Cine en serie: “Creedme”, el grito ahogado de justicia frente a los agujeros del sistema

Cine en serie: “Creedme”, el grito ahogado de justicia frente a los agujeros del sistema

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Querido Teo:

En tiempo de consumo voraz en lo referente a series ya hemos comentado el auge del mundo de las miniseries, aunque alguna de ellas con el tiempo pierda esa condición por el hecho de que ante el éxito se encarguen más temporadas. Es algo que podría pasar con la nueva serie del momento que, en este caso, ha caído en la parcela de Netflix con “Creedme”, en la que a través de 8 episodios (y conectando con lo que ocurría en “Así nos ven”) se vuelve a hablar de la injusticia de la propia justicia, los caprichos de una burocracia farragosa y el hecho de que una sombra de sospecha te lleve a una condena social muy difícil de reparar y con la que se tiene que lidiar por siempre a costa del propio desarrollo personal y las relaciones con familiares y amigos. Todo se basa en el artículo ganador del Pulitzer en 2015 publicado por dos periodistas, T. Christian Miller y Ken Armstrong, sobre las investigaciones de dos policías de Colorado a la hora de encontrar y detener a un violador en serie reparando la verdad arrebatada para una joven humillada y casi obligada a esconderse frente al escarnio público y el desdén del típico funcionario de la ley aborregado.

“Creedme” es un grito tan ahogado como desesperado de esas víctimas de violación condenadas a vivir con el miedo en el cuerpo, con un equivocado sentimiento de culpa pensando que lo que les pasó es por algo que hicieron mal, y con la lacra de tener una losa en la espalda en el que un hecho fortuito destroza vidas a nivel psicológico. Con un tono sobrio y muy auténtico la serie da voz a esas mujeres que no son protegidas como debieran ni reconocidas por la sociedad como víctimas a las que hay que amparar y ayudar a salir del pozo.

Es Marie Adler, una adolescente de infancia traumática que ha ido cambiando periódicamente de madre de acogida, el vehículo emocional de una serie que centra en ella un primer capítulo en el que sus dudas, vergüenzas y estado de shock llevan al sistema a revertir la carga de la culpa sobre ella siendo en cierta manera forzada para que su denuncia se archive de la manera más rápida posible con el fin de no hacer perder el tiempo a unos policías más preocupados por cubrir el expediente que en incidir en el fondo del asunto. Una conmovedora Kaitlyn Dever (“Súper empollonas”) refleja en su frágil mirada ese desconcierto en forma de resignada impotencia y desamparo ante el hecho de que sus allegados hayan perdido la confianza en ella y la aboquen al ostracismo más absoluto alargándose el dolor y el penar más allá de su agresión.

Tres años después de la agresión de Marie, la serie se mueve entre 2008 y 2011, dos detectives Karen Duvall (Merritt Wever) y Grace Rasmussen (Toni Collette), pertenecientes a localidades vecinas de Colorado, establecen una particular alianza que en cierta manera es el reverso femenino de lo que en “Mindhunter” supone el estudio de conducta de la mente de un asesino en serie. El hecho de que una serie de casos, ocurridos en distintas jurisdicciones, pero con similares coincidencias (ser atadas en sus camas con los ojos vendados y después fotografiadas y forzadas a lavarse en la ducha para borrar señales de ADN), se produzcan les lleva a unir sus distintos casos estableciendo un patrón que les lleva al hecho de estar ante un violador en serie.

Entre avances y pesquisas, y con un equipo de personas del departamento, la serie va con paso firme pero sereno estrechando el cerco sobre lo que pudo pasar pero siempre partiendo por la veracidad de unos hechos que el hecho de que no quieran ser verbalizados no significa que no hayan ocurrido. Y es que todas estas mujeres no sufren sólo la violación de su agresor, sino también otra más alargada y penosa como la de un sistema que ni las protege y, en ocasiones, ni siquiera las cree.

Una serie que habla con delicadeza pero sin quitar importancia a lo que narra con el empeño y convencimiento de unas detectives que con la dedicación en su causa combaten las inoperancias de un sistema, representado en este caso por hombres, pero que no entiende de sexo a la hora de poner en el foco la voz de las victimas frente a los muros del sistema. No hay más que ver cómo estas detectives afrontan la investigación frente a unos policías que no saben más que hacer revivir a Marie su dolor con eternas y repetidas declaraciones buscando más las contradicciones en las mismas que la naturaleza del hecho.

Un agresor que no entiende en su “modo operandi” de edad o condición a la hora de encontrar la siguiente víctima en su muesca de precisión casi quirúrgica y profesionalizada con el tiempo que le convierte en una bomba de relojería frente a la pericia de unas detectives que encuentran el hilo sobre el que tirar y que terminará encauzando todas las historias a riesgo de que, en cualquier momento, cualquier paso en falso lleve la operación al traste. Es por ello más que interesante los capítulos sexto y séptimo en el que esa cadencia, en una serie más psicológica y reflexiva que de acción, desemboca en el momento culmen de la operación llevando al espectador a ser partícipe de la tensión y de la manera tan distinta que tienen de encararlo dos mujeres con sus propios pasados pero que han hecho esta causa como suya abordándola con desvelo y sentimiento de una justicia para unas víctimas que sin su ayuda no encontrarán ni consuelo ni descanso. “¿Qué es lo que hice yo?” es la pregunta desesperada de una de esas mujeres en shock elegidas por la enferma ruleta de un maniaco que tiene a su favor que los agujeros del sistema las responsabilizan más que las defienden en una realidad palpable hoy en día.

“Creedme” no carga culpas, arrojando incluso momentos de expiación que cierran la historia de una Marie que necesita soltar amarras y volver a recuperar la confianza de los demás y el timón de su vida, pero sí afronta las debilidades de una sociedad sustentada en unos paradigmas abrazados en la etiqueta y el sensacionalismo que llevan a que los recursos y los modos de proceder a la hora de ver a las víctimas sea muy distinto en una violación respecto a un asesinato. Un policiaco que alcanza grandes cotas en su vertiente humana y en el hecho de lo bien que funciona la pareja formada por las detectives Duvall y Rasmussen, carne de antología, y siempre con la bandera del respeto por las víctimas sin ahondar en momentos de sensiblería forzada o escenas cruentas. Y es que uno de los temas de “Creedme” es que la violación va mucho más allá del hecho en sí siendo arrastradas y sufridas sus consecuencias, en muchos casos, por siempre.

La serie creada por Susannah Grant (nominada al Oscar por el guión de “Erin Brockovich”) se ha convertido en uno de los títulos imprescindibles de la magnífica cosecha seriéfila de 2019 que ha demostrado que es capaz de tratar de manera inteligente al espectador reparando y poniendo en valor los hechos que narra y a los protagonistas que lo sufrieron.

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Nacho Gonzalo

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