Comer de cine: El pan de “Los miserables”

Comer de cine: El pan de “Los miserables”

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Querido primo Teo:

Pasó el verano con calor (mucho calor) y tiempo libre (quien ha podido). Ha sido el momento de hacer el vago e ir al cine (ya sólo por el aire acondicionado merece la pena) o tumbarse a la sombra con una bebida fresquita a leer un buen libro. Pero ya ni eso es como antes, las nuevas tecnologías se han colado en el viejo arte de deleitarse con una buena historia escrita y ahora en vez de pasar páginas presionamos los botones de unos aparatitos que pueden almacenar cientos de obras. Ante el avance de los eBooks y sus correspondientes libros digitales no puedo más que alegrarme de que la literatura esté viviendo un nuevo resurgimiento. Pero cuando uno ve alguno de los libros que enganchan tanto hoy en día no puede más que lanzar un suspiro. Que si vampiros adolescentes cubiertos de purpurina (uno de los últimos pelotazos literarios, “Cincuenta sombras de Grey”, surgió como fanfic de estos), que si extraterrestres que se insertan en la conciencia de los humanos, que si chavales que luchan entre sí por su supervivencia en un futuro no muy lejano… No es que sean historias malas, ni mal contadas, pero me hacen añorar la profundidad de las grandes obras clásicas. Y sí, ya sé que pueden parecer desfasadas, pero todas ellas hablan de temas universales e intemporales. Y en todo caso, siempre te puedes ver una película que adapte la historia y decir que te lo has leído. Es algo que hace más gente de la que crees, porque, afortunadamente, el mundo del cine siempre ha recurrido a la literatura en busca de inspiración y grandes historias. La fortuna con la que son adaptadas es variable y depende de muchos factores, como demuestran algunos ejemplos recientes.

“Los miserables” es un musical basado en la obra homónima de Victor Hugo en el siglo XIX. Aunque, en apariencia, su temática, situada en los compases posteriores al estallido de la Revolución Francesa, es poco dada a la inspiración musical, lo cierto es que se ha convertido en uno de los más célebres eventos teatrales de todo el mundo. Tiene ya más de 25 años de antigüedad, y aun se sigue representando en los mejores teatros, incluso tuvo su localización a nuestro idioma. La película que hoy nos ocupa es una adaptación cinematográfica de esa obra, de la mano del injustamente denostado director Tom Hooper y con actores de primera fila como Hugh Jackman, Russell Crowe (sí, canta) y la siempre encantadora Anne Hathaway, interpretando el papel más dramático de su carrera (de hecho, uno de los personajes más trágicos de la literatura universal), papel por el que fue premiada con el que, sin duda, fue uno de los Oscar más cantados de la historia de estos galardones. Una de las grandes novedades de esta adaptación es que los actores no hacen playback de grabaciones previas de las canciones, lo que se oye es su voz en directo, captada en el momento de rodar las escenas, lo que las dota de gran autenticidad y fuerza dramática.

La historia se inicia con Jean Valjean siendo encarcelado por robar pan para alimentar a su familia. El pan, ese manjar básico que no falta en ninguna mesa de Occidente que se considera la base de nuestra dieta. El alimento que siempre se ofrece a pobres y hambrientos debido a la facilidad de su elaboración y sus muchas cualidades nutritivas. Aunque en los últimos años se ha visto vilipendiado por quienes lo consideran uno de los grandes causantes de nuestra obesidad (como si el sedentarismo y los productos industriales no tuvieran nada que ver, mira tú), se ha alzado una corriente de cocinillas que reivindican su pureza y el arte que se necesita para hacerlo. Y yo me cuento entre ellos, así que aquí te traigo una receta muy básica que cualquiera puede hacer.

Ingredientes:

* 500 g de harina de fuerza (si eres celíaco usa un preparado panificable especial).

* 300 g de agua templada.

* 25 g de levadura de panadero fresca o 7 g de levadura de panadero seca.

* 5 g de azúcar.

* 10 g de sal.

Elaboración:

– En un bol amplio ponemos la harina y la sal, hacemos un volcán en el centro y añadimos el agua en la que previamente habremos disuelto la levadura y el azúcar. Mezclamos con una cuchara de madera o con los dedos.

– Cuando la mezcla se vuelva demasiado pesada, la pasamos a una superficie plana enharinada y la amasamos con energía durante al menos 10 minutos. No temas maltratar la masa, golpearla contra la superficie y estirarla, eso hará que desarrolle el gluten y que el pan quede más esponjoso. Nuestro objetivo es obtener una masa tersa, elástica y uniforme.

– Dejamos reposar la masa en un bol, tapada y en un lugar alejado de corrientes de aire, hasta que doble su volumen. Dependiendo de la temperatura ambiente puede tardar varias horas, así que hay que ser paciente.

– Retiramos la masa del bol con las manos untadas con aceite y sobre una superficie enharinada amasamos un poco para extraerle el aire. Le damos la forma deseada, de barra, panecillos redondos, etc. Colocamos en la bandeja del horno con papel de hornear y dejamos reposar nuevamente, tapada con un paño o dentro del horno protegida de las corrientes de aire, hasta que doble su volumen.

– Con la ayuda de un cuchillo bien afilado realizamos los característicos cortes sobre la superficie, lo que facilitará su horneado. Hay que procurar que los cortes no sean muy profundos para no desinflar la masa.

– Horneamos en horno precalentado a 220º durante unos 30 o 35 minutos. Sería adecuado poner un cuenco resistente al calor lleno de agua dentro del horno, ya que esto ayuda a que la corteza quede bien crujiente. Si no tienes un recipiente adecuado puedes abrir el horno cada 10 minutos y pulverizar ligeramente con agua la superficie. Si notas que el pan se tuesta demasiado baja la temperatura 20 grados.

Espero que esto te sirva para valorar aún más a esos héroes anónimos que son los panaderos, y el gran esfuerzo que hacen para que tengamos pan recién hecho todas las mañanas. Los verdaderos panaderos artesanos elaboran su pan con masa madre, un fermento natural que ellos mismos elaboran y que puede durar décadas si se refresca y alimenta adecuadamente. La receta que yo te he dado utiliza la levadura de panadero que se encuentra en las tiendas, que es un buen sustituto, aunque no se obtienen el mismo sabor y textura.

Otra de las razones del éxito del pan en nuestras dietas es su extensa variedad y la versatilidad con la que combina con todo tipo de acompañamientos, tanto dulces como salados. Acabo de imaginarte mojando pan en una de tus comidas y se me ha revuelto el estómago, puaj…

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Tu prima.
Mohoja

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