Cine en serie: "The capture", o a la tercera todo es posible
Querido Teo:
Antes, una imagen falsa necesitaba un falsificador experto. Ahora puede bastar una frase escrita por un idiota. Ese es el abismo que separa el nacimiento de "The capture" de su tercera temporada. La serie creada por Ben Chanan llegó en 2019 con una premisa de apariencia clásica y fondo muy contemporáneo: un hombre queda atrapado por una imagen de videovigilancia que parece demostrar algo que quizá nunca ocurrió. La pregunta era sencilla, pero demoledora. Si la cámara se ha convertido en testigo, juez y archivo de la realidad, qué pasa cuando alguien puede manipular esa cámara.
Su creador, Chanan, venía del documental y conocía bien el valor probatorio de una imagen. Antes de "The capture" había dirigido piezas de no ficción y dramas basados en materiales reales, así que su obsesión no nacía solo de la ciencia ficción, sino de una preocupación periodística y judicial muy concreta: la autoridad casi sagrada que concedemos al vídeo.
Él mismo ha contado que la idea de la serie surgió al cruzar dos miedos de nuestra época. El primero, que casi todo lo digital puede ser intervenido. El segundo, que la imagen grabada se utiliza cada vez más como prueba definitiva. Lo interesante es que, cuando empezó a trabajar en la primera temporada, la palabra "deepfake" todavía no estaba instalada en la conversación pública. Según ha explicado después, ni siquiera conocía ese término al comienzo del proceso, y fue durante la preparación de la serie cuando empezó a escucharlo y a incorporarlo al guion.
Para entender el clima en el que nace "The capture" conviene recordar algunos ejemplos. En 2016, el proyecto Face2Face mostró que ya era posible reanimar en tiempo real el rostro de una persona en vídeo, trasladando gestos y movimientos faciales desde una webcam común. En las demostraciones podían verse rostros conocidos, como Barack Obama, George W. Bush, Vladímir Putin o Donald Trump, moviéndose según las expresiones de otra persona. El enlace al proyecto permite ver hasta qué punto aquella tecnología parecía a la vez rudimentaria y alarmante.
Después llegó el momento en que el miedo dejó de ser una cuestión de laboratorio. En 2018, Jordan Peele y BuzzFeed difundieron un falso vídeo de Barack Obama para advertir sobre la desinformación audiovisual. El resultado no pretendía engañar durante horas, sino hacer comprender en segundos una amenaza nueva. Un presidente de Estados Unidos podía aparecer diciendo cosas que nunca había dicho.
La falsificación audiovisual exigía todavía material previo, intervención técnica, tiempo de preparación y cierta pericia. Había fallos visibles en la piel, en los bordes del rostro, en la sincronía de la boca, en la luz, en los ojos. El fraude podía ser eficaz, pero no era todavía un producto doméstico, instantáneo y masivo. Era una amenaza creíble, aunque aún conservaba algo de truco preparado.
"The capture" imaginó el paso siguiente. No se preguntaba solo si alguien podía falsificar una imagen, sino qué ocurriría si esa imagen falsificada entraba en el circuito de la justicia, la policía, los informativos, los servicios secretos y la opinión pública. La serie entendió antes que muchas ficciones que el verdadero problema no era la mentira, sino la pérdida de autoridad de la prueba visual.
Durante más de un siglo hemos aceptado una idea cómoda: la cámara no piensa, no interpreta, no fabula. La cámara registra. "The capture" dinamita esa confianza. Si la cámara también puede mentir, o si alguien puede hacerla mentir, lo visto deja de ser una certeza y se convierte en un campo de batalla.
Cinco o seis años después, la tercera temporada llega a un mundo muy distinto. Ya no hablamos solo de intercambiar una cara o de mover los labios de una figura pública. Hablamos de modelos capaces de generar vídeo a partir de texto, de crear escenas enteras, de animar imágenes fijas, de introducir voces, ambientes, movimientos de cámara y una textura visual suficientemente convincente para circular como realidad. OpenAI presentó Sora como un modelo capaz de crear vídeos a partir de instrucciones escritas. Su propia página de presentación muestra ejemplos de escenas generadas desde texto.
Google, por su parte, ha desarrollado Veo, un modelo de generación de vídeo que ya incorpora capacidades de creación desde texto e imagen, y en sus versiones recientes también generación de sonido, diálogo y efectos. La página de Google DeepMind permite ver ejemplos del salto actual.
La comparación es elocuente. Cuando "The capture" empezaba a escribirse, el ejemplo inquietante era un falso Obama fabricado para demostrar que el vídeo podía ser manipulado. Hoy, tres temporadas más tarde, la inquietud es más profunda: una escena completa puede no haber existido nunca. No se trata solo de poner una boca falsa sobre una cara verdadera. Se trata de fabricar el espacio, la luz, el gesto, la voz y la acción. Antes la pregunta era si alguien había retocado una prueba. Ahora la pregunta es si la prueba nació ya falsa.
Por eso "The capture" ha envejecido de una manera extraña. No parece una serie superada por la tecnología, sino alcanzada por ella. La primera temporada preguntaba si podíamos fiarnos de una cámara de seguridad. La segunda ampliaba la sospecha hacia la televisión, la política y la emisión en directo. La tercera arranca en un terreno todavía más incómodo, porque ya no solo se discute la manipulación de una imagen concreta. Se discute el estatuto mismo de lo visible.
La ficción de Ben Chanan pertenece a esa familia de relatos paranoicos en la que la conspiración no necesita esconderse en un castillo ni en un búnker. Le basta una pantalla. Una señal de vídeo. Una sala de vigilancia. Un archivo que parece limpio. Una secuencia que todos creen haber visto. "The capture" nació en plena conversación sobre las noticias falsas, los excesos de la vigilancia y la fragilidad de la democracia ante la manipulación digital. En 2019 esa conversación sonaba inquietante. En 2026 suena cotidiana.
La tercera temporada, por tanto, no empieza solo con una nueva trama. Empieza con una ventaja dramática enorme: el espectador ya vive dentro del miedo que la serie había imaginado. Cada imagen sospechosa, cada vídeo viral, cada rostro demasiado perfecto y cada declaración imposible nos devuelven a la misma pregunta. No si la tecnología puede engañarnos. Eso ya lo sabemos. La pregunta es cuánto tardaremos en darnos cuenta.
"The capture" puede verse en España en Movistar+
Carlos López-Tapia






















