Cannes 2026: El humanismo y el elogio de los cuidados de Ryūsuke Hamaguchi deslumbra en la lucha por la Palma de Oro
Querido Teo:
La 4ª jornada del Festival de Cannes viene marcada por la de un nombre. El japonés Ryūsuke Hamaguchi presenta "Soudain", una de las aspirantes que sobre el papel más posibilidades tenía de cara a luchar por la Palma de Oro (contando además con la baza de que es de NEON). Así ha sido porque el director de "Drive my car", con la que ganó en Cannes el premio al mejor guión iniciando un recorrido que le llevó hasta los Oscar, ha deslumbrado con su humanismo y su elogio de los cuidados a pesar del reto de ser una película muy dialogada y con mucha carga emocional interior a lo largo de 196 minutos. Frente a un Pawel Pawlikowski que no ha superado a sus anteriores trabajos y un Asghar Farhadi que ha dado un paso en falso, Hamaguchi se sitúa como el primer favorito de verdad para la Palma de Oro.
"Soudain" (Ryūsuke Hamaguchi) // Sección Oficial
En París, Marie-Lou Fontaine, directora de una residencia de ancianos, se esfuerza por implementar una filosofía de atención innovadora basada en la escucha activa y el respeto a la dignidad de los residentes, a pesar de la escasez de medios y la resistencia de parte de su personal. En medio de estos problemas, su encuentro con Mari Morisaki, una directora de teatro japonesa que lucha contra el cáncer, transformará profundamente su vida. Al forjar una profunda amistad, ambas mujeres unen fuerzas en una lucha compartida para lograr lo imposible.
Desde luego no es casualidad que "Soudain" nazca del hecho de la preocupación habitual de la cinematografía francesa por temas sociales como la sanidad y la educación y de que Japón sea la sociedad más envejecida del mundo. Esta coproducción entre ambos países lleva a Ryūsuke Hamaguchi a crear un ecosistema luminoso, que no sin dificultades y recelos, habla de la posibilidad de crear un sistema mejor anteponiendo el cuidado, la escucha activa y la dignidad.
Es el empeño que muestra la directora de una residencia de ancianos en París, una siempre estupenda Virginie Efira, que frente a los recortes y los escepticismos de algunos anclados en un modo tradicional de hacer las cosas así como los recortes y el estrés de largas jornadas laborales, pretende a través de un programa que antepone la humanidad y la dignidad como principal ingrediente, dar esperanza a unos ancianos que son protagonistas de sociedades cada vez más envejecidas pero cuyos gobiernos no saben que hacer con ellos en un momento en el que las enfermedades y las dependencias van de la mano del aumento de la esperanza de vida.
Ryūsuke Hamaguchi potencia un estilo ya enarbolado en su anterior trabajo en el que la cadencia y el valor de la palabra lo es todo, pidiendo al espectador paciencia para, tras una parte demasiado expositiva, verse poco a poco arrebatado por el calor emocional de una historia que termina dando sus frutos con escenas realmente poderosas a la hora de poner a la muerte en la conversación y que acaban reconfortando el alma y haciendo creer que el mundo es un lugar mejor apostando por la conexión emocional de determinadas personas, en un ejercicio de humanismo y empatía que escasea y que es el motor para cambiar las cosas a mejor poco a poco.
Hamaguchi utiliza de nuevo, y tras un encuentro fortuito, el recurso del teatro como catarsis y vehículo de emociones, representado en una directora de escena que se convierte en cómplice en el cometido de la protagonista y que representa una obra sobre la desaparición de los manicomios en Italia junto a un actor japonés y su nieto con autismo.
Una propuesta que parece plantearnos una utopía pero que, en clara herencia del cine de Rohmer, hace un elogio de lo cotidiano y antepone la conversación de dos mujeres para buscar, aunque sea a través de una pizarra, entender frente a las cortapisas de un capitalismo que solo mira el beneficio y que ha sido causante de circunstancias como la baja natalidad, el cambio climático o el egoísmo y que nos hace no ver más allá de las pantallas de nuestros dispositivos.
