Conexión Oscar 2020: El top 10 de lo visto en el Festival de Toronto

Conexión Oscar 2020: El top 10 de lo visto en el Festival de Toronto

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Querido Teo:

Una buena cosecha la que ha arrojado el Festival de Toronto 2019 con un número de películas que a buen seguro va a arrojar una gran temporada de cine. Toronto es inabarcable, algunas ya las llevábamos vistas de otros festivales, y por ello sólo podemos hacer una panorámica general de lo que hemos visto, prevaleciendo los títulos con aspiraciones para los próximos Oscar. No obstante, también se cuela algún otro título que ya viene con éxito festivalero de otros lugares.

10º “A beautiful day in the neighborhood” de Marielle Heller

“A beautiful day in neighborhood” es toda una delicia invadida por el espíritu de Capra y la bonhomía, nobleza y pasión de la figura del icónico presentador infantil Fred Rogers. Un viaje por la infancia, la imaginación y los lazos familiares en una propuesta entrañable en la que Hanks se permea en el papel de Rogers. Matthew Rhys y Tom Hanks no pueden estar mejor, uno por una mezcla de desesperanza, cinismo y vulnerabilidad llena de encanto y el segundo por el trabajo gestual y vocal creando un personaje mágico e inspirador. Marielle Heller sigue cuidando el guión y los actores de una película vintage en estética y tono naif (introduciéndose en el universo de Rogers) pero universal para todos aquellos que, de mejor o peor manera, han dejado atrás su infancia y necesitan recuperar la capacidad de imaginar y, sobre todo, ser feliz. No se entiende el trabajo de Hanks si no se hace en versión original, con un alarde vocal exquisito para captar el tono tranquilo, suave, persuasivo y consolador de Rogers, transmitiendo su bonhomía, nobleza y casi siendo como el ángel que en “Qué bello es vivir” devolvía a la fe en su mismo al bueno de George Bailey, ese hombre que tanto había hecho por los demás en vez de preocuparse por sí mismo. Es lo mismo que le pasaba a un Rogers sobre el que se rodeaba una aureola de magia, cariño y respeto que se traduce en una estupenda escena en la que los dos personajes viajan en metro y poco a poco se contagia entre los pasajeros el tema de cabecera de su espacio.

Con voz dulce, movimientos rítmicos y mirada pura el personaje que aborda Hanks, y sus conversaciones reparadoras con ese confuso periodista, le hacen también no sólo ganar a éste esa seguridad en sí mismo sino en no tener miedo a decir te quiero y descubrir cómo llegar a ser mejor padre, mejor hijo y mejor persona sin estar movido ni por el miedo ni por el rencor. Y es que, como esa niñera que bajó de los cielos no para cuidar a los niños de los Banks sino para salvar a su padre, eso es lo que ocurre con un personaje que de tan inspirador casi se eleva sobre el suelo. Una delicia en el que la humanidad y viaje redentor de los dos personajes principales abraza al espectador con un proyecto clasicista que es todo un homenaje a una de las figuras más influyentes de la cultura popular de Estados Unidos en las últimas décadas.

9º “Just mercy” de Destin Daniel Cretton

“Just mercy” es un drama judicial y racial muy por encima de la media. Rotundo, ameno y emotivo en una cinta que busca a un público amplio siendo una apuesta de Warner Bros. para la cartelera de otoño. Su mérito es que abordando un tono clasicista en un género manido (y recordando a otras cintas que generan debate y conciencia como “Ejecución inminente” y con el matiz racial como el matrimonio que peleaba contra viento y marea en “Loving”), “Just mercy” tiene alma en la construcción de personajes y destaca en aspectos como el reflejar el compañerismo en el corredor de la muerte o el empeño de abogados y familiares por buscar la justicia lo que emociona y asegura lágrimas en su recta final que permite hacer explotar todo lo que se ha ido cultivando durante la historia, incidiendo en el drama humano y alejándose de todo morbo ya que lo que realmente interesa al director es poner el foco en esas vidas rotas que sufren en sus carnes y en las de los suyos los errores de una justicia que incluso cuando se equivoca no pide perdón.

