Coleccionable Chaplin: ¿Aceptas a Charlot por esposo? (IV)

Coleccionable Chaplin: ¿Aceptas a Charlot por esposo? (IV)

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Querido Teo:
 
Entre "El gran dictador" y "Monsieur Verdoux"  hay casi siete años, el período más largo entre dos obras de Chaplin. Es también, y esto lo explica, la época más amarga de su vida.
Llevaba trabajando tres meses en Verdoux, cuando Joan Barry irrumpió en Beverly Hills. Era una antigua colaboradora despechada que insistió en verle. Chaplin ya se había desecho de ella pagándole y al negarse a recibirla, se introdujo en la casa, rompió ventanas y exigió dinero. Chaplin volvió a pagar su billete de vuelta a Nueva York para que le dejara en paz. No lo conseguiría pero, mientras se preparaba la tormenta legal que aquella chica y su madre desatarían, conoció a la mujer definitiva, que le ayudaría a sentirse feliz el resto de su vida.

 
Una agente le telefoneo para que conociera a una joven recién llegada de Nueva York, porque creía que podía ajustarse al personaje de la protagonista de su proyecto “Sombra y sustancia”. El guión de “Monsieur Verdoux” se le estaba resistiendo y Chaplin pensó que era buena idea arrinconarlo temporalmente y volver a pensar en el rodaje de ese filme. Cuando se interesó algo mas, supo que era la hija del famoso dramaturgo Eugene O'Neill. Se hizo entonces un prejuicio dada la seriedad del trabajo del padre y pensó en una chica sombría y excesivamente adusta.
 
Tenía alguna experiencia teatral y Chaplin aceptó acudir a una cena en la casa de la agente que la representaba, sin comprometerse a nada. La agente lo organizó de manera que cuando Chaplin fue llevado al salón para aguardar a su anfitriona, la chica estaba allí, también a la espera. Ambos se presentaron y Chaplin recuerda aquel momento: “En oposición a mi preconcebida idea, me di cuenta de que era una belleza luminosa, con un encanto un poco oculto y una dulzura muy atractiva”.
Chaplin y Oona con la pequeña Geraldine y otro de sus hijos en una estampa muy familiarOona O'Neill tenía poco más de diecisiete años y Chaplin se estaba acercando a los cincuenta, pero se enamoraron cuando él pudo superar su temor por la diferencia de edades, y al verla completamente resuelta, hasta el punto de enfrentarse con su padre que puso el grito en el cielo y que no quiso saber nada de Chaplin. Decidieron casarse en cuanto terminaran el rodaje de la película. La Barry volvió a caer sobre él cuando ya tenía listo el borrador del guion y comenzaban los preparativos para la producción. Estaba embarazada de tres meses y de acuerdo con una revista femenina para provocar un escándalo. Lo consiguió, con demanda de paternidad incluida, pero aunque el asunto logró suspender el proyecto de la película, aceleró en cambio el matrimonio. Para evitarse mayores hostilidades la pareja decidió dar la exclusiva a Hearst y que Louela Parsons, amiga de Chaplin, redactase la noticia. “Nos íbamos a casar en Carpintería, un pueblo muy pequeño, a quince millas de Santa Bárbara. Pero antes de que pudiéramos obtener la licencia era preciso inscribirnos en la alcaldía de Santa Bárbara. Eran las ocho en punto de la mañana y a aquellas horas había poca vida en la ciudad. Si resulta que uno de los contrayentes es una persona célebre, por regla general el oficial del registro se lo comunica a los periódicos oprimiendo un botón secreto que hay debajo de su mesa. Por tanto, a fin de evitar un festival fotográfico, Harry dispuso que yo me quedara esperando fuera del despacho hasta que Oona se hubiera inscrito. Después de anotar los detalles corrientes, su nombre y su edad, el oficial dijo:
—Y ahora, ¿dónde está el joven?.
Cuando aparecí hizo grandes aspavientos: «¡Vaya, esto sí que es una sorpresa!», y Harry vio cómo desaparecía su mano bajo el tablero. Pero le metimos prisa, y después de tardar lo más que pudo, nos dio la licencia de mala gana. Justamente cuando salíamos del edificio y estábamos subiendo a nuestro coche entraban los autos de la prensa en el patio. A partir de entonces se inició algo semejante a una carrera para salvar la vida, rodando a primeras horas de la mañana por las calles desiertas de Santa Bárbara, patinando, rechinando y girando súbitamente de una callejuela a otra. De esta manera pudimos burlarlos y llegamos a Carpintería, donde Oona y yo nos casamos tranquilamente”.
 
Oona fue la mujer que dio a Chaplin tranquilidad y felicidad. Dos almas gemelas que se habían encontrado.Chaplin había encontrado a una persona tan excepcional como él, capaz de superar la oposición furiosa de su padre, que la consideraba su favorita, y que sufrió el suicidio del hijo mayor. Salvo los pocos amigos que apoyaron a la pareja, hasta los que se decían íntimos, la intentaron convencer de que sería la cuarta, pero no la última. Aceptó renunciar a una carrera profesional en plena juventud para dedicarse a tener una familia, superando las burlas de la inmensa mayoría por la diferencia de edad.
Estaba embarazada de cuatro meses de su primogénita, Geraldine, y escuchaba sola la radio en el jardín de su casa cuando las noticias anunciaron que la prueba de paternidad realizada a la acosadora Barry, su hijo y a Chaplin, demostraban definitivamente que su marido no era el padre. Oona se desmayó en la silla donde se encontraba.
El último gran paso que dio Oona ante el mundo para demostrar el amor por su marido lo dio en 1954, en el hotel Savoy de Londres. La prensa convocada por la pareja no sabía la razón de la cita. Cestas de jacintos y lilas blancas decoraban el salón de la suite y daban al ambiente un aire de celebración. La pareja entra y tras hacerse el silencio Chaplin dice, emocionado: «He aquí la noticia. Estoy feliz y orgulloso, muy orgulloso, de anunciarles que mi mujer ha renunciado a su nacionalidad americana, para convertirse en ciudadana británica.» Y ante un leve gesto de Chaplin, Oona añade estas únicas palabras: «Es una simple historia de amor.» Y enseña su pasaporte británico, azul y oro, a los reporteros.
Ante el linchamiento moral y jurídico sufrido por el hombre que ama a manos de la prensa y las autoridades de su país, Oona ha pasado por todos los requisitos oficiales ante una imponente corte de honor en el Consulado de los Estados Unidos en Ginebra. ha prestado el juramento de renunciar solemnemente a sus derechos de nacimiento y aceptado separarse para siempre de su patria.
Treinta y seis años más joven que su marido, tan enamorada del hombre como admiradora del genio, Oona O'Neill fue la única mujer que pudo poner a Charles Chaplin a su altura.
 

Carlos López-Tapia

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Comentarios

teofila - 25.08.2009 a las 23:42

Es una auténtica historia de amor. Sinceramente, creo que la imagen de chaplin se vió muy dañada con la campaña en contra que se hizo en Estados Unidos, debido a su supuesto comunismo. Como si fuera un delito....que hoy en día dura todavía en aquel país.

Gustavo - 17.05.2010 a las 00:42

Para mi fuen el ma sgrande artista que yi vi, lo dems ! ! ! ! son entremeses

romylou - 10.08.2015 a las 10:54

Simplemente un genio y ella su musa inspiradora...

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