"Valor sentimental"
La web oficial.
El argumento: Tras la muerte de su madre, las hermanas Nora y Agnes se reencuentran con su distanciado padre, Gustav Borg, un veterano director de cine de renombre, que le ofrece a su hija Nora, actriz de teatro, un papel en su próxima película. Nora lo rechaza y pronto descubre que le ha dado ese papel a una joven y entusiasta estrella de Hollywood. De repente, las dos hermanas deben sortear su complicada relación con su padre y lidiar con una actriz estadounidense que se encuentra en medio de su compleja dinámica familiar.
Conviene ver: "Valor sentimental" supone un bergmaniano trabajo de Joachim Trier tras la contundente mirada a la insatisfacción vital de la generación "millennial" en "La peor persona del mundo" (2021). Una cinta magistral y contundente de esas que emergen para ser una de las cintas del año en una conmovedora mirada al dolor familiar sin abandonar la lucidez, la sutilidad y la elegancia partiendo de una actriz al borde de los 40, inestable emocionalmente y con un trauma familia del pasado, que ve como, tras la muerte de su madre, el padre regresa años después de que éste abandonara el hogar cuando se divorciaron. Un padre egoísta que perdió el contacto con ellas pero que demuestra moverse solo por interés sin ser consciente del dolor que ha dejado a su paso refugiado en sus veleidades como artista que pretende volar libre y sin responsabilidades. La historia parte de un pequeño ensayo que la protagonista escribió cuando tenía doce años llevándonos a su presente como una actriz de teatro que sufre un bloqueo en las entretelas previas a una representación y la pérdida de una madre que hará que el padre distanciado vuelva a reencontrarse con sus hijas aunque, en verdad, más que por afecto lo haga con el fin de saldar deudas pendientes volviendo a rodar una película.
Las hermanas Nora y Agnes, las cuales se han criado juntas pero han abordado su realidad de distinta manera, se reencuentran con su distanciado padre, el carismático Gustav, un antiguo director de renombre que le ofrece a su hija Nora, actriz de teatro, un papel en su próxima película. Nora lo rechaza, marcada por los años de ausencia, y pronto descubre que le ha dado su papel a una joven y entusiasta estrella de Hollywood (a la que su padre ha conocido en una retrospectiva sobre su obra) que quiere probar suerte en el cine de autor. De repente, las dos hermanas (una ha pasado página formando una familia y la otra sigue anclada en el pasado siendo víctima de la inseguridad tanto en su vida como en su profesión) deben sortear su complicada relación con su padre y lidiar con una estrella estadounidense que se encuentra en medio de su compleja dinámica familiar y que será la que removerá todos los sentimientos ocultos y enquistados que no han hecho más que ahondar la falta de comunicación en la que se está muy lejos por muy cerca que se esté físicamente teniendo que lidiar con el reproche, el dolor y la tristeza. Un padre que las ha terminado vampirizando; si bien Nora lidia con el miedo escénico en cada representación, en el caso de Agnes no quiere que con su hijo se repita lo que sucedió 20 años atrás cuando su padre la convirtió en la estrella infantil de una de sus películas para después olvidarse de ella. Algo que también terminará haciendo con la estrella de su nueva película y con todo aquel que se acerca a su alrededor al ser una persona que nunca ha pensado en los demás.
“Valor sentimental” es un melodrama que, entre "flashbacks", secuencias largas, diálogos sólidos y punzantes y fundidos a negro, parte del arte, bien sea teatral o fílmico, en todo caso el arte de contar historias, para construir los pasos de una reconciliación marcada por la ausencia y los reproches entre un padre y sus dos hijas representado por las grietas de una casa, la simbología de un jarrón y el arte como catarsis. Un viaje de dolor, resiliencia y redención que pone sobre la mesa temas como la soledad, la salud mental, la angustia existencial de nuestro tiempo y la herencia familiar a través de la fuerza de los vínculos, que nos condicionan y definen, y aquello que llevamos dentro enquistado y que nos cuesta superar para salir adelante. Un artefacto narrativo funciona con precisión, a través de diálogos certeros, el gran trabajo actoral y su empaque formal en la puesta en escena con la que Trier no hace más que crecer como cineasta siendo un director que observa pero que remueve y hace reflexionar al espectador estimulando la curiosidad por adentrarse en temas complejos. Un patetismo que parte de un fino humor para pasar a algo mucho más triste e intenso como lo vemos en la simbólica escena en la que el director de cine es consciente de cómo el paso del tiempo y el alcohol han hecho mella en su fiel director de fotografía.