"Soudain" habla de la amistad femenina, de las complejidades y permeabilidades de un entorno laboral y de cómo encarar, a base de compasión y empatía, una pequeña gran revolución para ese camino angosto y duro hacia entender nuestra propia mortalidad y la manera tanto de amparar en el camino como de decidir sobre la misma.
El mérito que tiene la cinta es no caer ni en el melodrama ni en la sensiblería y, aunque sus divagaciones filosóficas son todo un reto, las mismas funcionan de manera orgánica y natural, sin que emerjan como impostadas, acompañando por tanto el desarrollo de un relato que sabe tomarse su tiempo porque sabe que de esa manera, más allá de efectismos, es como el mensaje perdura y termina resultando convincente.
Hamaguchi ha alcanzado el estatus para permitirse, con suma libertad formal y temática, expandir la conversación, estimularnos intelectualmente, voltearnos emocionalmente, y reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer por contribuir a dotar de dignidad la vida de los demás; algo que hace conversar a esta película con "El último suspiro" (2024) de Costa-Gavras.
Una manera de enarbolar la bondad en tiempos oscuros e individualistas pero sin caer en lo ilusorio ya que, aún siendo complejo, lo que termina planteando y narrando se nos antoja posible siempre que los que pueden hacer algo contribuyan decididamente a ello, bien con medidas o bien con los apoyos necesarios. Es lo que la convierte en una película profundamente pertinente y comprometida con un tiempo y con una realidad más presente que lo que muchos quieren asumir, optando por potenciar el cuidado frente al abandono, el respeto y la dignidad frente al olvido y el rechazo.
Porque, decididamente, anteponer la bondad (alejándose de cinismos) puede ser la vía para que, cada uno a su manera, puedan insuflar aire a un mundo en franca decadencia moral y emocional manteniendo la esperanza como propósito vital para contribuir desde el tiempo a presente a poder cambiar el futuro. Hamaguchi abraza esa idea y con la misma nos abraza a nosotros como espectadores haciéndonos perder el miedo de ir a contracorriente y, en un mundo de cínicos y frivolidades, anteponer las cosas que de verdad importan y que no son otras que cuidar al otro.
"Gentle monster" (Marie Kreutzer) // Sección oficial
Lucy y Philip son felices: acaban de mudarse con su hijo a una casa de campo cerca de Múnich. Una mañana, su vida da un vuelco cuando la policía se presenta en su domicilio para detener a Philip y confiscar sus ordenadores. Conmocionada, Lucy busca la verdad sobre su marido. ¿Quién es realmente? ¿Debe alejarlo de su hijo?
Marie Kreutzer se ha ganado la plaza en la competición del Festival de Cannes tras el buen funcionamiento de "La emperatriz rebelde" (2022) con la que Vicky Krieps ganó el premio a la mejor interpretación en la sección Una cierta mirada. Ahora es Léa Seydoux la que se erige como absoluta protagonista de una historia en la que interpreta a una mujer, pianista de profesión, que se ha trasladado a vivir al campo junto a su marido y su hijo. Una vida bucólica que se viene abajo cuando su marido es acusado de pedofilia al poseer material pornográfico en su ordenador.
Léa Seydoux brilla en una cinta en la que tiene que transitar por una amplia gama de emociones que va desde el amor más absoluto, y quizá inconsciente, hasta fases de negociación, incredulidad, decepción y rabia que le llevarán a tener que redefinir una relación en la que ha habido tanto amor y a tomar, sin demora, decisiones no tanto para ella sino para el bienestar de su hijo.
Un tema espinoso que en la cinta es abordado con elegancia y contundencia creando un drama social efectivo, duro y desconcertante que se mete bien en el estupor, dudas y miedo de una protagonista que ve como su vida salta por los aires cuando llega a casa y encuentra que hay una redada policial en su casa.