Cretton logra abordar el drama con intimismo poniéndonos a través de la mirada de indignación y lucha continua del abogado que interpreta Michael B. Jordan sobre el que pivotan otros personajes como un Jamie Foxx en una de sus mejores interpretaciones (su personaje está el corredor de la muerte durante siete años por un delito que no cometió) o un Rob Morgan acusado de homicidio involuntario. Una cinta muy por encima de la media de su género y que sigue incrementando el prestigio de un director que con su ópera prima demostró que ha llegado para quedarse.

8º “Martin Eden” de Pietro Marcello

“Martin Eden” lleva a la Italia del siglo XX la clásica novela de Jack London bañándola de ese espíritu de lucha de clases en el país que ya se reflejó en “Novecento”. El marinero que prueba las mieles de la clase alta desde la marginalidad satisfaciendo sus ínfulas de escritor e ideas sociales aprovechándose de su privilegiada situación sobre una subyugante puesta en escena que tira de apabullantes recursos visuales, analogías y simbolismos y material de archivo, todos con gran valor poético, nostálgico y evocador, para dar consistencia a la historia que homenajea a la clase obrera napolitana entre pasado y presente con mensaje socialista, que torpedea ante la excesiva interpretación de un verborreico intérprete que se aprovecha de un lirismo hipnótico y de la carga que tiene una historia en la que entre triángulos amorosos, devaneos políticos y lucha por los ideales y la dignidad reinventa el clásico literario en una historia en la que el arribismo es la vía que encuentra el protagonista para que su voz, ante la oportunidad que le ha sido brindada, sea oída.

Con los textos de Herbert Spencer, sus ensayos sobre el sentimiento romántico que mueve el mundo y la defensa y el sacrificio de la clase proletaria se establece un puente entre presente y pasado entre cartas sobre el poder del amor por un lado pero también el hecho de cómo el sistema y el clasismo puede truncarlo quedando el arte por encima de todo y mostrando como, ante los incontables recursos visuales de los que la cinta hace gala, el arte puede ser la manifestación total que quede por encima de cualquier idea. Es lo que le ocurre a una cinta que, tirando de una estética analógica y buscadamente anticuada casi como de postal antigua, hace que la riqueza de la imagen quede por encima del mensaje y las convicciones de un Martin Eden que, a contracorriente del sino de los tiempos, pone las piedras en el camino (sean suficientes o no) para que si el mundo no cambia por desesperación y rebelión al menos uno tenga el orgullo de intentar haber contribuido a ello.

7º “The lighthouse” de Robert Eggers

“The lighthouse” es una cinta que es soledad, locura, alcohol y gaviotas. Un ejercicio teatral, pictórico y asfixiante sobre el descarrile de la mente humana ante la angustia de vivir anclado en un lugar inhóspito en lo que no es más que una condena en vida, por muy digno que sea el oficio de farero que asumen los dos personajes en una remota isla en el Maine de finales del siglo XIX. Un blanco y negro que transmite gelidez, terror íntimo y una continua sensación de inquietud para una cinta plástica, sensorial y barroca en su austeridad por lo grotesco y excesivo de algunas de sus escenas que, por otra parte, hace que el espectador hasta huela el alcohol que corre por las venas de estos tipos, los fluidos y ventosidades que emiten al exterior, el viento amenazante y acuciante, la salubridad del mar y la presencia de unas gaviotas que todavía llevan más a estos personajes a sus propios límites.

