extasiado por su tradición y la fanfarria de las barras y estrellas frente a otro que sufre la crisis económica, el desencanto de Vietnam, el auge del populismo y, sobre todo, el pragmatismo que lleva a tener que sobrevivir ante la falta de oportunidades. Un Estados Unidos racista y clasista en el que unos no están destinados a juntarse con los otros y el elitismo y la miseria se hereda, algo que se transmite desde la propia escuela, incluso, como caladero de nuevos simpatizantes para la causa cuando se antepone la educación privada a la pública por considerarse que labrará un mejor futuro aunque eso implique dejar atrás amistades e inquietudes personales.

Más de siete minutos de ovación ha recibido en su pase una de las películas que a buen seguro conquistará a la crítica teniendo en cuenta el predicamento de un James Gray que siempre ha ofrecido un cine cuidado, elegante y hondo emocionalmente, siendo tan clásico en forma como demoledor en fondo, a pesar de su aparente sencillez y calculada sobriedad, hablando de temas como la soledad, la familia y la responsabilidad de lo que se espera de nosotros bien por tradición o bien para encajar dentro del rol que establecen los demás a la hora de hablar de lo que es triunfar. Es la época de Reagan, resonando su pertinencia ante el temor latente de la amenaza nuclear y la necesaria reivindicación de lo público, pero también es el precedente de lo que ha propiciado en nuestro tiempo los vaivenes políticos avivados por la indignación de los que han encauzado ese mensaje, algo que se evidencia teniendo en cuenta el papel que interpreta una de las actrices del momento en un breve cameo.

Michael Banks Repeta interpreta a ese niño pelirrojo y pecoso que es testigo no consciente de lo que hay alrededor encontrando el calor del afecto de los suyos, los cuales miran hacia delante por él para no hundirse en el ensimismamiento, el idealismo vacío o el desengaño de toparse con murallas en las que, a pesar del trabajo y el empeño, no hay posibilidad de ser traspasadas. Jeremy Strong y Anne Hathaway interpretan a los devotos padres del crío protagonista mientras que Anthony Hopkins, en un tercer acto de su carrera brillante, se ha llevado grandes elogios por dar vida a ese abuelo empático y tolerante que roba el corazón con sus lecciones de vida y que, a pesar de haber vivido algunas de las grandes tragedias del siglo XX, entre ellas la guerra o la necesidad de tener que emigrar, sigue con la capacidad de seguir soñando transmitiéndole ese espíritu a su nieto.

A pesar de que “Armageddon time” ya se coloque como una de las cintas que a buen seguro serán más destacadas de esta edición también ha habido reacciones contrarias que le achacan el pobre desarrollo de los personajes, un conflicto narrativo nimio y un final abrupto. En todo caso todos coinciden es que es un lúcido y acertado retrato nostálgico del Estados Unidos de la época y que, a pesar de que da la impresión de que no se le pone en el valor que merece, James Gray es uno de los directores más interesantes del cine contemporáneo.

A pesar de ser la sexta vez en competición hacía 33 años que Jerzy Skolimowski no entraba en la lucha por la Palma de Oro, premio que no ha ganado el respetado director polaco. No parece que el premio mayor vaya a caer de su lado por la experimental "EO", doblando la apuesta que llevó a cabo Andrea Arnold con el documental "Vaca" (2021) en el que veíamos el nacimiento, vida y muerte de este animal en una granja. Desde el prisma de un asno asistimos a su peregrinaje en el que se encuentra con personas de todo tipo marcadas por el azar y el destino, siempre manteniendo la inocencia, pero también siendo testigo de los grises de una vida que evolucionan de la fortuna a la desdicha, y de la risa al llanto, en cuestión de segundos. 86 minutos de alegoría poética sobre la Europa contemporánea deudora de "Al azar de Baltasar" (1966) de Robert Bresson en lo que es una fábula sobre un burro que abandona el circo en el que vive para descubrir cómo es el mundo allá fuera.

El director de 84 años ha sorprendido y ha conquistado a la crítica con este emotivo y humanista retrato que mezcla barroquismo con sensibilidad y, sobre todo, pretende ser un tributo a la naturaleza y la manera mucho más orgánica y respetuosa que tienen los animales de conectar con ella frente a unos humanos egoístas e invasivos. El mundo a través de un burro deprimido que intenta encontrar su sitio y, cómo a pesar de esa premisa, se permite conectar con el sentimiento global de hastío y desesperanza radiografiando el alma humana sobre el papel que jugamos cada uno de nosotros en el mundo y el papel imprescindible que se juega formando parte de esa rueda en la que se sustenta la preservación de nuestro entorno.

Un viaje tierno a la par que entretenido e irónico en el que por el camino el protagonista se encontrará con un traficante de carne, un atractivo sacerdote y, en un breve papel, Isabelle Huppert que se une a este singular y alabado recorrido que ha deleitado por su concreción, belleza y poder metafórico, evocador y reflexivo. Aunque sea pronto la sensación es que puede estar presente en el palmarés ante lo arriesgado, simbólico y original de la propuesta que deleita por su halo pictórico.

En la Quincena de Realizadores había mucho interés en "L'envol", lo nuevo de Pietro Marcello tras "Martin Eden" (2019), que quedó fuera de la competición inaugurando esta sección. Una fábula que no ha convencido siendo acusada de trillada, caótica y anacrónica a pesar de encerrar cierto encanto por su realismo mágico en la historia de una joven que ha sentido siempre la ausencia de su padre, veterano de la I Guerra Mundial, que siempre ha creído (tras el encuentro con un mago) que un día podrá salir de su pueblo. Adaptación de la novela de Alexander Grin con la que el director ha combinado la realidad y el surrealismo a través de la estética analógica y las imágenes de archivo, como hizo en su anterior cinta, a la hora de ilustrar a un mundo roto en la posguerra que intenta como puede, sea mediante experiencias verídicas o puras ensoñaciones, salir adelante en la conjunción de humanos y naturaleza.

Y la representante del glamour de la jornada no ha sido otra que Julia Roberts en la alfombra roja de "Armageddon time".

Nacho Gonzalo

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