Cannes 2019: La violencia rítmica y trepidante de Diao Yi’nan y un cruce de géneros de Corneliu Porumboiu en La Gomera

Cannes 2019: La violencia rítmica y trepidante de Diao Yi’nan y un cruce de géneros de Corneliu Porumboiu en La Gomera

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Querido Teo:

Tras el reguero emocional de lo que ha dejado el pase de “Dolor y gloria”, con la crítica francesa rendida la figura de Almodovar y encabezando el top de la prensa internacional como la cinta que merecería la Palma de Oro de todas las proyectadas hasta la fecha, la lluvia ha sido la protagonista de un certamen que sigue proyectando cine pero que se encuentra en un nivel medio sin grandes decepciones pero tampoco con peliculas incontestables, algo que en cierta manera todavia podria acrecentar las posibilidades de un Almodóvar que, aunque confiesa que no piensa en la Palma de Oro, sí que es verdad que en cada una de sus presencias en el Festival se acrecienta todavía más la sensación de que se la deben teniendo en cuenta que la rozó en al menos dos de las cinco ocasiones anteriores en las que ha competido. Queda todavía una semana de competición pero, al menos, Almodóvar se confirma que se pone en cabeza del listado de favoritos siendo ademas el único de los nombres consagrados que compiten (si exceptuamos a Jim Jarmusch y Marco Bellocchio) que todavía no tienen Palma.

“The wild Goose Lake” de Diao Yi’nan es la representante del cine oriental de este año en la seccion competitiva y pone en liza por primera vez a uno de los directores más estimulantes del panorama contemporáneo tras cintas como “Night train” (2007) y “Black coal, thin ice” (2014), con la que ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín. Una cinta que narra la historia de un gangster que se da a la fuga y que sacrifica su carrera laboral para salvar a su familia y a una mujer con la que se encuentra en el camino y de la que pasará a ser su protector. Un potente thriller de mafias y venganzas con una de las muertes mas poderosas e impactantes vistas nunca en el cine y con un paraguas como protagonista. Una cinta que, si bien sacrifica en parte el guion y el peso de la historia con unos personajes que no dejan de ser arquetípicos dentro de los roles de este tipo de peliculas con gran dominio cromatico y un calculado y medido uso de la violencia como ejercicio de estilo, destaca por su exquisita y apabullante realización. Diao Yi’nan se posiciona como buena opción para el premio a mejor director aunque es verdad que este cine oriental tan extremo siempre tiene complicado el consenso de cara a un palmarés lo que le priva de mayores cotas ya que, en su pase oficial, la cinta ha recibido tímidos aplausos de cortesía seguramente por el hecho de que, en verdad, la forma se haya comido al fondo y el director prosiga con tino su filmografía pero sin dar el salto definitivo para que su nombre gane trascendencia.

Sorprende que en la sección oficial se vea una cinta como “La Gomera” del rumano
Corneliu Porumboiu. Es verdad que el director se ha hecho todo un nombre dentro de la nueva ola del cine rumano, del que Cannes ha tenido a bien acoger los últimos tiempos, pero esta cinta está muy por debajo de cintas del realizador como “12:08 Al este de Bucarest” (2006) o “El tesoro” (2015). La cinta no sabe muy bien el terreno en el que moverse y lo que empieza siendo una comedia negra con tintes absurdos deriva en un policiaco del montón que parte de la curiosa premisa de un infiltrado de la policía en la mafia que viaja a la isla canaria para aprender el silbo gomero, un método de comunicación para comunicarse con la mafia y sacar de la cárcel al único tipo que sabe donde se encuentran 30 millones de euros. Y es que es una película que abraza el género sin excesiva brillantez y que, pretendiendo ser más inteligente y efectiva que lo que es, se deja ver pero sin trascendencia siendo para el público español ser de lo más descolocante ver a Agustí Villaronga (sí, el director de “Pa negre”) de capo criminal junto a un reparto que tampoco tiene muchas oportunidades de lucirse, ni siquiera un inexpresivo Vlad Ivanov como protagonista principal.

Bruno Dumont es un nombre peculiar dentro del cine europeo combinando una manera muy personal de ver la Historia así como de tratar con cierta sátira temas sociales o incluso crímenes con una pátina de desinhibido humor negro. Tras competir en tres ocasiones por la Palma de Oro (“La humanidad” en 1999, “Flandres” en 2006 y “La alta sociedad” en 2016) ahora pasa a Una cierta mirada presentando “Jeanne (Joan of Arc)”, la continuación de “Jeannette, la infancia de Juana de Arco” (2017) que adoptaba un tono de comedia musical campestre a la hora de retratar las visiones de esta niña convertida más adelante en mito de la cultura francesa estando encuadrada su vida en el sangriento conflicto enmarcado en la Guerra de los Cien Años que enfrentó al delfín Carlos, primogénito de Carlos VI de Francia, con Enrique VI de Inglaterra por el trono francés, y que provocó la ocupación de buena parte del norte de Francia por las tropas inglesas y borgoñonas. Pero por lo que ha pasado a la Historia es por su convicción de haber recibido el mandato divino de ser la elegida para dirigir el ejército francés, coronar como rey al delfín en Reims y expulsar a los ingleses del país. La cinta se adentra en esa época en la que es juzgada por un tribunal eclesiastico como culpable de herejía con suma verosimilitud y, sin renunciar al origen musical de las evocaciones divinas heredadas del anterior título, la cinta adopta con solemnidad pero tambien cierta retranca todo el proceso por parte de unos inquisidores que no ven más alla del poder que ostentan, y de las normas que tienen establecidas, y la persistencia de lo que no sigue siendo más que una cría que murió en la hoguera a los 19 años antes de que la Iglesia Catolica la recobrara de las páginas negras de la Historia nombrándola santa. Impecable, enciclopédica e intensa en su extenso verbo siendo un retrato de burocracia de las leyes de los hombres hechas por los que creen tener su razón universal sobre Dios y el mundo que les rodea. Un dardo lleno de ironía como tributo al personaje (que vuelve a encarnar una Lise Leplat Prudhomme que nunca pierde el tono) en una cinta que funciona con una gran sátira que espeluzna más que desbarra y en el que las deliberaciones en la iglesia tanto dialécticas como musicales elevan una cinta en la que Dumont encuentra y amplía a su parroquia conectando con la esencia del personaje lo que ha provocado más de una lágrima por parte de la prensa francesa que tiene en Dumont uno de sus directores emblemáticos a pesar de que todavía no haya llegado a jugar en las ligas grandes tras ganar ya 2 Gran Premio del Jurado en este mismo certamen.

“Port Authority” de Danielle Lessovitz tambien forma parte de la sección Una cierta mirada en una historia de amor underground bajo la escena neoyorquina del ballroom cuando un joven de 20 años se enamora de una chica de la que descubre que es transexual. Una historia iniciatica y de aceptación en el que la directora capta el espíritu vibrante de su entorno y la relación que tiene que superar las barreras que tambien se autoimponen ellos mismos contando al menos con el respaldo de los suyos, ese grupo de apoyo (sea la familia de sangre o la creada por el afecto y la pura amistad) que siempre esta ahí. Un drama sincero y sencillo, algo superficial y tirando por cierto clasicismo narrativo, pero elevado por la frescura y carisma de Leyna Bloom como Wye frente a un Fionn Whithead mas discreto y poco expresivo en una puesta en escena efectiva y dinámica que deja una ópera prima bastante resultona.

Nacho Gonzalo

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