“Estudio en negro”

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El cine popular no nos ha mostrado todavía a la “gente dulce” Fue moda en el Londres de finales del XIX. Se trataba de un espectáculo callejero donde hombres y mujeres se untaban el cuerpo con un azúcar pringoso. Recorrían las callejuelas por la noche con unas cuantas cucharillas atadas a largas cadenas colgadas del cuello. El tintineo era identificado con facilidad. Podías probar el azúcar por un penique, y por unos cuantos darte un atracón arrancando láminas con la cucharilla. Desnudar al hombre o la mujer dulce fue un pasatiempo, una diversión de las favoritas entre los jovencitos nobles. Este es un detalle de la investigación realizada por el autor de “Estudio en negro”, variante de “Estudio en escarlata”, el primer caso de Conan Doyle para Sherlock Holmes.

Título: “Estudio en negro”

Autor: José Carlos Somoza

Editorial: Espasa

Decir de una historia de intriga que es la mejor que se ha leído a lo largo de un año es difícil para un lector como yo, que me muevo como una perdiz entre Historia, divulgación científica, novela negra y variada, pero tengo la seguridad de que al menos ha sido una de las mejores; y sin dudarlo la mejor de las dedicadas a esa sombra dejada durante ya más de un siglo por Sherlock Holmes. No he leído todas las secuelas sobre la creación de Conan Doyle, ocuparía toda una vida, pero sí las que han alcanzado la relevancia que han justificado su traducción a mi idioma, incluyendo al detective Hanshichi del japonés Okamoto Kidô y alguna que de momento ni siquiera ha sido publicada.

Cuando José Carlos Somoza era un niño, su padre le regaló las historias completas de Sherlock Holmes. El caso no es extraordinario en manera alguna. Somoza tiene 60 años y Holmes en su juventud ya era el motivo de la norteamericana The Baker Street Irregulars y de The Sherlock Holmes Society of London, ambas sociedades creadas en 1934; Doyle había sido reeditado decenas de veces, sobretodo el cine había convertido a Holmes en un personaje tan popular como para ser el investigador más recreado en las pantallas, más de setenta actores en más de 200 proyectos audiovisuales. Lo que es de agradecer es que Somoza esté en su madurez al construir “Estudio en negro”.

El juego es una de las actividades más interesantes del homo sapiens, para algunos psicobiólogos va más allá, mucho más allá, del puro entretenimiento, es la actividad que mejor define la complejidad evolutiva del cerebro. Somoza nos ofrece un juego que explica el origen de Holmes, llevándonos al lugar y la época, a las costumbres y psicología que circulaban por el mundo donde nació. La “carpintería” de la trama es excelente, un conjunto de piezas, de apariencias y momentos que encajan y giran con precisión relojera. Incluso se permite una jugada final, el último truco, de coherencia sorprendente.

“Estudio en negro” contiene además la originalidad de que está narrado por una mujer de la Inglaterra de finales del XIX, seguidora de las enseñanzas de Florence Nightingale, maestra de enfermeras, que acepta un trabajo en una clínica de reposo, donde deberá encargarse de un “insano” extraño, misterioso, del que el propio director del centro ni siquiera conoce el nombre.

El teatro victoriano fue tan malo que la inmensa mayoría está hundido en el olvido, pero su popularidad entonces le hace jugar un papel muy interesante en la historia, que también incluye una explicación divertida sobre la afición reconocida de Conan Doyle por el espiritismo. Desde luego, es un libro imprescindible para los seguidores de Holmes.

Carlos López-Tapia

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