Cine en serie: “Viaje a los confines de la tierra”, la trilogía aventurera y marina de William Golding

Cine en serie: “Viaje a los confines de la tierra”, la trilogía aventurera y marina de William Golding

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Querido Teo:

Para aquellos a los que se les cae la casa encima y necesitan socializar, en ocasiones de manera imprudente en el año en blanco que nos borró sonrisas y nos privó de abrazos, la adaptación televisiva de “Viaje a los confines de la tierra” de William Golding puede ser una buena opción para comprender como era la vida de la tripulación y los pasajeros que a bordo de un barco llevaban a cabo el viaje por mar de Inglaterra a Australia en busca de un mundo mejor ante una Europa marcada por las guerras napoleónicas. David Attwood dirigió en 2005 esta miniserie de tres capítulos para la BBC que contó con un joven Benedict Cumberbatch a punto de comenzar a destacar en el cine y saltar al estrellato. La serie puede recuperarse ahora en Amazon Prime.

“Viaje a los confines de la tierra” tiene ese punto marino poético y de códigos de honor que tan bien reflejó Peter Weir en “Master and Commander” (2003). El protagonista es Edmund Talbot, un joven de buena familia que viaja a Australia para hacerse cargo de un puesto en el gobierno que le ha conseguido su padrino. Con el destino resuelto, y sólo a merced de las circunstancias que le depare una travesía llena de peligros e incertidumbres, Talbot emprende una especie de año sabático en un viaje de seis meses en el que no sólo se descubrirá a sí mismo sino valores como la amistad, la lealtad, la valentía, la constancia y, por supuesto, otros placeres mucho más carnales entre mugre, suciedad, alcohol, aburrimiento, alucinaciones, ventiscas y golpes de mar. Un rodaje que tuvo lugar durante cuatro meses en localizaciones de Sudáfrica y que presenta una ambientación exquisita.

David Attwood encontró en Cumberbatch el actor perfecto para un personaje que tiene un protagonismo absoluto ya que la historia se narra desde sus perspectivas, vivencias y sentimientos: “Encontramos a Benedict Cumberbatch bastante temprano. Necesitábamos un actor muy bueno, alguien lo suficientemente joven como para ser creíble como un aristócrata, un carácter ligeramente rebelde, como el de un adolescente en cuanto a sus puntos de vista sobre el mundo. Pero también necesitábamos a alguien que pudiera mantener la pantalla durante cuatro horas y media, en cada escena. Necesitábamos a alguien con experiencia que no sólo fuera muy buen actor sino que supiera manejarse en un registro dramático, emocional y en ocasiones cómico, siendo Benedict la respuesta ideal a eso”. El reparto se completa con otros nombres ilustres de la escena británica como Jared Harris (“Chernobyl”), Victoria Hamilton (“The crown”), Sam Neill (“Parque Jurásico”) y Charles Dance (“Juego de tronos”).

Una serie rodada con empaque y que fue inicialmente escrita por Leigh Jackson siendo sustituido por Tony Basgallop al enfermar el primero de un cáncer que le impidió ver el resultado de la serie. Un fascinante viaje de autodescubrimiento en el que un joven aristócrata que se piensa que sabe todo sobre el mundo se da de bruces con la realidad, entrando en contacto con el grupo de personajes que pueblan ese barco conociendo valores como la amistad, sentimientos como el amor y también los sinsabores de un mundo en el que no siempre la justicia impera. El joven será testigo de cómo se tapa un caso de acoso y abuso al reverendo de la nave para evitar males mayores en la convivencia del barco, se producen suicidios ante el terror a morir ahogados, sufren episodios etílicos o combaten las inclemencias que les lleva a que se rompa el trinquete de la nave o que tengan que sortear como pueden la presencia de hielo cuando pasan por el sur del Océano Índico.

