“Cuando el hierro era más caro que el oro”

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El capitalismo triunfante tras la caída del bloque soviético y la incorporación de China al sistema de comercio mundial se concreta a menudo en la imagen de la campana electrónica que se activa dos veces al día desde un palco de la Bolsa de Nueva York. Desde 1901 se pasó del gong a la campana que abre y cierra sesiones, que la CNN retransmite a diario, y que hemos visto en las pantallas. Pocos de los que trabajan allí sabrán que han recuperado el sistema de apertura y cierre del primer mercado donde se fijaban los precios, del oro y la plata, para el comercio europeo. Una campana especial llamaba a los comerciantes en metales preciosos al mercado de Rialto en Venecia. El metal sigue siendo el valor con el que nos conducimos cuando el papel y la confianza fallan.

Título: “Cuando el hierro era más caro que el oro”

Autor: Alessandro Giraudo

Editorial: Ariel

El autor es un economista que lleva algunos años, y algunos libros, dedicándose a la divulgación de la Historia económica. Nos propone un recorrido lleno de anécdotas y datos relacionados con los metales. La pantalla histórica está llena de metales imaginarios. Armaduras extrañamente flexibles, espadas de aceros relucientes que nunca existieron y escudos que tampoco. El metal ha sido codiciado porque siempre ha sido escaso. Se dice que todo el oro del mundo cabría en seis piscinas olímpicas, y el herrero fue oficio tan necesario durante milenios, que se rodeó de mitología y rituales. El hierro excitó mucho tiempo el imaginario de lo divino y lo celestial. Se expusieron muchos meteoritos en los altares de los templos, donde los adoraban los fieles, maravillados y espantados al mismo tiempo por el origen de esos «pedazos de cielo». El autor nos recuerda que la capacidad de producir temperaturas elevadas fue (y lo sigue siendo) uno de los criterios para evaluar el estado tecnológico de una civilización. Da cuenta del paso de la Edad de Piedra (300-400°C) a la del bronce (unos 1.100°C), a la del hierro (1.500-1.600°C) y a la civilización tecnológica actual (temperaturas industriales muy superiores y temperaturas negativas próximas al cero absoluto), por no hablar de las temperaturas extremadamente elevadas durante nanosegundos que se alcanzan hoy en la investigación.

Giraudo nunca pierde de vista que la amenidad y el detalle insospechado endulzan el aspecto matemático de su oficio, y consigue una obra que garantiza un buen regalo para todo aficionado a la Historia, pero también para cualquier curioso.

Carlos López-Tapia

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