El valle de San Pornando (I)

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Querido Teo:

Los visitantes de Los Ángeles que dedican un rato a localizar casas de estrellas y viejas glorias del cine en Hollywood, para orientarse basta con un mapa que se puede encontrar en librerías, tiendas de prensa o Internet, suelen echar un vistazo a la mansión rancho del director clásico Cecil B. DeMille. Los más cinéfilos tal vez tengan un recuerdo para la primera poseedora del título “novia de América”, Gloria Swanson, que solía montar a caballo por la zona. Pocos de esos turistas saben que en esa casa lo que se montan ahora son películas pornográficas.

Su propietario cumple el rito diario de sentarse en su despacho para abrir el ordenador y supervisar en tiempo real como está marchando el consumo de porno en todo el mundo. Tiene un grabado de Miró algo agrietado en una esquina; también fotos de sus dos hijos pequeños, que nunca están en casa cuando hay gente follando en el Estudio, donde se rueda con alguna de las miles de mujeres que acuden a Los Ángeles cada año esperando hacer carrera en el porno, mujeres de todas las edades, tamaños o raza, para responder a la afición por las mujeres entradas en años o por las obesas.

Ya hace casi veinte años que Jason Tucker era un estudiante sin dinero, cuando una de las mayores empresas del país, según la revista Fortune 500, le pidió que estudiase porque los pornógrafos ganaban tanto dinero en la Red. Era la década de 1990 y la pornografía saltó al hiperespacio al recibir el combustible Internet. Jason Tucker aprendió y se sumó al negocio para amasar una fortuna de trece millones de dólares, acumulando la mejor base de datos de fotografías, revistas y videos eróticos. Lo hacía a costa de la vieja guardia como Larry Flint que tras construir un imperio de papel de 400 millones de dólares, vio como su sección de revistas era diezmada: “Mi sección de revistas bajó de tres millones de ejemplares a unos trescientos mil y todo ello debido a Internet”, declaraba hace tres años a una revista del sector. Flynt y otro gran empresario de pornografía tradicional, Joe Francis, pidieron en 2009 un plan de rescate financiero de 5.000 millones. El último nicho de Larry Flynt se llama bordeando la legalidad y se basa en mujeres que parecen menores de edad. “Moisés liberó a los hebréos, Lincoln liberó a los esclavos, y a mi me ha tocado liberar a los neuróticos, porque de eso es de lo que estamos hablando aquí”.

Por mucho que diga Flynt, en realidad se habla de dinero. Los Ángeles produce la mayoría de las películas porno de todo el mundo, en 2010 cerca de once mil, el triple que Hollywood. Aunque es difícil encontrar y comprobar estadísticas actuales, se calcula que el negocio ingresa entre diez y catorce mil millones de dólares anuales. Incluso sumando los ingresos del deporte y de la música profesional en directo, quedan muy por debajo de los del porno. Es el resultado de que la audiencia de un vídeo sexual con famoso incluido supere la de la Super Bowl. Se tiene una idea más precisa del número de personas que trabajan directamente en el mundo porno angelino, en 2008 más de 60.000.

Casi todas las películas se producen a espaldas de Hollywood, en su propia zona, en el valle de San Fernando, conocido también como San Pornando o valle de la silicona, ya que cada año alrededor de cien mil mujeres del condado de Los Ángeles se operan los pechos. Aquí se produce el 95% de toda la pornografía norteamericana. No faltan chicas dispuestas a tener relaciones sexuales ante una cámara a cambio de dinero, y hay cazatalentos que se acercan a un talento en potencia con una propuesta simple y directa: ¿cuánto me costaría follarte en una película?.

La parte Zeta del cine porno, la más barata, estaría bien representada por el nicho de Adam Wood, que mostraba para el documental Pornoepidemia, un apartamento raído situado en la zona de renta baja del valle. Su “inversión empresarial” es de 300 dólares en el equipo de grabación, unos focos de 30 dólares y un sofá de otros 30. El presupuesto de producción es de 50 dólares para cualquier mujer dispuesta a practicar el sexo con él ante la cámara. Es uno de los miles de buscadores de oro pornográfico en el valle. Sus modelos son los personajes que mandan en el negocio.

Carlos López-Tapia

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Comentarios

diosvani padron - 06.07.2015 a las 04:08

Quiero ser autor porno

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