Coleccionable Stephen King: El clavo de la pared

Coleccionable Stephen King: El clavo de la pared

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Querido Teo:

King demostró rápidamente que tenía intenciones de vivir de la escritura ya que a los trece años vendió su primera obra en el colegio… y tropezó con los primeros problemas del oficio al hacerlo. En 1960 las pantallas se rellenaban con gran cantidad de películas baratas de terror y Stephen disfrutaba de sus primeras libertades de “adulto”, consistentes en hacer auto-stop con un amigo de su edad, para ir desde su casa hasta uno de los dos cines próximos. “A los trece años quería monstruos que devoraran ciudades, cadáveres radiactivos salidos del mar comiéndose a los surfistas y chicas de aspecto barriobajero y sujetador negro. Películas de terror, de ciencia ficción, historias de pandilleros, de perdedores en moto… Lo que me daba marcha era eso”. Aunque les gustaban todas las de terror, sentía predilección por las de Universal con títulos de Edgar Allan Poe y Roger Corman de director. Las sesiones dobles que incluían una de motos y una de Poe eran su opción perfecta, mejor cuantas más chicas en camisón escotado salieran aterradas.

King recuerda que: “entre todas las «películas de Poe», la que nos causó una impresión más honda fue “El péndulo de la muerte”, con guión de Richard Matheson, formato panorámico y en technicolor (en 1961, el año de su estreno, aún predominaban las películas de terror en blanco y negro). Era una película que partía de ingredientes góticos clasicones, pero que los convertía en algo especial. Es muy posible que fuera la última película buena de terror hecha por un gran estudio antes de que apareciera George Romero con una producción independiente muy violenta, “La noche de los muertos viviente”s, e introdujera cambios irreversibles en el género (algunos para bien y la mayoría para mal). La mejor escena era la de John Kerr excavando el muro del castillo y descubriendo el cadáver de su hermana, enterrada, cómo no, viva. No se me ha olvidado el primer plano del cadáver rodado con un filtro rojo y un objetivo deformante que alargaba la cara, figurando un grito silencioso y estremecedor.”

El muchacho quedó tan impresionado que, durante la vuelta a casa decidió hacer su propia versión de la novela. empleó la imprenta de su hermano mayor y no tardó en tener su primera edición lista, incluyendo el plan de marketing. Tenía en las manos cuarenta ejemplares de ocho páginas bien apretadas y con la debida portada de un péndulo chorreando sangre de tinta negra. Su objetivo editorial no era excesivamente ambicioso, su precio era de 25 centavos por unidad y pensaba que si tenía éxito en el “cole”, y vendía diez ejemplares, conseguiría 40 centavos de beneficio. Al mediodía había vendido casi 25 y al terminar el día había agotado las existencias y llevaba la fortuna de nueve dólares en los bolsillos. Era lo más parecido que pudiera haber en su género a un best-seller. Por desgracia una profesora había visto un ejemplar y antes de salir del colegio el autor fue llamado al despacho del director. Le explicaron que no era posible usar el colegio como un mercado y menos plagiando a Poe de semejante manera. King recordaría años después que al mismo tiempo que le regañaban por el comercio ilícito una profesora llevó su reproche hasta un punto más positivo: “Lo que no entiendo, Stevie —dijo —, es que escribas esta basura. Tú escribes bien. ¿Por qué desaprovechas tus facultades?.”

ColeccionableStephenKingFamousmonsteroffimlandEn realidad no lo estaba haciendo porque ya había enviado su primer cuento a la publicación favorita de la gente de su edad, llamada Famous Monsters of Filmland. Se lo rechazaron. Tenía catorce años, se afeitaba sin necesidad un par de veces a la semana, y disfrutaba de un cuarto abuhardillado donde tenía la máquina de escribir regalada por su madre, varios cientos de libros de bolsillo, ciencia-ficción la mayoría, y el clavo de la pared donde pinchó su primera nota de devolución. También tenía un tocadiscos donde pinchaba a Elvis Presley, Chuck Berry, Freddy Cannon y Fats Domino. Durante los siguientes dos años el clavo tendría que ser sustituido para poder acoger las sucesivas notas de devolución que fueron acumulándose, sin que Stephen se desanimara.

Por fin fueron llegando algo más que simples rechazos. Fantasy and Science Fiction, que era importante en el sector, rechazó “La noche del tigre”, pero el responsable añadía una nota que King no ha olvidado: “El cuento es bueno. No está en nuestra línea, pero es bueno. Tiene usted talento. Envíenos más cosas.” El cuento estaba inspirado en un capítulo de la serie de televisión “El fugitivo” donde el doctor Richard Kimble trabaja limpiando jaulas de animales. Diez años después de aquello, King encontró en una caja el original. Ya había vendido tres novelas y no era ningún desconocido. Retocó algunos detalles y volvió a enviar el cuento a la misma revista, sólo para confirmar que la vara de medir puede ser muy distinta, al margen de la calidad de los textos. El cuento fue publicado y destacado entre los contenidos del número de ese mes. El primer cuento publicado de King aparecería en un fanzine de terror pocos meses después, y aunque no le respetaron el título de “Yo fui un ladrón de cadáveres adolescente”, se quedó convencido de que era el principio del final del clavo de la pared.

Carlos López-Tapia

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