Conexión Oscar 2020: Festival de Toronto (VII): “Jojo Rabbit”

Conexión Oscar 2020: Festival de Toronto (VII): “Jojo Rabbit”

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Querido Teo:

En nuestra última jornada en el Festival de Toronto pudimos ver “Jojo Rabbit”, uno de los proyectos más singulares de esta temporada que lleva Fox Searchlight Pictures y que ya ha levantado (a priori) ampollas sólo por su premisa, una sátira política con un Hitler como amigo imaginario de un niño que vive con su madre soltera en la Alemania con pleno dominio del nazismo. Lo que nos encontramos en realidad es una deliciosa fábula que nos ha hecho reír, llorar y reflexionar durante su metraje siendo una de las cintas que podría dar la sorpresa en las votaciones del Premio del Público.

"Jojo Rabbit" es el nuevo trabajo de Taika Waititi, una de las voces más prolíficas del cine de Hollywood en la actualidad tras la película y serie de “Lo que hacemos en las sombras” y la tercera y (futura) cuarta película de “Thor”. Una cinta en la que un crío de 10 años, que recibe el calificativo de Rabbit por ser incapaz de acabar con la vida de un conejo durante el campamento de juventudes nazi en el que se encuentra, teniendo posteriormente un accidente que le llevará a su casa (donde vive con su madre soltera) descubriendo que tiene guardada en el ático a una niña judía. Waititi dirige y adapta la novela de Christine Leunens teniendo la valentía de llenarla de frescura, humor y ternura con un humor tan negro como ligero, sin abandonar los momentos más emotivos contando con un reparto entregado que se ha volcado ante la valentía de la propuesta del director en tiempos de la dictadura de la corrección política. Una cinta que en ningún momento busca explotar ninguna polémica sino utilizarlo como crítica de cómo sobrevivir desde la mirada ingenua y despierta de un crío a un mundo que parece ir a la deriva pero en el que, incluso en los peores momentos, siempre hay que tener esperanza en los demás para salir adelante.

Waititi se apropia del espíritu de Ernst Lubitsch, Mel Brooks y el tono encantador e intencionadamente naif de "Moonrise kingdom" o “La vida es bella” con algunas secuencias memorables como la de la presentación del niño protagonista (un entrañable y divertidísimo Romain Griffin Davis que físicamente recuerda al crío de otra película ambientada en Alemania como “El tambor de hojalata”) que lleva la película a sus espaldas con una de esas interpretaciones infantiles bendecidas por el don de la espontaneidad menos artificiosa, así como las apariciones de un Waititi entre voz de la conciencia que lleva al extremo (pero sin desbarrar) la desmitificación de la figura de Hitler, no habiendo sido la primera que hemos visto en el cine pero sí una de las mejor casadas dentro del tono de la cinta. Pero si hay algo que llega a la maestría es cuando vemos cómo se resuelve la escena que comparten, y qué podría valorarse como un viraje ficcionado de la historia de “El diario de Ana Frank”, con el citado Lubitsch sobrevolando el impagable timing cómico de la secuencia, unos Sam Rockwell y Stephen Merchant memorables. Precisamente es Rockwell el que sigue demostrando que está en un momento de madurez interpretativa a la altura de muy pocos aportando ese carisma y aire eléctrico en sus trabajos que, a pesar de que podría haber caído en la clásica parodia de un nazi megalómano, está llena de humanidad e incluso con sus momentos para combinar lo más duro pero también lo redentor. La joven en alza Thomasin Harcourt McKenzie, una luminosa Scarlett Johansson y unos estupendos Alfie Allen y Rebel Wilson como robaescenas no hacen más que redondear todo un canto de libertad, riesgo e ingenio con el contexto histórico de un nazismo que vivía poco a poco en esos meses su desmembramiento.

“Jojo Rabbit” es un necesario bálsamo como fábula frente al odio en estos tiempos de crispación y ofendidos de los que somos incapaces de salir con una doble moral realmente coartadora. El brío de "Uno, dos, tres...", la sátira de "El gran dictador" y la combinación ternura y dureza de "La vida es bella" se dan cita en una propuesta que demuestra que lo realmente rompedor y provocador no es avivar polémicas ni herir sensibilidades sino, en un mundo críptico e impersonal, que todavía haya vía para la esperanza como ese baile y número final musical que realmente nos llega a confirmar que estamos ante un milagro de película con un Waititi realmente inspirado ante un panorama que narra lo que en realidad es la guerra, algo tan grotesco y crudo que nunca es solución para nada pero sí el origen de más problemas de los que ya de por sí tiene el mundo. Que no nos confundan, lo ofensivo no es que haya películas que adopten esta postura a la hora de tratar ese contexto histórico, lo realmente vergonzoso es que eso sucediera en un determinado momento. Ojalá películas que celebran la vida y la solidaridad entre diferentes personas e ideas como ésta pudieran ser una gota aunque fuera nimia para que algo así nunca vuelva a pasar.

Nacho Gonzalo

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