In Memoriam: José Luis García Sánchez, inteligencia y lucidez a la hora de explorar la condición humana
Querido Teo:
A los 85 años ha muerto el director José Luis García Sánchez, una de esas mentes lúcidas y plumas afiladas que, alejadas de cinismo pero sí abrazando la ternura y patetismo a la hora de explorar la condición humana, fue capaz de usar humor para hablar de la sociedad a lo largo de las seis últimas décadas. La casualidad ha hecho que haya fallecido justo cuando se cumple un siglo y un día del nacimiento de Rafael Azcona, con el cual firmó algunas de las colaboraciones más exitosas y recordadas de su carrera. Y es que él siempre tuvo claro que su gran suerte había sido cruzarse con "magníficos profesionales y magníficos amigos".
Este salmantino de pro nacido el 29 de septiembre de 1941 tocó todos los palos, en cuanto a géneros y temáticas, a pesar de que su carrera iba encaminada a seguir los pasos de Derecho o Sociología, carreras en las que se licenció. Formaba parte de la generación de realizadores que no pudo licenciarse en la Escuela Oficial de Cinematografía por una expulsión masiva de alumnos por cuestiones ideológicas.
Con “Las truchas” (1978), reivindicativa y ácida comedia con ecos a Buñuel y Ferreri y con la sombra de una España que nuestro país quería dejar atrás, ganó el Oso de Oso a la mejor película en el Festival de Berlín. Años después se llevaría la Concha de Plata a la mejor dirección del Festival de San Sebastián por el musical “La corte del faraón” (1985).
Formó parte del engranaje perfectamente medido y luminoso que fue “Belle Époque” (1992) ganando el Goya al mejor guión original compartido con Fernando Trueba y Rafael Azcona. Repitió el premio año siguiente por “Tirano Banderas” (ahora en adaptado) y de nuevo de la mano de Azcona con el que también compartió el resto de sus candidaturas al Goya por “Pasodoble” (1988), “El vuelo de la paloma” (1989) y “Tranvía a la Malvarrosa” (1996).
Considerado más escritor que guionista supo tocar la crónica social, la comedia negra, el musical y el esperpento social. Además de en “Tirano Banderas” (1993) había adaptado previamente a Valle-Inclán en “Divinas palabras” (1987), uno de sus grandes referentes y al que llevó también al teatro siempre que pudo, y la colaboración con Azcona trascendió más allá de la propia vida de éste ya que García Sánchez, quedando como su última película, adaptó “Los muertos no se tocan, nene” (2011).
La misma pretendía la última parada de la trilogía dirigida por Marco Ferreri en “El pisito” (1959) y continuada al año siguiente con “El cochecito” (1960). La obra suponía un homenaje a su gran amigo y colaborador Rafael Azcona, creador de la novela “Pobre, paralítico y muerto”, en la que se basan las tres historias, y que se quedó con la espinita de no poder ver esta historia en pantalla grande.
Otros de sus trabajos destacados son “El love feroz o cuando los hijos juegan al amor” (1975), “Colorín colorado” (1976), “Dolores” (1981), “La noche más larga” (1991), “Suspiros de España (y Portugal)” (1995), “Siempre hay un camino a la derecha” (1997), “Adiós con el corazón” (2000), “Lázaro de Tormes” (2000), “La marcha verde” (2001) o “María querida” (2004). A destacar también su labor como guionista para Manuel Gutiérrez Aragón en “Habla, mudita” (1973), “Camada negra” (1977) y “El rey del río” (1995).
Lamentablemente estuvo retirado en contra de su voluntad en los últimos años tal y como se recuerda en su despedida en El País : “Ahora o haces cine con las televisiones o no hay cine, y estas no quieren directores, sino que las películas las dirija alguien que no opine, que no joda la marrana. No nos necesitan, ¿no has visto que los mayores no hacemos ninguna película? Somos una generación jodida porque no nos dejaban hacer lo que queríamos, y cuando por fin podemos hacerlo, ya está pasado de fecha”.
Alabado siempre por los que le conocieron destacando su inteligencia, lealtad y socarronería, así como el buen clima que generaba a su alrededor, fue uno de esos nombres que captó la realidad de la sociedad a través de las calles y las largas conversaciones de sobremesa con amigos, colaboradores y allegados. Estaba casado con la cantante Rosa León y su hijo, Víctor García León, ha seguido sus pasos como director de cine. "Estuvo casi 60 años levantando proyectos, viendo películas, interesándose por el patrimonio cinematográfico, ganando premios y, sobre todo, haciendo amigos", escribe la Academia del Cine.
Alguien que sabía que no podía crear sin tomar el pulso del día a día más allá de quedarse entre las cuatro paredes y la soledad de la máquina de escribir. Por eso su cine fue auténtico, lúcido y pertinente abrazando los sinsabores de la existencia de manera ácida pero auténtica y siempre desde una mirada fresca, reflexiva, tierna y compasiva.
Nacho Gonzalo











