Conexión Oscar 2021: Festival de Toronto: "Saint-Narcisse" y "Shiva baby"

Conexión Oscar 2021: Festival de Toronto: "Saint-Narcisse" y "Shiva baby"

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Querido Teo:

El pretendidamente provocador Bruce LaBruce se introduce en la iconografía de la belleza masculina a través del mito de Narciso en su nuevo trabajo mientras asistimos, en el marco de un velatorio judío, a una de las óperas primas más estimulantes y vibrantes del cine reciente.

"Saint-Narcisse" (Bruce LaBruce)

La mitología narcisista enfrentándose al reflejo de uno mismo

“Saint-Narcisse” es una producción canadiense que lleva al máximo el concepto de narcisismo mitológico y de quererse a uno mismo. Una mezcla de géneros que comienza de una manera muy diferente de lo que creemos que va a producirse. Un encuentro fortuito en una lavandería pública a pie de calle que termina siendo la ensoñación de un polvo en el que el chico se excita con su reflejo en el cristal. Y es que Dominic sólo parece tener ojos para su abuela, con la que vive y que se lamenta de que éste se vaya a quedar solo cuando ella falte al no haber formado una familia, y para sí mismo encontrando en él su mayor objeto de deseo. El destino hará que se encuentre con su madre y una hermanastra que viven de manera campestre desvelándose que tiene un gemelo que ha sido criado en un monasterio recluido por un sacerdote depravado.

El 13ª trabajo de Bruce LaBruce, especialista en cine underground y de temática homoerótica, termina derivando en un retrato sobre la excitación carnal en un batiburrillo de misticismo, sexo, deseos y secretos sobre la belleza masculina como culto que termina descarrilando por sus abruptos cambios de tono que llevan a que hubiera sido más interesante que hubiera explorado el conocimiento entre sí de estos dos gemelos, más allá de ser casi como una novela gráfica para rescatar al hermano que ha caído víctima de las garras de una secta que experimenta con él sus peores perversiones.

Todo para, entre la tensión sexual que inunda la cinta en todo momento sin dejar libre a ningún personaje, desembocar en un final “happy end” enarbolando el espíritu hippy y de amor libre que sorprende y que no casa con lo que vemos en la película durante su primera hora perdiendo de manera forzada e inexplicable su oscuridad. El inclasificable director sigue explorando el lado oculto del sexo de múltiples maneras sustituyendo su tradicional vena transgresora y outsider en un salto al cine más accesible que se antoja fallido y poco inspirado.

"Shiva baby" (Emma Seligman)

Una ópera prima llena de ingenio y ritmo en el marco de la tradición judía

“Shiva baby” puede ser una de las sorpresas que salgan de esta edición del Festival de Toronto. Emma Seligman debuta con esta cinta que dirige y escribe y en la que en apenas 77 minutos lleva a cabo un relato vibrante, teatral y refrescante jugando con el enredo, el convencionalismo social, el despertar sexual y el contraste entre el peso de la tradición y la necesidad que tienen de ser libres las nuevas generaciones. El escenario es un funeral judío, de estos que se desarrollan dentro de una casa de barrio residencial y con abundante comida, al que asiste una estudiante universitaria con sus padres. Lo que ella no sospecha es que allí se encontrará con su amante, un treintañero que, además, aparece con su mujer y su bebé, algo que la joven desconocía y que amenaza con hacer descarrilar su pretendida controlada ansiedad ante todo lo que se le viene encima.

Una apuesta de humor negro brillante en el guión y que logra mantener una tensión en alto jugando con las distintas estancias de la casa entre confidencias, revelaciones y familiares, amigos y conocidos estrafalarios que siempre están dispuestos a preguntar si ya tienes novio y cuando vas a casarte. Una cinta que no necesita del desbarre de la exitosa “Un funeral de muerte” (2007) pero sí de esa espiral caótica en la que todos hemos caído alguna vez propio de situaciones embarazosas en las que uno desea que se le trague la tierra. Una sinfonía en la que cada sonido, replica y conjunción de voces permanece afinado durante todo el metraje dejando al espectador tan entregado como exhausto ante el ritmo que con tan pocos mimbres consigue gracias a unos diálogos y actores que están en el tono justo siendo tan singulares como esperpénticos pero también muy auténticos presentando a una protagonista bien definida en el guión, incluso dándole tiempo a mostrar su bisexualidad, pero siempre empática y reconocible como esa joven que siente que el peso del mundo cae sobre su cabeza creando una Danielle que merecería ser tan icónica como la Juno de Ellen Page, siendo más cercana y menos cargante.

Aquí es la actriz Rachel Sennott la que lleva el peso de toda la película, con una labor muy gestual, mientras tiene que estar tapando agujeros continuamente ante un encuentro que amenaza con hundirse si se desvela el pastel. También magníficos Fred Melamed y Polly Draper como los padres, Dianna Agron como la esposa del amante y Jackie Hoffman o Sondra James como esas invitadas al acto tan chismosas como divertidas. Imposible no enamorarse de la película cuando se resuelve de una manera tan simple y sencilla como el hecho de que los principales personajes tengan que compartir, con las mejores intenciones, un espacio todavía más pequeño confirmando que quizás el ser humano es especialista en magnificar problemas cuando en realidad todo es más sencillo. Toda una sorpresa más teniendo en cuenta que es obra de una joven realizadora que ha visto impulsar su ópera prima gracias a la fundación a la que pertenece el Festival de Toronto dirigida a jóvenes realizadores. Talento que juega en casa y que esperemos que se confirme con el tiempo ya que bien merece que sigamos la pista a Emma Seligman.

Nacho Gonzalo

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