Cine en serie: “Hunters”, venganza, redención y jaque al nazismo

Cine en serie: “Hunters”, venganza, redención y jaque al nazismo

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Querido Teo:

“Hunters” se ha convertido en una de las series de plataforma más promocionadas y comentadas de las últimas semanas. Amazon estrenó a finales del mes de Febrero un potente thriller con una estética puramente tarantiniana en la que veíamos a un variopinto y heterogéneo grupo de personajes en el Nueva York de 1977 que se unen para iniciar la búsqueda y captura de antiguos oficiales nazis que viven en el país en clandestinidad preparando una conspiración que permita el alzamiento del Cuarto Reich. Una estimulante y adictiva propuesta producida por Jordan Peele y creada por David Weil que cuenta con Logan Lerman y Al Pacino como protagonistas.

“Hunters” comienza con el devenir de un joven de 19 años, Jonah Heidelbaum, que se mueve en Nueva York entre porros y conversaciones sobre tebeos con sus colegas viviendo con su abuela (“safta”) y abrazando la tradición judía a la que pertenecen hasta que ella muere asesinada en su propia casa por un extraño. Lo que podía ser un hecho fortuito o el intento frustrado de un robo se transforma en algo más cuando, durante el velatorio, el joven entra en contacto con un viejo conocido de su abuela, Meyer Offerman, que le hace ver que ese ataque puede suponer mucho más teniendo en cuenta que Ruth, su abuela, formaba parte de un grupo de personas que intenta impartir su particular sed de justicia deteniendo a los nazis que tres décadas después del fin de la II Guerra Mundial siguen entre las sombras intentando llevar una vida corriente pero sin renunciar a sus dogmas.

Como decíamos “Hunters” bebe mucho del cine Tarantino y las referencias a “Malditos bastardos” no pueden estar más claras, incluso con una estética que embellece la violencia sin cortapisas y con un grafismo muy setentero a la hora de presentar cada uno de los lugares en los que tiene lugar la acción. A pesar de que, al igual que su referente, juega con desmontar la Historia, presentando a una red de nazis dirigido por una abeja reina llamada La Coronel (Lena Olin) y que pretende introducir en el mercado una fórmula dentro del jarabe de maíz para terminar con buena parte de la población con el fin de purificar la raza aprovechándose de un medio tan masivo como la televisión para llegar a todos los hogares y propagar su consumo.

Este grupo de cazadores de nazis en cierta manera se inspira en el llamado The Simon Wiesenthal Centre, grupo que todos los años desde la década de los 70 ha publicado una lista de los nazis más buscados con el fin de encontrarlos y llevarlos a la justicia. Simon Wiesenthal fue un arquitecto autro-húngaro judío que llevó a cabo esta misión tras pasar cuatro años en varios campos de concentración hasta ser liberado por los Estados Unidos, siendo el origen del Meyer Offerman que interpreta Al Pacino con maestría de viejo zorro y ademanes shakesperianos.

“Hunters” es una serie ágil, frenética y realmente subyugante para un público amplio ya que, además de las escenas de acción llevadas a cabo por este grupo, se adentra en los ideales, motivaciones y traumas que han movido los componentes de este improvisado batallón a abrazar la causa; desde el sentimiento de justicia tras perder a un hijo, la rabia de la venganza, el dar un futuro mejor a las nuevas generaciones, el sentirse realizado y encontrar un lugar en el mundo tras una carrera profesional cuestionada, o simplemente el hecho de jugar a dos bandas intentando apostar a caballo ganador como parece apuntar el ambiguo personaje de Harriet, la hermana monja que no se sabe muy bien si juega con blancas o negras en el tablero de ajedrez que tan bien define la partida que se disputa en la cabecera de la serie y que, en su simulación ficcionada más macabra, ha sido una de las escenas que han levantado algo de revuelo entre algunas voces por su recreación a la hora de banalizar el sufrimiento judío frente a los nazis.