La cinta no necesita más que de esa atmósfera y de dos actores en estado de gracia para construir un relato digno de la crónica negra del mejor maestro del gótico en el que una naturaleza desatada y la mirada tan personal como alucinatoria del director hacen el resto. Y es que, a pesar de todo, Eggers no oculta sus referencias al cine de Hitchcock, Fassbinder, Corman o Tarr sobre ese crujir de la madera, chimenea al fuego y conversaciones que llevan a traspasar todo límite propio para mantener la convivencia. Y es que una de las cosas más interesantes de la película es ese contraste generacional a la hora de encarar un oficio, entre el veterano ermitaño de vuelta de todo, y de conductas y andares con los que ha adoptado más la forma de un simio o un sabueso, entre gritos, ramalazos de violencia y pedorretas, más que el de una persona acostumbrada a la convivencia, y el joven que poco a poco va impregnándose de esa desesperante y desesperanzadora catedral de los horrores.

6º “Honey boy” de Alma Har’el

“Honey boy” es una valiente, potente y demoledora catarsis por parte de Shia LaBeouf, sensible o dura según tenga que serlo en cada momento, sobre lo que han sido sus propias vivencias como juguete roto tras una niñez y juventud absorbida por una industria deshumanizada y un padre tóxico, del que es a la vez dependiente pero que también le genera una mala referencia para el futuro. Es innegable que LaBeouf con este trabajo pretende reivindicarse a todos los niveles y, como el protagonista de la película, partiendo de esa clínica de desintoxicación que él frecuentó y en la que este proyecto surgió como terapia, intenta fortalecerse emergiendo de su pasado para que sea valorado como el artista y creador que aspira a ser alejado de sus excentricidades, borracheras y años de fama en la saga de “Transformers”. LaBeouf es desde hace tiempo un actor que salta al vacío pero con la conciencia de que caerá de pie ante el innegable carisma y talento actoral que ha demostrado en “Corazones de acero” (2014), “American honey” (2016) o “Borg/McEnroe” (2017).

Shia LaBeouf se permite brillar como actor tirando de caracterización y sustentando la fuerza de la cinta en los diálogos e interacciones que mantiene él como padre con su hijo logrando hacer auténtica esa compleja relación, entre vicios, melancolías, sentimiento de fracaso y la ambivalencia de lo que es quererse pero también dañarse, y que él ahora desde el cine siente desde el otro lado. Lucas Hedges interpreta al LaBeouf de 2005 (en un momento de tocar fondo) y está al nivel habitual de un actor ya imprescindible para el Hollywood actual mientras que el que se erige como un prodigio de la naturaleza es un intuitivo y magnético Noah Jupe que es el absoluto protagonista de la cinta y que confirma la revelación que demostró en sus personajes en “Wonder” y “Un lugar tranquilo”. Una pena que Amazon no confíe mucho a priori en una cinta que bien debería pesar, al menos a nivel interpretativo, en los premios de esta temporada.

5º “Le Mans 66” de James Mangold

“Le Mans 66” es un drama que narra la rivalidad entre la casa Ford y la casa Ferrari para ser los primeros en vencer en la carrera de resistencia de Le Mans en 1966. Aunque en su título en versión original habla del enfrentamiento entre una y otra casa la cinta no trata tanto de eso y adopta la perspectiva de Ford y esos apasionados de la velocidad y el motor encargados de llevar a la marca a uno de sus puntos más álgidos entre episodios de complicidad e infructuosos intentos por superar los límites de velocidad. La cinta logra mantener el ritmo durante sus dos horas y media en una película rodada con clasicismo pero que es tanto un drama adulto como un pepinazo a la hora de poder funcionar en taquilla. La carga emocional que tiene al final es arrebatadora y la camaradería e intereses corporativos está a lo largo de la cinta muy bien mostrada y no sólo por el hecho de estar contada a través de los ojos de Matt Damon y Christian Bale (éste vuelve a sacar petróleo de todo personaje) sino por contar con un reparto que está muy bien definido y dibujado en pantalla con su arco narrativo y emocional, destacando a Tracy Letts como el señor Ford (impagable ese viaje que comparte con Damon a toda velocidad) o ese prodigio de carisma que es Noah Jupe, también visto en este Festival en “Honey boy”, y que se lleva para sí la película en el desenlace como hijo del personaje de Christian Bale.

