Cannes 2019: Marco Bellocchio retrata la Cosa Nostra y Abdellatif Kechiche escandaliza en su culto voyeurista

Cannes 2019: Marco Bellocchio retrata la Cosa Nostra y Abdellatif Kechiche escandaliza en su culto voyeurista

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Querido Teo:

La décima jornada del Festival de San Sebastián ha estado marcada por el nervio de todo un octogenario en una cinta sobre la Cosa Nostra, el nombre con el que los sicilianos se refieren a su mafia, y por la polémica de todo un morboso como Abdellatif Kechiche que ha sembrado mucha indignación por un excesivo y baboso cunnilungus de 20 minutos con el que arrecían esas críticas de misoginia y voyeurismo onanista que algunos ya detectaron en “La vida de Adèle” aunque en ese caso la calidad eclipsaba esos desmanes.

“Il traditore” es lo nuevo de Marco Bellocchio, uno de los directores que mejor ha sabido retratar la realidad social de su país como demuestra con esta cinta en la que el montaje y el nervio no desmerece al cine de mafiosos de Scorsese. El director de 79 años llega a Cannes por séptima vez sin haber abrazado todavía la Palma de Oro pero sin el estatus de otros a los que da la sensación de que se la deben hace tiempo como es el caso de Almodóvar e, incluso, Jarmusch. Bellocchio hace un cine histórico, social e incluso melancólico a la hora de adentrarse en la memoria histórica de su país pero, en este caso, adentrándose en la historia real de Tommaso Buscetta, que ante la espiral de violencia y muerte que terminó con miembros de su propia familia (obligándole a huir a Brasil) se reunió con el juez Giovanni Falcone para dinamitar desde dentro a toda la organización con el riesgo que ello suponía cayendo grandes capos e hiriendo de muerte a la Omertá, la ley del silencio. Uno de los problemas del cine de Bellocchio es la falta de concreción y síntesis que le hace dirigir films que exigen tiempo y paciencia al espectador para meterse en una atmósfera de la historia conseguida y entretenida pero con sus altibajos de interés y sin la brillantez de otros títulos pero sí con una rigurosidad medida y académica pero con el brío y el empaque necesario. Una rotunda propuesta que se adentra en las últimas cuatro décadas de la sociedad italiana y que recuerda en parte a ese “Silvio (y los otros)” por la decadencia política y social aunque sea mucho más sobria y sin ser grotesca. Pierfrancesco Favino es un capo rotundo y simiesco que pasa de la sobriedad hierática a desplegar todas sus armas de carisma en un juicio intenso y en karaokes faruleros en un crisol de personalidad que va se mueve entre el héroe, el villano, el arrepentido . mostrando su poderío y vena mujeriega Puede seguir el camino de “Dogman” ante la competencia tan reducida a mejor actor.

“Mektoub, my love: Intermezzo” de Abdellatif Kechiche entró a última hora y recupera los personajes de la anterior cinta del director que se vio en el Festival de Venecia 2017 y supone el regreso a Cannes tras la Palma de Oro de “La vida de Adèle” en 2013, seguramente el último premio incontestable que ha dado el certamen hasta la fecha. Durante 3 horas y media asistimos a un recital de 178 planos de culos más tetas, twerking y desenfreno con el que el director parece definitivamente dispararse a los pies haciendo saltar por los aires toda la carga narrativa, emocional (y también sensual) que tenía su anterior cinta descubriendo a sus personajes. Charlas alargadas e intrascendentes, personajes que se comen con la mirada y tres escenarios: una playa eróticofestiva (el segmento más interesante de la cinta en la que todavía hay algo de verdad), una discoteca que desquicia (con el Voulez-vous de ABBA sonando como una metralleta) y un epílogo que sólo deja la historia abierta para que el director prosiga con su egotrip más desagradable que erótico. Un retrato vicioso y polémico en un Abdellatif Kechiche que acelera y descarrila en la curva de la misoginia, cosificación y ser un sinvergüenza en un onanismo ante la cámara sin mensaje más allá de la liberación sexual y racial juvenil que tiran de hedonismo e instintos como burbuja frente al racismo y la precariedad de una Francia en entredicho en su concepto de estado de bienestar. Bochorno y desbandada en una proyección entre el estupor, la excitación agotadora y la indignación. Atención al cunnilungus más real, vicioso y enfermizo con planos genitales entre babas y jadeos con 20 minutos que te dejan ojiplático y más inquieto que excitado. Reclamo de una cinta entre el porno y el desenfreno con dos horas de discoteca en lo que deseas es irte en el que no se transmite nunca ni realidad ni valores cinematográficos que justifiquen este viaje que sólo parece filmado por un viejo verde. Una pena que una selección como Cannes le haya permitido seguir el juego y presentar su última “boutade” sólo con las aviesas intenciones de escandalizar a través de su voyeurismo baboso y repetitivo.

“Once in Trubchevsk” de Larissa Sadilova es una cinta en clave de comedia costumbrista sobre la emancipacion de la mujer en un pueblo ruso. Se ve bien aunque ya hemos visto muchas de este tipo y temática en el cine reciente como la suiza “El orden divino”. Una cinta agradable con sus puntos de fábula grotesca pero con mujeres auténticas que se alejan de dramas y compadecerse para tomar el mando de su situación y su realidad.

Por su parte Summer of Changsha” de Zu Feng es un desganado y poco interesante arco policial en el que un detective y una cirujana inician una relación mientras éste investiga una serie de asesinatos. Aburrida, tediosa y sin nada que merezca la pena destacar más que el clásico drama entre el cine negro y la fábula en algunas de sus imágenes más líricas.

En la Semana de la Crítica hemos visto “Nuestras madres” de César Díaz, una tierna historia de luz frente a la oscuridad que asemeja lo que cuenta a todo lo que han vivido los países que han sufrido dictaduras y cuyos muertos están en cunetas con familias marcadas por siempre. Interesante reflejo en el cine de algo poco contado como es la dictadura gualtemalteca en la que con solidez y emoción un joven antropólogo encuentra pistas sobre lo que pudo ocurrir con su padre, un guerrillero, cuando recibe la visita de una mujer cuyo marido fue víctima de esos hechos. Un muy interesante trabajo abordado con rigor y honestidad en la ópera prima de este director.

Nacho Gonzalo

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