“Imperiofobia y leyenda negra”

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Las ilustraciones que acompañaban a las novelas que hicieron furor en el siglo XIX, cuando se trataba de España, solían incluir villano, inquisidor, y alguna dama en apuros… y se trasladaron al cine nada más aparecer el nuevo medio. La autora de este libro cita un trabajo de Samuel Amago, donde procura explicar “cómo la leyenda negra se sigue perpetuando a sí misma en el cine contemporáneo europeo”. Lo hace con “Harry, un amigo que os quiere” (2000) y Negocios ocultos (2002) de Stephen Frears. Sergi López interpreta no sólo al malo, sino a un malo de quien se procura destacar que es español. Es el “spanish villain”, un personaje casi arquetípico desde los tiempos del teatro isabelino.

Título: “Imperiofobia y leyenda negra”

Autor: María Elvira Roca Barea

Editorial: Siruela

Hace ahora un año que se presentó en las librerías una de las obras más interesantes que he leído en los últimos 12 meses. No es frecuente que un ensayo histórico alcance 17 ediciones durante ese tiempo, así que mi impresión inicial ha sido más que corroborada por la de muchos otros lectores.

Al charlar con su autora, un poco desbordada por el éxito inesperado, recuerda el leve gesto contrariado con el que se recibió un manuscrito que casi doblaba en extensión el planteamiento inicial. Es algo natural, porque los historiadores rigurosos suelen dar mucho trabajo de edición, pero aquel “tochito” de 500 páginas que contradecía a bastantes historiadores nacionales y extranjeros; que rompía, con datos y argumentos contrastados, toda una Historia sobre España, se ha convertido en una referencia para la editorial que apostó por el.

María Elvira Barea no da respiro poniendo puntos sobre las íes. No se pueden atravesar ni dos páginas sin que se despierte en uno la pregunta: “¿Pero que me han estado contando?”. Además no se anda por las ramas en ningún momento. Ejemplo:

En 2002 la revista Clío (nº 26) publicó otro artículo titulado «Felipe II: Un rey tolerante frente a la leyenda negra». Aquí afirma Kamen (historiador reputado en el mundo anglosajón. La nota es mía) que fueron las conspiraciones españolas las que llevaron a la muerte a María Estuardo (?): «las conspiraciones [españolas] fueron descubiertas y condujeron a María [Estuardo] a la muerte». Luego continúa vertiendo afirmaciones tan estupefacientes para un historiador profesional como ésta, que atañe a la Gran Armada de Felipe II contra Inglaterra: «En 1588, 130 navíos a bordo de los cuales viajaban más de 18.000 hombres salieron del Tajo. Pero el enlace con los galeones, bajo el mando del duque de Medina-Sidonia, con las tropas de Flandes nunca llegó a producirse. Los galeones se vieron superados en número y calidad por los ingleses, que obligaron a la Armada a huir al mar del Norte y a volver a España por las costas de Irlanda. Se destruyeron unas 40 de las 68 naves que quedaban, con pérdidas humanas de unos 15.000 hombres». Palabra por palabra y dato por dato, todo el párrafo anterior es falso, como demostraremos en su lugar”.

Así, “palabra por palabra y dato por dato”, Barea cuenta sobre la “marca España” mucho más que el ejército de “marketinianos” que llevan años tratando de “vender” el país contra varios siglos de manipulaciones denigrantes para España y para quienes las formulan. La ocultación por interés o la falta de actualización de datos por desgana es una referencia presente a lo largo de la obra.

En 1741, -cuenta Barea-, el británico lord Vernon marchó a Cartagena de Indias con la intención de invadir aquella parte del mundo. No fue un ataque cualquiera. Supuso uno de los mayores esfuerzos que haya afrontado la armada inglesa y fue, hasta el Desembarco en Normandía, el más grande que registra la Historia: 8 navíos de 3 puentes y 90 cañones, 21 de 2 puentes y 50 cañones, 12 fragatas de 40 cañones, varias lombardas y 130 buques de transporte con 12.600 marineros y 10.000 soldados de infantería. Como era una victoria cantada, Jorge II mandó acuñar monedas para celebrarla. En ellas se ve a Lord Vernon de pie y a Blas de Lezo de rodillas (con dos piernas) bajo el lema «The pride of Spain humbled by Ad. Vernon» (El orgullo de España humillado por el almirante Vernon). No podemos contar aquí cómo el almirante Blas de Lezo, con 3.000 hombres, consiguió derrotar a los ingleses con una mezcla de tenacidad y astucia pocas veces igualadas en una batalla. En aquel momento ya le faltaban a Blas de Lezo un ojo, un brazo y una pierna. Lo llamaban «el medio hombre», pero no lo era. Cuando llegó la noticia de la derrota de Inglaterra hubo que retirar las monedas, que debían ser destruidas, pero algunas sobrevivieron y alcanzan hoy un precio fabuloso en el mercado de la numismática. Jorge II y sus ministros consideraron que no hacía ningún bien a la población conocer aquel fracaso y se decidió que no se hablara ni se escribiera nunca más de él. Naturalmente fueron obedecidos porque el control de las publicaciones era férreo en la Inglaterra de este tiempo, y lo ha sido hasta bien entrado el siglo XIX. La mayor parte de la población inglesa no se enteró de lo que había pasado en Cartagena. Y los libros de texto hoy no lo mencionan, ni los españoles ni los ingleses”.

Al final de la lectura, Barea ha presentado muchas más pruebas de las necesarias para demostrar que la leyenda negra caída sobre España al convertirse en imperio no sólo sobrevive sino que los propios españoles somos parte de su persistencia. No es un problema en exclusiva, ya que el libro también dedica espacio a Roma, Estados Unidos y Rusia, con las fobias que despiertan, pero estoy seguro de que para quienes lo leáis será una revelación sobre nuestra Historia.

Algunos aspectos de nuestra leyenda negra están tan incorporados que hasta documentales de la reputaba BBC o historiadores con gran prestigio, tropiezan; no digamos ya los planes de estudio, incluyendo los universitarios. ¿Quién creería que hay casos de condenados a prisión que declaraban delitos no cometidos para ser trasladados de las cárceles reales a las inquisitoriales en la seguridad de un trato mejor? Una obra llena de sorpresas documentadas, valiosas y reveladoras de que las noticias falsas, las manipulaciones, son tan viejas como la escritura.

Carlos López-Tapia

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