James Mangold es un excelente director que con esta película incluso está por encima de la destacada “Rush” (2013), con la que comparte algunos elementos temáticos, erigiéndose como un drama adulto con vocación de taquilla y entretenimiento pero que lo hace a través de las motivaciones de sus personajes y no abusando de escenas de celeridad adrenalitica en esta especie de carrera automovilística (mientras paralelamente en esos momentos se llevaba también la espacial entre americanos y rusos) en la que unos hombres bajo el sello de Ford intentaron romper la hegemonía de Ferrari enarbolando la bandera del trabajo en equipo y la pasión común. Una película que entretiene, conmueve y sobre todo te deja atrapado en la butaca con una de esas épicas técnicas y humanas alejadas de secuelitis y parafernalias.

4º “Jojo Rabbit” de Taika Waititi

“Jojo Rabbit” es el nuevo trabajo de Taika Waititi, una de las voces más prolíficas del cine de Hollywood en la actualidad tras la película y serie de “Lo que hacemos en las sombras” y la tercera y (futura) cuarta película de “Thor”. Una cinta en la que un crío de 10 años, que recibe el calificativo de Rabbit por ser incapaz de acabar con la vida de un conejo durante el campamento de juventudes nazi en el que se encuentra, teniendo posteriormente un accidente que le llevará a su casa (donde vive con su madre soltera) descubriendo que tiene guardada en el ático a una niña judía. Waititi dirige y adapta la novela de Christine Leunens teniendo la valentía de llenarla de frescura, humor y ternura con un humor tan negro como ligero, sin abandonar los momentos más emotivos contando con un reparto entregado que se ha volcado ante la valentía de la propuesta del director en tiempos de la dictadura de la corrección política.

Una cinta que en ningún momento busca explotar ninguna polémica sino utilizarlo como crítica de cómo sobrevivir desde la mirada ingenua y despierta de un crío a un mundo que parece ir a la deriva pero en el que, incluso en los peores momentos, siempre hay que tener esperanza en los demás para salir adelante. Waititi se apropia del espíritu de Ernst Lubitsch, Mel Brooks y el tono encantador e intencionadamente naif de “Moonrise kingdom” o “La vida es bella” con algunas secuencias memorables que redondea todo un canto de libertad, riesgo e ingenio con el contexto histórico de un nazismo que vivía poco a poco en esos meses su desmembramiento. Una propuesta que demuestra que lo realmente rompedor y provocador no es avivar polémicas ni herir sensibilidades sino, en un mundo críptico e impersonal, que todavía haya vía para la esperanza como ese baile y número final musical que realmente nos llega a confirmar que estamos ante un milagro de película con un Waititi realmente inspirado ante un panorama que narra lo que en realidad es la guerra, algo tan grotesco y crudo que nunca es solución para nada pero sí el origen de más problemas de los que ya de por sí tiene el mundo.

3º “Historia de un matrimonio” de Noah Baumbach

“Historia de un matrimonio” llegaba con unas críticas excelentes tras su paso por el Festival de Venecia y, aunque finalmente se fuera de vacío dentro del consenso que es la decisión de todo Jurado, en Toronto ha despertado las mismas sensaciones y es que Noah Baumbach vertebra su obra más personal pero también más madura heredando la forma de hacer un tipo de cine deudor de los 70 y que ya ha recibido comparaciones con algunos de los mejores títulos del primer Woody Allen, el clásico que mostró en el cine el lado más descarnado de un divorcio en “Kramer contra Kramer” o incluso una cinta anterior del propio Baumbach, “Una historia de Brooklyn” (2005). Un guión preciso y rico en los diálogos y réplicas dando alma a sus personajes. Apabullante en su sencillez y rotundidad que se inicia con un prólogo magistral que presenta las rutinas y vidas de ambos personajes, él (Charlie) coreógrafo y ella (Nicole) actriz, que poco a poco van minando su relación de la que pende el bienestar de su hijo pequeño y el modo de vida que hasta ese momento han mantenido en el que los dilemas, sueños e inseguridades de este gremio en el que trabajan es el día a día en sus conservaciones y preocupaciones.

