“Doctor Sueño”

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El segundo día de Diciembre de un año en el que un cultivador de cacahuetes de Georgia hacía negocios en la Casa Blanca, uno de los hoteles de veraneo más importantes de Colorado ardió hasta los cimientos. El Overlook fue declarado siniestro total. Tras una investigación, el jefe de bomberos del condado de Jicarilla dictaminó que la causa había sido una caldera defectuosa. En el hotel, que permanecía cerrado en invierno, solo se hallaban presentes cuatro personas cuando ocurrió el accidente. Sobrevivieron tres. El vigilante de invierno, John Torrance, murió en el infructuoso (y heroico) intento de reducir la presión de vapor en la caldera, que había alcanzado niveles desastrosamente altos debido a una válvula de seguridad inoperante. Dos de los supervivientes fueron la mujer del vigilante y su hijo. El tercero fue el chef del Overlook, Richard Hallorann, que había dejado su trabajo estacional en Florida para ir a ver a los Torrance porque, según sus propias palabras, había tenido “una poderosa corazonada” de que la familia se hallaba en problemas. Los dos supervivientes adultos resultaron gravemente heridos en la explosión. Solo el niño salió ileso. De esta manera sencilla King nos conecta con el final de “El resplandor”.

Título: “Doctor Sueño”

Autor: Stephen King

Editorial: Plaza & Janés

La secuela de un mito del fantástico, que Joey de “Friends” guardaba en el congelador de su frigorífico, proporcionó un baño de devoción a King durante la presentación en París a la prensa europea. Alguien dijo que King conseguía la aprobación literaria de la crítica a pesar de que él mismo no considere su trabajo el de un gran escritor. Desde luego no ha inventado parte de un idioma, como hizo Shakespeare, pero sus clientes son similares, personas con ganas de ser entretenidas. La maestría de King en ese terreno supera el desafío de retomar una historia que el cine universalizó.

Para conseguirlo convierte al niño superviviente de “El resplandor” en la clave de una trama más amplia, donde juega un papel también central una adolescente poseedora del mismo don inexplicable. Es cierto que el niño Daniel Torrance resultó ileso, pero solo por fuera. King nos hace saber inmediatamente que el alcohol se ha convertido en su mejor enemigo.

Ignorantes de su existencia, un grupo de personas que se hacen llamar “El nudo verdadero”, atraviesan una situación crítica; pasan hambre y su alimento no es el habitual. “En una ocasión Dani se cruzó en el camino de El nudo verdadero sin percatarse, al menos en la parte superior de su mente, aunque en las profundidades —en la parte que resplandecía— notó algo. Un hedor, marchito y desagradable, como el olor a goma quemada en un tramo de autopista donde se hubiera producido un accidente momentos antes”. Sin desearlo ni buscarlo, Daniel se verá enfrentado al origen de su poder y tendrá que luchar.

Con una historia más coreografiada que la de “El resplandor”, con más acción, la trama funciona con la implacabilidad de un objeto creado por un maestro relojero. King dedica su obra al músico Warren Zevon, compañero de más de un concierto, muerto de cáncer en el transcurso de la creación del libro y cuyo último disco grabó sabiendo que no habría más, y cuya versión de Llamando a las puertas del cielo es estremecedora.

King parece no haber querido dejar la puerta abierta a una tercera parte, pero es experto en buscar puertas donde otros no las vemos. Concretar fantasmas lleva la historia más lejos que en “El resplandor”, pero esto nunca ha sido un problema para el mayor creador vivo del mundo fantástico.

Carlos López-Tapia

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