“La memoria secreta de las hojas”

“La memoria secreta de las hojas”

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El cine se fija en las plantas o se “sube a los árboles” de vez en cuando. Suele hacerlo reconociendo su importancia, “El árbol de la vida”, o llenándolos de mágia, misterio o dotes excepcionales, “El señor de los anillos”, “El bosque” o “La fuente de la vida”. No es posible minimizar la trascendencia de lo verde, ya que simplemente nuestra existencia depende, aún en este mundo tecnológico, de las plantas, y no me refiero a comérselas ¿Qué véis al mirar por la ventana de vuestras casas? Sería raro que no veáis algo vegetal; ya sea un árbol, un tiesto, o algo de césped. Si es así estaréis observando una de las pocas cosas que no podemos crear los humanos. Lo que tenéis a la vista apareció en las cercanías del Ecuador, hace 400 millones de años. Si es un árbol, hace unos 300. La tercera parte de la superficie terrestre estaba antes cubierta de bosques, hoy cada diez años cortamos el 1% de nuestros árboles sin volver a repoblarlos, lo cual equivale a la superficie de Francia.

Título: “La memoria secreta de las hojas”

Autor: Hope Jahren

Editorial: Paidós

La científica Hope Jahren hace una exhibición de sabiduría botánica sorprendente en uno de los mejores libros de divulgación publicados en este año. Va más allá, porque relata las dificultades de elegir el camino de la ciencia, llenando las páginas de detalles personales de una chica bipolar, enamorada desde muy pequeña de lo vegetal, acompañada desde muy joven por un amigo de ciencia y excentricidades, que van de lo divertido a lo ligeramente espantoso.

Si los árboles son un tipo único de plantas es por los tallos que llamamos troncos, y que pueden medir cerca de 100 metros y que, además, están hechos de esa sustancia que llamamos madera. Centímetro a centímetro, una viga de madera es tan fuerte como una de hierro fundido, pero resulta 100 veces más flexible y 10 veces menos pesada. Aún hoy no hay ningún material destinado a toda clase de usos que sea mejor que éste. Por eso sigue superando al cemento y al ladrillo como material de construcción para casas; uniendo los tablones empleados sólo en Estados Unidos a lo largo de los últimos veinte años alcanzaríamos Marte.

Pero la madera no deja de ser una tontería si lo comparamos con otra peculiaridad de lo vegetal. Nuestra vida depende en su totalidad de ellos porque son los únicos seres del planeta capaces de producir la sustancia que empleamos como combustible: azúcar. Sin azúcar estamos todos muertos, comenzando por nuestros cerebros que lo usan como energía principal.

Imaginad un arce modesto de los que decoran con frecuencia las calles de muchas ciudades. Nada espectacular, no más alto que una farola, habréis visto muchos. Es fácil observar que las hojas más altas son generalmente bastante más pequeñas que las que crecen abajo. Es para que la luz del sol alcance a las hojas de abajo cada vez que sopla el viento y aparta las ramas; y las hojas bajas son de un verde más oscuro porque contienen más cantidad del pigmento que ayuda a las hojas a absorber la luz. Las hojas de un arce así de sencillo pesan algo más de 15 kilos. Esos kilos de hojas no nos parecerán dulces, pero lo cierto es que contienen sacarosa suficiente para hacer tres tartas de las más empalagosas que hayáis podido probar. Las plantas son los únicos seres del universo capaces de hacer azúcar a partir de una materia inorgánica, sin vida.

Jahren evoca situaciones y ofrece imágenes con el talento de un buen escritor. Es una obra para disfrutar sin necesidad de tener conocimientos especiales. No se mira igual lo verde después de leer “La memoria oculta de las hojas”.

Carlos López-Tapia

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