“Viaje a los confines de la tierra” no es sólo una aventura literaria sino que también muestra un contexto histórico marcado por la contienda bélica entre Inglaterra y los franceses lo que lleva a que desde la zona de vigía siempre se esté con la tensión del avistamiento enemigo y teniendo que ser el tesón, la pericia y la suerte la que termine definiendo el destino de una nave y unas personas que nunca tendrán la certeza de sí podrán llegar a la meta y si ese día en el que amanecen en alta mar no será en el que mueran ahogados. El tiempo como algo frágil que lleva a unos y otros más que hacer planes a saborear el placer de una buena conversación, relajarse ante la inmensidad del mar y, por qué no, dejase llevar por los placeres más mundanos y placenteros frente a una tensión siempre presente pero de la que nadie quiere hablar por una simple cuestión de mal fario.

Las vivencias de Talbot son escritas en un diario en el que se explaya en los episodios de aletargamiento fruto de la rutina pero que también lleva tras tantos meses de viaje a que, entre todos, se forme una convivencia familiar y en el que cada uno, con sus personalidades y características, tenga que ampararse en los demás para que todos puedan llegar a buen puerto. Todo a pesar de que él no deje de tener la perspectiva desde su acomodada posición, siendo uno de los pasajeros más ilustres de la nave, disfrutando de buenas comidas, charlas de admiración y respeto mutuo con el irascible pero noble capitán y otros oficiales, y no teniendo que sufrir el hacinamiento de otros tripulantes contando, eso sí, con el mejor camarote pero que no deja de ser un cuchitril muy lejano a lo que él está acostumbrado.

Precisamente hay que destacar el tercer capítulo en el que, además de producirse el desenlace de la serie, sobresalen las conversaciones entre el personaje de Edmund Talbot y el del señor Prettiman (Sam Neill), un sindicalista que busca organizar el movimiento obrero en Australia y que se muestra asqueado ante la podredumbre del sistema del gobierno británico representado por la clase a la que pertenece Talbot, teniendo acaloradas dialécticas pero con el valor de la palabra y el respeto como arma demostrando que, frente a los sectarismos en los que nos movemos hoy en día, ante todo hay que anteponer las personas a las ideas estableciendo puentes sobre los objetivos comunes de unos y otros.

Las novelas que conforman la trilogía de William Golding contaron con esta modélica producción que enarbola esa epopeya marina y aventurera con la que muchos se criaron de pequeños, bien ante las páginas de algún libro o frente a la pantalla. El espectador queda inundado de ese sentimiento de pertenecer a un barco que lentamente intenta avistar esa tierra prometida en la que, tras seis meses de convivencia, cada uno seguirá escribiendo por sí mismo las páginas de su vida y haciéndose cargo del timón de su propia existencia. Una travesía de esas que enriquecen a nivel personal y que fundamentan la máxima de que viajar abre la mente al poder conocer otros lugares, gentes y culturas, más cuando, como es el caso, y desde un punto de vista sentimental, dos barcos con rumbos diferentes acaban destinados a quedar anclados en el mismo puerto, incluso enamorándose nuestro protagonista con el idealismo inocente y pasional de la juventud.

“Viaje a los confines de la tierra” adaptaba la trilogía de Golding compuesta por las novelas “Ritos de paso” (1980), “Cuerpo a cuerpo” (1987) y “Fuego  en las entrañas” (1989), que mantienen entre sí un mismo hilo conductor narrando ese largo viaje, y destaca por su realismo y por el retrato de personajes que se construye a lo largo de sus tres partes con escenas de gran altura como la tensión que se palpa en el improvisado juicio del primer capítulo, cuando entre la neblina se avista otra embarcación presumiblemente enemiga en el segundo, o la incertidumbre de si el destartalado navío podrá resistir la recta final del viaje. Todo mientras el espectador puede casi oler el salitre, sentir el aire de suciedad y alcohol y oír el crujido de la madera resquebrajada. Una aventura fascinante por la que surcar frente a la pantalla y que consiguió 6 nominaciones en los Bafta 2006 de la televisión, entre ellas la de mejor serie de drama.

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Nacho Gonzalo

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