“Al final de la escapada”, 50 años de un estilo rompedor

“Al final de la escapada”, 50 años de un estilo rompedor

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Querido primo Teo:

Antes de ver “Al final de la escapada” yo era un chico normal a punto de iniciar una aburrida carrera universitaria. Después seguí siendo la misma persona, quizá un poco más desquiciada. Y es que una película no te cambia la vida: hacen falta muchas películas. Y muchas películas vio Jean-Luc Godard (también conocido como Dios) antes de dirigir su primer filme. Previamente a la Nouvelle Vague, los directores de cine no solían ser grandes cinéfilos, sino que la costumbre era escalar desde los puestos más bajos de la industria (ayudantes, montadores, guionistas), hasta alcanzar el puesto de realizadores. Como dice el mismo Godard (uno de sus grandes valores es que es una fuente inagotable de citas), es inimaginable un escritor sin un gran conocimiento literario, y sin embargo lo habitual en el cine era que los directores fueran analfabetos cinematográficos. Todo esto tiene su importancia a la hora de comprender la importancia de Godard y sus correligionarios en la evolución del cine. A partir de ellos las películas ya no hacían referencia a la realidad, sino que eran espejos de otras películas. Para mucha gente sus filmes son confusos e ininteligibles; lo que pasa es que son películas referenciales en las que muchas veces hace falta conocer otras películas para poder comprenderlas. Así, “Al final de la escapada” es un homenaje a las películas de serie B norteamericanas con gangsters, femme fatale y demás arquetipos puramente cinematográficos.

Su título original es “À bout de soufflé” (cuya traducción más aproximada podría ser “Hasta el último aliento”). Curiosamente, en Estados Unidos se llamó “Breathless”, que era también el título de rodaje de una película que terminó llamándose “North by Northwest”. Su año de producción fue 1959, año crucial en el devenir cinematográfico, para mí tan trascendental como 1789. Sobre el argumento no hay mucho que contar: de acuerdo a Godard lo único necesario para iniciar una historia son dos elementos, una pistola y una chica, a partir de aquí el resto es improvisación. Se suele decir que Truffaut escribió el guión de la película, lo que es una tontería, porque “Al final de la escapada” no tiene guión. Lo que aportó Truffaut fue la “idea original”, que se puede resumir así: “un delincuente de poca monta mata a un policía y se refugia en París, donde encuentra a una chica de la que se enamora”. Puede que aquí, muy escondida, haya una idea, pero la originalidad es muy difícil de encontrar (si te interesa puedes leer el “guión” completo aquí, no son más de tres o cuatro páginas). Lo que hace revolucionaria la película es su modo de contar esta historia mil veces vista. Se trata de una narración discursiva en la que lo importante son las escenas por separado, no el conjunto, ciertamente bastante descompensado.
Alfinaldelaescapada50anos02En algunas películas se produce el milagro (no se puede definir con otra palabra, ya que no tiene explicación) de que, contra pronóstico, todo funciona. Godard era un director primerizo y con muchas deficiencias (las secuencias de acción, como el asesinato del policía, están llamativamente mal rodadas), y sin embargo marcó una nueva forma de realizar películas. El guión, como en “Casablanca,” se escribía sobre la marcha (el mismo Godard leía a sus actores los diálogos mientras rodaba, dándoles así mayor naturalidad), y nadie del equipo confiaba en su habilidad como escritor, pero a partir de entonces una gran parte de los mejores directores europeos han seguido su modelo (no olvidemos que es a partir de ahora que los directores empiezan a escribir también los guiones). Los actores, sobre todo Belmondo, tenían poca experiencia, y no sé podía prever que fueran capaces de transmitir tanta vida. Sin embargo aún son recordados como hitos en el método de interpretación moderna, donde la naturalidad se impone al oficio. En la fotografía tuvieron que superarse las limitaciones presupuestarias y gracias a otro de los genios implicados en la película (el director de fotografía Raoul Coutard), se logró dar una nueva estética al cine, retratando París con un encanto chic todavía no igualado. Por ejemplo, fue él quien inventó el método de hacer los travelling poniendo la cámara sobre un carrito de bebé. Y para terminar está la seña de identidad más marcada en el film: los cortes de secuencia. Cuando Godard terminó la película resultó demasiado larga, y el productor (el avispado Georges de Beauregard) le dijo que tenía que dejarla en hora y media. Nuestro director decidió que en lugar de eliminar alguna escena completa, como era habitual, cortaría planos de una misma escena, lo que le da a la película ese aire de ruptura y de vivacidad tan característicos. Hoy, cuando esta técnica ha sido copiada hasta la nausea por los publicistas, esto puede pareces hasta normal, pero en su época fue un auténtico shock cuya influencia todavía hoy se deja notar.

Alfinaldelaescapada50anos03Una de las curiosidades de “Al final de la escapada” es la cantidad de directores que colaboraron en ella. Estaba el ya citado Truffaut en su mejor momento, Chabrol, que pasaba por allí, y Jean-Pierre Melville, uno de los pocos directores franceses respetados por las fieras de la Nouvelle Vague, que hacía un pequeño papel y decía una de las frases memorables de la película: al ser preguntado por lo que le gustaría hacer, contestaba “llegar a ser inmortal, y después morir”.

¿Por qué me gusta tanto esta película?. Por una parte está su valentía a la hora de romper las reglas establecidas del cine, su intención de hacer algo distinto sin tener en cuenta la tradición, su voluntad de hacer lo que se quiera. Pero esto por si solo no es suficiente. Una de mis escenas preferidas es cuando los dos protagonistas van en taxi y ella critica a las francesas por llevar faldas tan cortas (“parecen unas golfas”). Belmondo replica que a él le encantan porque le dan ganas de levantárselas. Ella dice “por mí no te prives” y él para el taxi, se baja y levanta las faldas a una desprevenida parisina. Me parece que en esta escena está resumido el espíritu libertario de la película, su incitación a “vivir peligrosamente”, que aquí no significa ir a la guerra, sino sobar a quien se deje.
Así que “Al final de la escapada” me gusta porque cuando veo a Belmondo y Seberg paseando por París quiero estar con ellos, porque me enamoro de ella y me gustaría ser amigo de él, porque cuando hablan reconozco sus conversaciones como algo propio, porque me divierto sin restricciones. En fin, porque cuando veo la película no estoy viendo cine, estoy viendo vida.

Tu primo.
Pierrot
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