La directora no termina de involucrarse lo que lleva a que el tono de la película sea difuso e irregular a la hora de volver a mirar al hombre que ama por parte de un guión que no termina de tener la solidez ni la valentía necesaria pareciendo no querer salir del refugio de la mente del personaje femenino.
Es Léa Seydoux la que vale la pena de una cinta que cuenta con la participación de Catherine Deneuve (su segundo trabajo en este Cannes dando vida a la madre de la protagonista) y en la que el Yellow de Coldplay acompaña el diferente reverso de la ambigüedad en la que se mueve la cinta.
"Tangles" (Leah Nelson) // Proyecciones especiales
A Midge, la madre de Leavitt, le diagnosticaron Alzheimer a los 55 años. Tras el diagnóstico, Leavitt regresó a la pequeña y conservadora ciudad canadiense que había dejado atrás, donde aprendió a aceptar a su extraña familia y el deterioro mental de su madre.
"Tangles" está destinada a ser uno de los títulos que más fuerza cojan de las secciones paralelas de este Cannes. Una historia sentida y catártica sobre una joven ilustradora "queer" con un nuevo trabajo y una nueva relación en San Francisco que, a su vez, lidia con la enfermedad de una madre aquejada de Alzheimer lo que le hace volver a su pueblo natal de Maine. Una mujer fuerte y libre que siempre ha sido un referente para la joven y que, en paralelo a su propio despertar personal y profesional, verá como poco a poco su madre se va apagando perdiendo el brillo de quien fue. Una animación 2D en blanco y negro tan reparadora como ingeniosa que sabe moverse tanto por la transgresión como por la emotividad que parte de la novela gráfica de las memorias de Sarah Leavitt.
Una narración animada madura y emocionalmente con los dolores y alegrías de una vida, tanto para entender una nueva realidad, como para redefinir una relación tanto con una madre y un padre cuando, tras la protección y cuidado que aportan cuando solo eres un niño, se pasa a ser las personas que están mas desvalidas de lo que reconocen.
Una película que sabe hacer reír pero también conmover de manera profunda con un estupendo reparto de voces encabezado por Abbi Jacobson, Julia Louis-Dreyfus, Bryan Cranston, Sarah Silverman, Wanda Sykes, Bowen Yang o Seth Rogen, que se permite brillar cantando en uno de los momentos más bonitos de la cinta. En definitiva, una más que notable apuesta de animación canadiense que sabe captar toda la turbulencia emocional de aquellos que hayan vivido algo parecido lo que ha garantizado que haya sido una de las cintas que más hayan hecho brotar las lágrimas por el momento.
"Propeller one-way night coach" (John Travolta) // Cannes Première
En la edad dorada de la aviación, un joven entusiasta de los aviones, Jeff, y su madre se embarcan en una odisea sin billete de vuelta con destino a Hollywood, un simple vuelo que se transformará en el viaje de sus vidas. Entre comidas de aerolínea, encantadoras azafatas, paradas inesperadas, compañeros de viaje insospechados y un emocionante atisbo de lo que oculta la primera clase, se desarrolla un trayecto mágico que marcará el rumbo futuro del muchacho.
John Travolta debut en la dirección y ha sido recibido con los brazos abiertos en la sección Cannes Première. Allí se ha visto "Propeller one-way night coach", un canto de amor, desde una mirada infantil, a una de sus mayores pasiones como es la del mundo de la aviación y que se basa en un libro del propio Travolta publicado en 1997. A Travolta le encantaba ver de niño cómo despegaban aviones desde el aeropuerto LaGuardia de Nueva York, cerca de su casa. Comenzó a volar a los 15 años, obtuvo su primera licencia de piloto a los 22 y desde entonces ha obtenido numerosas certificaciones: está certificado para volar Boeing 707, 737 y 747, el Global Express de Bombardier y fue el primer piloto privado en volar un Airbus A380.
