Cannes 2019: Jim Jarmusch abre el festival con su deslavazada y delirante sátira zombie con aire folk y crítica consumista

Cannes 2019: Jim Jarmusch abre el festival con su deslavazada y delirante sátira zombie con aire folk y crítica consumista

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Querido Teo:

Ilusión, nervios a la hora de las acreditaciones (uno nunca puede estar seguro del color que le va a tocar), reencuentros con viejos conocidos y la previsión de un ritmo frenético para poder encajar todo lo que un certamen como Cannes propone en su programación. Todo teniendo en cuenta que, además, hay que contarlo por aquí poniendo el cuartel general durante 12 días en el piso patera de turno y que los organizadores de los grandes festivales parecen olvidarse de dos necesidades tan básicas como son las de comer y dormir. Algo necesario para no terminar mutando en esos zombies con los que Jim Jarmusch ha puesto el pistoletazo de salida a la 72ª edición del Festival de Cannes, una edición que dejado de lado el eterno debate con las plataformas como Netflix, vuelve a contar con sus habituales abonados a competición entre los que están, además del propio Jarmusch en su octava participación a concurso, Pedro Almodóvar, Ken Loach, los hermanos Dardenne, Quentin Tarantino, Terrence Malick o Xavier Dolan.

“Los muertos no mueren” es una cinta que haría las delicias del público del Festival de Sitges con una propuesta de género paródico que, en cierta manera, el certamen no hace ascos como vimos en anteriores ediciones con cintas como “Jupiters´s moon” u “Okja”. El director, que a pesar de las buenas críticas que obtuvo con “Paterson” en 2016 se fue de vacío, vuelve a un cine más desengrasante que de autor en el que hay cosas del cine del director (como la decadencia lúgubre de “Sólo los amantes sobreviven”) pero también muchas referencias que más que dar personalidad a la cinta la convierten en un juguete disfrutable e inane en el que el complicado muelle del ingenio sólo está engrasado en contadas ocasiones. Y es que el director no se corta en hacer guiños a la carrera de sus propios actores (una canción de Sturgill Simpson que da título a la película y que escuchada casi en bucle recuerda al despertador de Bill Murray en “Atrapado en el tiempo o el llavero de Adam Driver fruto del merchandising icónico de “Star Wars”). Jarmusch sabe que la mejor baza que tiene son sus actores y conforma un gran reparto capitaneado por los mencionados Murray y Driver junto a Chloë Sevigny y Tilda Swinton secundados de Steve Buscemi, Danny Glover, Tom Waits, Caleb Landry Jones, Selena Gomez, Rosie Perez e Iggy Pop.

“Los muertos no mueren” es una sucesión casi costumbrista de personajes en un pueblo tan eminentemente usamericano como Centerville con oficiales de policía cortos de luces, lugareños frikis, culto al folk, mensajes racistas, gorras y perritos calientes y turistas hípsters en el que una amenaza zombie se desencadena tras afectar el fracking a la rotación del planeta Tierra y que devuelve a la vida a los muertos que, sedientos de sangre, siembran el terror en la de por sí esquiva y singular población. Un pueblo desencantado propio de la USA pro Trump que no duda en defenderse con armas de fuego o katanas rebanando pescuezos con una Tilda Swinton, peculiar encargada de una funeraria, que, una vez más, parece estar en su propia película y que, en verdad, es mucho mejor que la que nos ofrece Jarmusch en su conjunto. Suyos son los mejores diálogos y frases para una cinta que se basa en gags repetidos (como el descubrimiento de unos cuerpos atacados en un café) y réplicas notables bien a cargo de Swinton o de la vis cómica de Murray y Driver que demuestran que pueden hacer reír sólo con la mirada entre ellos y el silencio reflexivo.

“Los muertos no mueren” habla del alineamiento, de la impersonalidad a la que nos lleva la sociedad de consumo, la voracidad de nuestro tiempo (“el mundo es perfecto pero hay que estar atento a los detalles”) y el individualismo representado en unos personajes que buscan salvarse las castañas del fuego cada uno por su cuenta, pero sin un plan colectivo de resistencia. Una coctelera que funciona a ratos, que tiene complicado salir del estigma de tontería vacua propia de una reunión de colegas con el único fin de divertirse, pero que cuando acierta (en pocas ocasiones) eleva el mercurio de la propuesta aunque pronto aterrice sobre un colchón raído en el que no puede sostenerse por sí misma. “Los muertos no mueren” nos lleva a referencias que van de “Diez negritos” y “Bienvenidos a Zombieland” a “Kill Bill” y “Mars Attacks!”, sobrevolando siempre el espíritu de George A. Romero, en una comedia macabra, lúgubre e inconsistente pero tremendamente adictiva (seas fan del cine de Jarmusch o no) en su visionado.

Por otro lado la presentación del Jurado estuvo muy marcada por el carácter español. Y es que no sólo Alejandro González Iñárritu pudo explayarse en su discurso como presidente sino que fueron Javier Bardem y Charlotte Gainsbourg los que declararon abierto la 72ª edición del certamen. El mexicano, tras un vídeo que se ensalzaba una filmografía que quedó en ese video a la altura de la de un genio visionario, dejó claro el honor que suponía para él encabezar un Jurado con tanto talento artístico recordando que coincide con los casi 20 años del estreno en el festival de “Amores perros”. También se ha quitado presión dejando claro que al final es el tiempo el que pondrá a cada película en su sitio independientemente de la concesión de la Palma de Oro.

Nacho Gonzalo

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