“Valor sentimental” se nutre de un guión inteligente, preciso y matizado que coescribe junto a Eskil Vogt sobre cómo se entrelaza la propia vida con el arte evocando no sólo al maestro sueco sino a nombres consagrados en el cine como Pedro Almodóvar o Todd Haynes o en el teatro como Antón Chéjov y Henrik Ibsen, así como referencias a Federico Fellino o Woody Allen, confirmando su habilidad para tratar temas íntimos y delicados a la hora de impactar y remover con lo más profundo de los sentimientos universales que encierra dentro de sí el propio espectador y que parecen aflorar a través de una voz en off como narradora más allá de la finitud del paso del tiempo tanto para personas como lugares siendo testigo de secretos y frustraciones en una casa que es más que un lugar; siendo donde han construido sus existencias a través de alegrías y penas en momentos de amor y nacimiento pero también decepción y muerte. Una cinta sobre la incomunicación, el peso del pasado y también la asfixia que es capaz de generar la familia. Todo a través de un director que es el nexo de dos generaciones; la de una madre que sufrió los desmanes del nazismo (y acabó suicidándose años después) y la de unas hijas a las que nunca se ha preocupado de entender y que han tenido que crecer por sí mismas como han podido. Dos hermanas que se funden en un abrazo en una de las escenas del año en la que, si bien ambas parten de una misma realidad, una sí que tuvo a la otra para ser la mano tendida y el afecto que necesitaba en su infancia y juventud.
A ello contribuye un reparto en estado de gracia conformado por el cuarteto de Renate Reinsve, Stellan Skarsgård, Elle Fanning e Inga Ibsdotter Lilleaas que logran a través de poderosas escenas que el poso vaya quedando y que todas las piezas encajen dejando al espectador embriagado y volcado con la historia de una familia que intentan reparar las grietas de su relación como las que presenta aquella casa en las afueras de Oslo con un defecto de construcción que será el testigo de la memoria familiar y el escenario de la película que el padre director de cine querrá rodar conectando con las propias vivencias del pasado intentando expresar unos sentimientos que generacionalmente no ha aprendido a verbalizar. Una película brillante, profunda y emotiva sobre personajes heridos que anhelan volver a reconectar entre sí con un hombre que intenta superar su fracaso como padre y reconciliarse con sus hijas de la única manera que sabe: a través del cine y el arte como liturgia hacia el perdón. Una película que es esperanzadora pretendiendo arrojar luz pero que no engaña ya que en la vida real las heridas no terminan de cerrarse por completo al contrario de lo que el cine ha pretendido reflejar en sus historias más inspiradoras por lo que estamos ante una interesante cita sobre aquellas cosas que no se dicen, escondiéndose dentro de nosotros, pretendiendo olvidarlas sin haberlas sanado como tocan.
Personajes ricos que parten de un oscuro halo de patetismo por la torpeza e incompetencia que transmiten hacia la posibilidad de recomponer todo aquello que parecía irrecuperable siendo víctimas de una sociedad que no les ha ayudado a encontrar las claves para encauzar sus sentimientos ni para afrontar las dificultades inherentes a la vida adulta o asumir aquello que no fue como uno deseaba. Joachim Trier no juzga a sus personajes y, a pesar de sus complejidades, los trata con respeto y compasión buscando entenderlos a base de paz, amor y comprensión. Cinta madura, contundente y bergmaniana a la hora de explorar el alma humana, de manera tan íntima y delicada como desenfadada y universal, tratando temas importantes de manera sincera y magistral redefiniendo la función del arte como elemento sanador con brillantes golpes de humor negro (la huella de Netflix en el panorama actual, el papel de los representantes que acompañan a las estrellas o el momento en el que el abuelo regala al nieto un DVD de una película de Monica Bellucci y de “La pianista” para que éste entienda mejor a las mujeres), mucha hondura emocional y un reparto brillante. Sin duda es una de las películas del año y la confirmación de un cineasta que sigue dando pasos adelante no solo detrás de las cámaras sino dejando poso en su mirada a las relaciones personales, la condición humana y el paso del tiempo.
Conviene saber: Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2025 y proyectada en los certámenes de Telluride, Toronto, San Sebastián y Nueva York.
La crítica le da un OCHO


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