Adam Driver y Scarlett Johansson no pueden estar mejor dando humanidad y hondura a unos personajes complejos, ambivalentes y temerosos de lo que está por venir con momentos de lucimiento para ambos ya que ambos aúnan momentos de egoísmo por haber minado la relación pero también otros en los que despiertan compasión. Es de alabar como Baumbach maneja con brío y frescura la relación entre los personajes, y es que en otros títulos de su filmografía las ínfulas indies coartaban en cierta manera las relaciones entre ellos llegando en ocasiones a la petulancia, pero aquí el timing actoral de los actores funciona de manera milimetrada tanto en el gesto, el equívoco y la réplica como se puede ver en esa escena en la que entran en juego la madre y la hermana del personaje de Scarlett Johansson cuando está a punto de llegar el de Driver o cuando éste tiene una herida en el brazo en la visita de una asistente. Aunque la actriz alcanza uno de sus trabajos más complejos y redondos, y es que hacía tiempo que no se le veía tan bien casi desde el principio de su carrera, Adam Driver puede lucirse metiéndose al público en el bolsillo. Una cinta que se recordará con el tiempo y se estudiará a la hora de mostrar en el cine lo que es el desmoronamiento casi imperceptible pero real de lo que fue una relación llena de amor, proyectos en común y sueños pero que día a día ha terminado engullido por la rutina, la convivencia difícil y, en realidad, los intereses distintos de cada uno de ellos.

2º “Waves” de Trey Edward Shults

“Waves” se vendía como un musical adolescente pero primero tenemos que desmentir esto. La cinta de A24 es un melodrama que pivota en una familia afroamericana de clase media contando de fondo con una banda sonora de lista de Spotify así como los temas compuestos por Trent Reznor y Atticus Ross pero el que la cinta esté envuelta por música casi en todo momento, como ambientación de los sentimientos y desarrollo personal de cada uno de los personajes, no significa que tengamos que estar ante una muesca más en el renacido género. ¿Es “Waves” tan maravillosa e hipnótica como demoledora y tremendista? Si ¿Es un musical? Como hemos dicho que suene mucho Spotify no le convierte en eso. “Waves” es un drama sobre el amor adolescente, tan puro y reparador como imprevisible y doloroso. Toda una experiencia que arrolla a lo largo de un visionado que no deja indiferente ante una propuesta con mucha más hondura emocional y miga psicológica de la que se podría esperar para una tercera película de un director de sólo 31 años y que hasta ahora sólo había explorado el género de terror. “Waves” es larga e imperfecta, se gusta de la virguería de la puesta en escena de su director para elevar el estatus de lo que en definitiva es un melodrama familiar de pérdida, rabia, fricción y esperanza, pero la experiencia narrativa y visual no puede ser más rotunda con dos partes delimitadas, una centrada en el chico (Kelvin Harrison Jr.) y otro en su hermana (Taylor Russell). Y es que, sin entrar en detalles que irían en contra del descubrimiento del visionado, si en el primer caso asistimos a un amor desbocado que se enfrenta a la fatalidad del destino en el segundo se nos hace recuperar el aliento con una historia que aún nos hace creer en las personas y en la ternura de una relación incipiente con dos personas que poco a poco se van conociendo entre tonteos, atracción, química y, sobre todo, el hecho de necesitarse el uno al otro como tabla de salvación de un entorno familiar poco halagüeño.