Esa pasión es la que brota en una película que es un proyecto muy personal, buena parte de su familia aparece durante la cinta, en lo que no es más que una cinta de una hora de duración que, si bien es una propuesta naif y nimia, con estética vintage y chispeante a lo "Mad Men", que sabe captar la ilusión infantil para un niño en su primer vuelo con escalas allá por la década de los sesenta imprimiéndole un tono de fábula elegante en ese viaje inolvidable del niño con su madre hacia Los Ángeles (donde a ella le llega una gran oportunidad como actriz) a través de diversas escalas y coincidiendo con el último vuelo de un piloto que ejerce de voz en off.
Una apuesta peculiar que hay que tomársela como un cuento que Travolta se ha regalado a sí mismo y que ha querido compartir aunque, por el momento, navegue entre la fascinación y el publirreportaje de líneas aéreas.
Al menos ha servido para que Thierry Frémaux se haya sacado de la manga una de esas Palmas de Oro honoríficas que ha recibido Travolta ovacionado por la sala tras un vídeo que ha repasado su carrera.
Otros títulos
* En Una cierta mirada se ha visto "Club kid" de Jordan Firstman, debut en la dirección en la que un promotor de fiestas underground en decadencia da un giro cuando tiene que hacerse cargo de un hijo cuya existencia desconocía. Una película efervescente y conmovedora que se adentra en la escena "queer" de Nueva York en un canto vital de respeto y cuidados para un entretenimiento poco convencional que abraza y acoge al disidente y marginado a partir de un encuentro orgánico que se resuelve con naturalidad y sensibilidad. Apunta a ser una de las películas "indies" de la temporada cuando encuentre distribuidor.
* En la Quincena de Cineastas un plato fuerte como el de Radu Jude con "Le journal d'une femme de chambre (The diary of a chambermaid)" que parte de una joven rumana que vive en Francia y que trabaja para una familia francesa en Burdeos uniéndose a una compañía de teatro que está adaptando "El diario de una camarera" de Octave Mirbeau. El director sigue los pasos de Luis Buñuel o Jean Renoir adaptando una historia a la que imprime de más humor pero también de una mirada más descarnada a la hora de mostrar las hipocresías de la clase burguesa. Jude combina el problema de la inmigración, con el prejuicio y la diferencia de clase, con un maridaje entre vida, teatro y cine lleno de ironía y de azote a una sociedad que recibe pero que no acoge al ser menos moderna, inclusiva y democrática de lo que se cree. Sorprende que con el estatus del director no le haya dado para poder formar parte de la sección oficial.
* Fuera de concurso se ha visto "Karma" de Guillaume Canet, un regalo interpretativo para Marion Cotillard que interpreta a una mujer que intenta rehacer su vida en un pueblo del norte de España junto a su nueva pareja pero que, un día, cuando su ahijado de seis años desaparece repentinamente, se refugia del cerco que le estrecha la policía en Francia en una comunidad religiosa en la que nació y de la que había huido unos años antes. Una cinta en la que acompañan a la actriz Leonardo Sbaraglia, Luis Zahera y Denis Ménochet.
* En las Proyecciones de medianoche "Gun-che (Colony)" de Yeon Sang-ho que parte de una conferencia de biotecnología que se convierte en un caos cuando un virus que muta rápidamente transforma a los infectados, obligando a las autoridades a sellar las instalaciones con los supervivientes atrapados en su interior. Una cinta con la que pincha en hueso el director de "Train to Busan" (2016).
* En Quincena de Cineastas también se ha visto "Atonement (L'apaisement)" de Reed Van Dyk en la que un marine con problemas busca reconciliarse con los supervivientes de una familia iraquí a la que él y su unidad dispararon en 2003. Los traumas y el dolor de la guerra visto desde ambas perspectivas contando en su reparto con Boyd Holbrook y Kenneth Branagh.
El "flash" de Cannes 2026
Nacho Gonzalo











































