Centenario Wilder: “En bandeja de plata”, la escena

Centenario Wilder: “En bandeja de plata”, la escena

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Querido diario:

En 1966, Billy Wilder rodó la que sería su última película en blanco y negro, después de haber combinado las dos estéticas durante más de una década. Con “En bandeja de plata”, Wilder consiguió uno de sus fracasos comerciales más destacados, a pesar de que en la actualidad la película que nos ocupa haya mejorado la percepción que tiene el público de ella.

Con esta cinta, Wilder volvía a tratar el mundo de los oficinistas en una gran ciudad y la subordinación a la gran empresa que tan buenos frutos le había dado en “El apartamento” . El austriaco dio una vuelta de tuerca para contar en dos horas la historia de un cámara de televisión que retransmite para la CBS un partido de fútbol americano y que es arrollado por uno de los jugadores.
Mientras está en el hospital recibe la visita de su cuñado, un picapleitos que decide sacar tajada del tema y que aconseja al desafortunado periodista de que finja estar más grave de lo que esta para que así prospere una demanda de un cuarto de millón de dólares que pretende sacar del equipo de fútbol y del estadio.

Lo que hay que agradecer a Wilder en esta película es que nos permitiera disfrutar con el inicio de la relación profesional entre Jack Lemmon y Walter Mathau. El primero interpreta al periodista accidentado y el segundo al abogado caradura.
Wilder ya tenía a Lemmon en los altares, pero en esta película se quedó maravillado con el trabajo de Mathau, que desde ese momento se convertiría en uno de sus actores fetiche . Recordemos que Wilder ya se quedó con ganas de trabajar con Mathau casi una década antes, cuando pensó en él para el papel masculino de “La tentación vive arriba .
La historia de amor profesional iniciada en este rodaje, culminó con un Oscar al mejor actor de reparto para Walter Mathau. Debido a ello, se convirtió en el tercer y último actor que recibiría un Oscar por trabajar en una película de Wilder. Los anteriores fueron Ray Milland en “Días sin huella” y William Holdem en “Traidor en el infierno” .

Uno de los puntos más interesantes de la película fue el vapuleo que Wilder hizo al amor, la familia, la policía, la abogacía, la medicina, los niños, las mujeres…Una vez vista la película, percibimos como Wilder no habla de estas cosas como si fueran algo malo, sino como hechos habituales que han sido prostituidos por esa cotidianidad.
Para terminar, nada mejor que leer la anécdota que cuenta Mathau sobre Wilder: “Billly Wilder dijo algo sobre el cine. Dijo que cada fotograma, cada escena que haces, tiene que tener una explosión dramática, algo sorprendente, si no se cae. Yo le pregunté: ¿qué tal si la contruyo así?. Y me contestó: ¡No, olvídate de construir. Construir es para arquitectos!”.

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