Tras el final de la II Guerra Mundial un gran número de nazis huyeron hacia el exilio para evitar ser fusilados o juzgados por los tribunales desperdigándose en países de Estados Unidos y América del Sur, utilizando a Italia o España como salvoconductos, siendo algunos de ellos incluso respaldados por gobiernos que intentaron desde la sombra aprovecharse de su conocimiento científico y estratégico en favor de sus intereses en un momento en el que los modos de vida capitalistas y comunistas intentaban imponerse como hegemónicos en las convulsas décadas de los 50, 60 y 70 en el que tras la contienda venía la necesidad de la reconstrucción y de conseguir hacerse con las riendas del poder económico del mundo. Esto se inspira en la llamada Operación Paperclip llevada a cabo por el presidente Truman en 1945 que contó con una serie de personas de este tipo, asegurándose en teoría que no hubieran formado parte de manera activa de esos crímenes de guerra, siendo paradigmático el caso del matemático Wernher Von Braun que trabajó para la NASA en los años más intensos de la carrera espacial.

Ahí tenemos también el caso del personaje de Biff Simpson, un cada vez más imprescindible Dylan Baker que tras su Colin Sweeney de “The good wife” ahora revolotea entre las altas esferas del poder de Washington incluso cuando su “tapadera” corre el riesgo de ser descubierta en una antológica escena inicial con una sangrienta barbacoa como protagonista.

En el grupo de cazadores de nazis tenemos, además de los mencionados, al matrimonio formado por Murray y Mindy que, tras perder a su hijo en los campos de concentración de una manera vil y despiadada, tienen la oportunidad de eliminar a sus fantasmas cuando se encuentran al que mató a su pequeño; a una joven negra madre soltera con cardado de blaxploitation llamada Roxie y experta en cajas fuertes que intenta hacer frente a los peligros que le supone esta misión ante la posibilidad de que su hija se pueda quedar sin ella; Joe, un atormentado veterano de la Guerra de Vietnam; y un actor fracasado maestro del disfraz que vivió épocas mejores, Lonny Flash, interpretado de manera sorprendente por Josh Radnor tras ser el soso Ted Mosby de “Cómo conocí a vuestra madre” que actúa como revulsivo cómico del grupo intentando demostrarse a sí mismo, casi como un ejercicio meta, que tiene mucho más que aportar al mundo que lo que le aventuraba un padre que le consideraba un patán.

La serie trata temas interesantes como el desarraigo familiar a través de la tradición del origen, el mesianismo hiperbólico del fanatismo con ese despiadado joven sociópata, Travis, que a pesar de su origen usamericano quiere escalar en el organigrama nazi mientras mata entonando canciones de musicales de Broadway, o el racismo que sufre la agente del FBI Millie Morris por ser mujer, negra y lesbiana desmontando el rol preestablecido para alguien como ella y que terminará aliándose con el grupo de Meyer y Noah frente al enemigo común.

También es importante la redención, la necesidad de encontrar un lugar en el mundo y de tener una meta para seguir sintiéndose vivo. En el caso del grupo de cazanazis esa misión se sustenta en la búsqueda y captura de Wilhelm Zuchs (“El Lobo”), el sanguinario médico y científico que hizo la vida imposible a Meyer y Ruth en los numerosos y escalofriantes flashback con los que la serie se dirige al día a día en los campos de concentración y que se erigen como el hilo conductor emocional que vertebra la serie.

No está confirmado que “Hunters” vaya a tener una segunda temporada pero la serie de Amazon ya prepara el terreno para una continuación ante los giros a los que nos lleva en los dos últimos capítulos y manteniendo la posibilidad de que las motivaciones de sus principales personajes sigan intactas aunque sea desde diferentes puntos geográficos moviéndose todos ellos entre las azarosas e imprevistas entretelas del sistema. Desde el germen de un nuevo nazismo, ramificado entre nostálgicos que quieren levantar un Cuarto Reich y meros supremacistas que se apoyan en un lenguaje populista para doblegar por la fuerza bruta la mente débil de esas sujetos que ya de por sí viven en combustión por la indignación y la rabia, hasta aquellos que a su manera intentan dar algo de paz y poner en valor la memoria histórica de los suyos.

En todo caso, “Hunters” es una muy buena propuesta que sin pretensión documental ficciona, mastica y digiere el drama del Holocausto de una forma que sin herir sensibilidades sirve para entretener pero también concienciar a los nuevos espectadores sobre los peligros de unas ideas, nacidas en el seno del odio, la segregación, la superioridad y la violencia, que corren el peligro de dar forma a un mensaje que se propaga con la celeridad de un virus poniendo en jaque a las sociedades del mañana. Y es que tanto desde la acción como desde la omisión todos nosotros jugamos un papel en el tablero de la Historia.

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Nacho Gonzalo

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