“El pasadizo del deseo”

“El pasadizo del deseo”

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Imaginad una calle pequeña, el pasadizo del deseo, en el centro de París; en un barrio que se mantiene un poco a espaldas de los circuitos turísticos. Al lado, en el pasadizo Brady, está “Aux belles de jour comme de nuit (Bellas de noche y de día)”, un restaurante que tiene buenos precios para la comida que sirve, pero sobre todo tiene una clientela fija. Entremos en el pasadizo cubierto y lleno de restaurantes; “El Belles” es el único establecimiento de su clase porque la mayoría son indios. El menú de hoy incluye morro a la vinagreta acompañado de un salteado de verduras, embutido con denominación de origen, guiso de carne de vaca y tocino, cerceta de Berbería y postres variados. Entremos un momento…

Título: “El pasadizo del deseo”

Autor: Dominique Sylvain

Editorial: Suma de Letras

En una mesa arrinconada pero cómoda hay dos mujeres. Su “madre” es Dominique Sylvain, creadora de la pareja más peculiar de la novela negra francesa. No pueden ser más distintas. Una francesa, la otra norteamericana; una en torno a los 60, pelo gris, grande y gruesa; la otra rubia de ojos claros, alta y fibrosa. La primera es una comisaria de policía que ha decidido jubilarse antes de tiempo, el hueco que ha dejado en su equipo al abandonarlos no sólo se debe a su volumen, y eso a pesar de tener un carácter espantoso y una sorna implacable; le cuesta un mundo salir de casa, donde hace puzzles gigantes envuelta en una bata horrible. La segunda es la americana que aprendió masaje balinés en Bali, tai en Bangkok, shiatsu en Tokio; con amigos en todas partes, desde Sidney hasta Solo, de Ko Samui a Hong Kong, de Luang Prabang a Manila, de Vancouver a Nueva York, aventurera que abrió un paréntesis y aterrizó en París. Habla con sus colegas desperdigados a través del correo electrónico, casi nunca apaga el ordenador. Son dos hembras alfa a más no poder, aceite y agua.

La habilidad de Dominique Sylvain para unir a la comisaria Lola Jost y a la vivaz Ingrid Diesel; para ponerlas al servicio de crímenes que caen en sus manos a su pesar; para manejar la comedia y el costumbrismo, han convertido a la autora y su pareja en una de las lecturas más populares para los aficionados al “polar”, como llaman los franceses a la novela negra.

En 2005 se premió la primera historia de la serie, “El pasadizo del deseo”, que tres años más tarde se tradujo al español. No es la única historia de la autora, ya llevaba diez años en la brecha, pero si la que la colocó junto a las dos damas del “polar” francés, Fred Vargas y Dominique Manotti.

“El pasadizo del deseo” comienza con un “alunizaje” en una casa de cambios. Al mismo tiempo una joven aparece muerta con los pies cercenados en el barrio donde viven Lola y su compañera de aventuras en el París de los pequeños restaurantes, de los inmigrantes y del afán diario por ganarse la vida y sobrevivir. De momento ellas ya han sobrevivido a cuatro novelas sin perder el apoyo de los lectores. Creo que si os animais a leerla, a la mayoría de vosotras os caerán muy bien estas dos.

Carlos López-Tapia

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