Paisajes de película: la Escocia de Braveheart

Paisajes de película: la Escocia de Braveheart

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Querido primo Teo:
Llegamos a Escocia, destino de nuestros escasos días de asueto. Ante mi se alza una estatua con uno de los grandes personajes símbolos del país, no, no es el cuellilargo del monstruo del lago Ness, el monumento refleja a William Wallace , todo un héroe nacional que luchó por la liberación del pueblo escocés frente al ejercito inglés comandado por el monarca Eduardo I. Viendo este monumento que tengo delante en estos momentos, el guionista de la película “Braveheart”, Randall Wallace, (con ese apellido estaba destinado a esta historia), conformó un guión que mandó a Mel Gibson.

El australiano se quedó encantado con la historia y decidió que sería su segundo largometraje tras su debut como realizador en “El hombre sin rostro”. Si esta había sido de corte más independiente, “Braveheart” iba a ser una gran superproducción de 50 millones de dólares. Gibson fue avalado por la crítica aunque se le crítico algunos errores históricos como por ejemplo el encuentro entre Wallace y la reina Isabel, cosa que por fechas históricas no pudo ocurrir. Su película fue refrendada por cinco Óscars, creando un fresco de ese hecho histórico sustentado en varios elementos: su dirección, la música compuesta por James Horner, el guión de Wallace y un paisaje que cobraría vida propia gracias al director de fotografía John Toll que recreó como nadie todo lo que Escocia puede ofrecer: el salvaje escenario, la fuerza de las imágenes, las puestas de sol o los cambios de luz.

También podemos ver la estatua de Robert Bruce, amigo de Wallace, que consiguió la independencia y fue coronado como rey de Escocia. Esa independencia fue conseguida en la batalla final de Bannockburn que refleja la película y en la que Bruce dijó: “Habéis sangrado con Wallace, sangrad ahora conmigo”. La tierra de Braveheart es Glasgow y al echarle un vistazo se percibe en una vista panorámica de la ciudad sus muchos contrastes fruto de tantos años de historia. Es un lugar modernos, abierto a las nuevas tendencias pero mantiene edificios y monumentos del pasado. Si queremos seguir la pista de nuestro héroe nos tenemos que ir a los campos verdes donde encontraremos el lugar de Rob Roy (las trossachs) y el castillo Stirling donde María Stuardo fue proclamada reina y donde Wallace tuvo su primera gran victoria. El puente en el que se produjo aún se mantiene aunque ahora se encuentra dentro del casco urbano. La espada del rodaje iba a permanecer en el castillo pero finalmente fue subastada en Nueva York siendo adquirida por un coleccionista que desembolsó 160.000 dólares. La real si que se encuentra entre esos muros, mide más de metro y medio y se encuentra en una vitrina desde que se encontró hace 700 años.

En Fort William es donde se rodó la mayor parte de los exteriores del film. Aquí se rodaron los planos en los que Wallace aparece como un tierno niño correteando por estos prados. Aquí se enamoró, se casó con Murron y conformó su pueblo. Este monte no es muy alto y en un día soleado desde su cima se puede ver alrededor de 160 kilómetros a la redonda. Ahora hay algo de bruma así que aunque el campo visual sea menor no deja de ser excitante. En Bannockburn como he comentado, es donde se produjo la batalla que supuso la independencia del pueblo. Ahí ondea un mástil con la bandera escocesa y esta leyenda:
Por Dios y San Andrews, Robert the Bruce Rey de los Escoceses
Plantó su estandarte en este lugar,
cuando los patriotas escoceses bajo su comandancia vencieron a la armada de Edward II de Inglaterra en la batalla de Bannockburn el 24 de Junio de 1314.
“Luchamos no por gloria, ni por salud, ni por honor, sino solo y únicamente luchamos por libertad, lo que ningún hombre debe rendir jamás sin entregar su vida.”

En Escocia además de muchas estatuas y recuerdos en honor a su héroe, también abunda el Thistle que es la flor morada que Murron le da a Wallace. Es la flor de una especie de cardo, con lo que hay que quitarle algunos pinchos. Es tradición aquí regalar esta flor a los enamorados. Si yo a mi chica le regalara la flor de un cardo menudo guantazo me arrearía.
Vuelvo a casa con varios souvenirs, entre ellos pins, broches y banderas que rezan como en la película una frase que nunca se debe de olvidar: “Pro libertate” (“Por la libertad”).

Con la falda, que aquí llaman tela, y una botella de whisky marca Wallace, se despide tu primo.
Shema.

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