"Desayuno con diamantes", la melancolía y amargura de una burbuja bañada de sofisticación y clase

"Desayuno con diamantes", la melancolía y amargura de una burbuja bañada de sofisticación y clase

1 Sarcofago2 Sarcofagos3 Sarcofagos4 Sarcofagos5 Sarcofagos (Sin votaciones)
Cargando...

Deja tu comentario >>

Querido Teo:

Hace 65 años se estrenó "Desayuno con diamantes", bien asentada en la cultura popular audiovisual. La cinta de Blake Edwards tiene a Audrey Hepburn como símbolo de la elegancia, la sofisticación y cierta ingenuidad pícara reflejando la historia de una joven que vive en su burbuja entre croissants, champagne y su fascinación por las joyas que, tras bajar de un taxi, observa desde el escaparate de Tiffany’s ante el que se planta en la Quinta Avenida de Nueva York, siempre que decide cambiar el color que representa el ánimo de cada uno de sus días.

Nacida de la imaginación de Truman Capote, la novela que sirvió como base para "Desayuno con diamantes" (1961) fue todo un éxito. No es extraño que pronto Hollywood se interesara en su adaptación. Fueron unos productores de Paramount Pictures los que compraron los derechos y contrataron al guionista de "La tentación vive arriba" (1955), George Axelrod, para disgusto de Capote y es que éste terminaría ganando más por la adaptación que el escritor por los derechos de autor. Tampoco quedó satisfecho Capote con la actriz elegida ya que prefería a Marilyn Monroe para el papel.

Ésta incluso había ensayado dos escenas para interpretarlas ante el escritor pero fue su mentora y protectora, Paula Strasberg, la que le recomendó que no aceptara el papel. Eso llevó a los productores a que se fijaran en Shirley MacLaine, la cual rechazó la oferta porque quería evitar encasillarse con ese tipo de rol. Así, por tanto, la elegida fue la estrella más reluciente del Estudio, Audrey Hepburn.

La mayoría de la obra de Truman Capote ha sido trasladada al cine sin su colaboración y entre las adaptaciones destaca en popularidad "Desayuno con diamantes" (1961), de Blake Edwards, por lo mucho que se alejó de lo escrito por Capote dos años antes: "En realidad el libro era bastante amargo y Holly Golightly era un personaje duro. Para nada como Audrey Hepburn. Mi primera elección para interpretarla fue Marilyn Monroe. Me parecía perfecta para el papel. Holly debía tener un toque conmovedor y Marilyn lo tenía pero los de la Paramount me engañaron y se lo dieron a Audrey". Capote también lamentó que Hollywood hubiera convertido la historia tragicómica de una prostituta excéntrica de Manhattan en “una empalagosa postal de Nueva York”.

La historia de Capote contiene ternura pero es ácida e ingeniosa. Es fría al no juzgar a los personajes pero cálida y compasiva al describirlos. La película sustituyó la mordacidad y la sutileza de la novela por una exaltación de Nueva York. La prostituta caprichosa, y actriz fracasada antes incluso de llegar a serlo, quedó inmortalizada por Audrey Hepburn. La actriz más alejada posible del personaje ideado por Capote.

La actriz dudó antes de aceptar encarnar a una mujer de vida promiscua, una "locuela" según la definición del representante de la actriz. Su imagen pública, junto a la censura de la época, llevaron a que se escondiera la amoralidad de la historia. Para el personaje masculino el elegido fue George Peppard que, por aquel entonces, se mencionaba como posible sucesor de James Dean aunque, finalmente, sería recordado sobre todo por su interpretación de Hannibal en la serie de televisión "El equipo A" (1983-1987).

Actor del Método, su estilo interpretativo difería mucho del de Audrey Hepburn y no congeniaron nada bien. Seguramente debió de sufrir bastante con la escena de la fiesta, improvisada en su mayor parte en el plató. Se dice que esta fiesta es de lo poco que pudo introducir en el guión Blake Edwards, contratado cuando la historia estaba casi terminada.

El vestuario de la película fue diseñado, como no, por Givenchy y sirvió para convertir a Audrey Hepburn en un icono de la moda y en un ejemplo de elegancia que todavía hoy se mantiene. El vestido en satén italiano negro, sin mangas y largo hasta el suelo con cuerpo ceñido que porta en la escena inicial, junto con esos guantes hasta el codo y el collar de perlas, suponen la imagen que a cualquiera se le viene a la cabeza en primer lugar cuando piensa en la actriz. Todo ello además de ser el vestido negro más famoso de la historia del cine.

Audrey sería también para siempre muy recordada gracias a la escena en la que interpreta la canción Moon river de Henry Mancini mientras se encuentra sentada en la escalera de incendios de su edificio de apartamentos. El compositor cuenta que fue una de las melodías que más le costó crear pues tardó casi un mes en decidir cómo orientar la música de la película.

También contaba que la nostalgia que desprende el tema procede de la propia Hepburn, pues fue cuando la conoció cuando le llegó la inspiración. Terminó siendo un brutal éxito merecedor de 3 Grammys y centenares de versiones pero, la verdad, es que la canción estuvo a punto de quedarse fuera de la sala de montaje.

Resulta que en un pase de prueba con buena reacción del público el presidente de Paramount Pictures opinó que esa "puñetera canción" debía de desaparecer. Audrey reaccionó indignada diciendo que solo podría hacerse sobre su cadáver. Finalmente, por suerte, logró imponer su criterio. La película recibió críticas mixtas pero el público reaccionó con entusiasmo. En la ceremonia de los Oscar Audrey Hepburn tuvo que ver como Sophia Loren ganaba la estatuilla a la mejor actriz protagonista, pero sí que pudo subir al escenario para entregar el premio a la mejor canción a Henry Mancini, el cual ganó también el de mejor música. Los dos únicos galardones que obtuvo la película en la ceremonia sobre cinco nominaciones.

En la adaptación a la pantalla los personajes sufrieron cambios tan importantes como el tono de la historia y su melancolía final. Capote no quiso reconocer su historia en el resultado. Era natural que no reconociera el "bitter" que había escrito, transformado por la pantalla en vino dulce. Una burbuja chispeante y vaporosa pero más reparadora que trascendente más allá de ser un ejemplo de estilo. 

Desde el lluvioso final melancólico de la novela, convertido en llovizna de pasión amorosa con el acompañamiento lujoso de la música de Mancini, hasta la ligera perversión de la protagonista, transformada en ingenuidad sorprendente y pícara, combinándose para exhibir un derroche de vestidos, peinados y elegancia. El relato de Capote ofrece mucho más, tenía potencia suficiente a pesar de su brevedad para haber pasado por otras manos, de Billy Wilder por ejemplo, y haberse convertido en clásico por mérito de la propia historia y no solo por la iconografía alrededor de su protagonista.

Eso sí, el sorprendente personaje que aceptó interpretar Audrey Hepburn, el romanticismo imposible, o su contenido atrevido, formaron un conjunto irresistible para el público de 1961. Atrajo a una nueva generación de espectadores en un momento en el que Estados Unidos cambiaba a nuevas costumbres de comida y bebida, así como de aspiraciones sociales y económicas. Los antiguos cimientos empezaban a resquebrajarse aunque, dentro del idealismo aspiracional que pretende reflejar el cine, en Hollywood no se atrevieron a que en "Desayuno con diamantes" se vieran las grietas.

Nacho Gonzalo

¿Compartes?:
  • email
  • PDF
  • Print
  • RSS
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • FriendFeed
  • LinkedIn

Comentarios

Suscríbete
Notificar
guest
0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
0
Me encantaría conocer tu opinión, comenta.x
()
x