“Waves” es una película que te hunde para después sacarte a flote y con el oxígeno recuperado garantizar debate y reposo ante una realidad que apabulla pero que ante su riesgo también garantizará división logrando que todos los actores brillen en conjunto sin eclipsar a los demás en esta tragedia griega contemporánea que, a su vez, respira tanta verdad. Una cinta que no deja indiferente y que cae de pie a pesar de su ambición temática a la hora de contar algo tan complejo como el amor, el sacrificio y la comprensión de la familia y hacerlo con un equilibrio que lleva a que la historia no naufrague.

1º “Joker” de Todd Phillips

“Joker” es una obra maestra sobre la deriva de una mente enferma, insegura y presa de la megalomanía. Un payaso de medio pelo transformado en asesino y líder de masas de la rebelión frente a los poderosos como fruto de una sociedad desencantada fiel reflejo de nuestros días y que, al igual que en “Network”, ha estado demasiado tiempo resignada sin alzar la voz aunque aquí esto corra el riesgo de que se traduzca en violencia contagiosa e incontrolable. Existe mucha manía de etiquetar pero “Joker” podría ser tanto cine de superhéroes como un capítulo de “Mindhunter”. El envilecimiento de un perturbado con el aire decadente de la citada cinta de Scorsese y el nervio y tensión que se corta en el ambiente del mejor Fincher. Ese es el mérito de un Todd Phillips que construye una película exquisita, elegante y subyugante siendo fruto de debate que si el cine es una analogía de nuestro tiempo y “Joker” pretende retratar como estamos, con locos magnificados por el factor mediático y el extremismo de los populismos, estamos condenados. La cinta no escatima en seguir un tono violento y crudo nada complaciente para una película que, en teoría, nace también con vocación comercial para un público amplio pero aquí ha pesado la voz del personaje y el sello que ha querido darle el autor a cualquier tipo de pretensión para tener satisfecho al espectador medio. ¿Puede hacer un loco que su causa se convierta en bandera enarbolada por los indignados? ¿Ha hecho tanto mal el capitalismo para que los afectados sólo puedan actuar en contra de él a través de la violencia? ¿Se justifican en cierta manera actos cuando los hace un personaje en teoría de cómic pero al que se le pretende dar un matiz de posición ideológica de manera interesada o no? Con unos toques propios de las historias de Batman, y que quedan bien insertadas y coherentes con lo que hemos conocido después de Bruce Wayne, “Joker” asegura la conversación y afortunadamente el rato de buen cine con un Joaquin Phoenix del que ya sabíamos todo lo que era capaz pero que aquí da un salto más dando vida al que es el mejor Joker, aunque sólo sea por el hecho de que él lo construye desde el principio y hasta su viraje hacia el mal, sin tenerlo que interpretado ya definido por concepto y tirando de tics y excentricidades como se lo encontraron en bandeja los anteriores intérpretes.

Un actor que por calidad e intensidad es todo un animal interpretativo que se reinventa, sorprende al espectador y pone toda la carne en el asador sin miedo a que ese volcarse tanto le termine llevando por delante. Joaquin Phoenix, y es que actualmente sólo Daniel Day-Lewis o Christian Bale parecen jugar en esa liga, es un lujo para la interpretación que le ha llevado a representar la ambición en el coliseo de Roma, a ser una persona adorable enamorado de una voz tecnológica o seguir los mandatos del líder de una secta como en su simiesco trabajo en “The master”. Verlo en la película no es sólo un espectáculo sino una de las mejores interpretaciones que se han podido ver en el cine, no dando vida al villano de Batman, sino a un hombre maltrecho emocionalmente en su abismo hacia la locura y hacia las contrapuertas del infierno del mal. Un Oscar que si llega finalmente como debiera (y apostamos desde ya) será incontestable como guinda para uno de los mejores títulos de la temporada.

Nacho Gonzalo

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