“Los hermanos Wright”

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Hace un par de años que David McCullough cuenta con el apoyo de Tom Hanks para convertir este libro en imágenes, probablemente una serie, proyecto que ya ha pasado por los despachos de los ejecutivos de HBO y que, sea esta cadena u otra, llevará a estos hermanos a la pantalla popular contemporánea que se les ha negado hasta el momento. Desde hace unos meses se encuentra en nuestras librerías.

Título: “Los hermanos Wright”

Autor: David McCullough

Editorial: La esfera de los libros

Aunque cuando Armstrong pisó la luna llevaba un trozo de raso de un ala de su primer avión de 1903, a los Wright no les sorprendería su ausencia del espectáculo americano por definición. No se recuerda a menudo pero ambos fueron despreciados, ninguneados y hasta sufrieron un intento de robo intelectual por parte de las mismas instituciones que hoy les usan para “sacar pecho”.

El famoso Instituto Smithsoniano trató de arrebatarles el mérito pionero a favor de uno de sus miembros, modificando subrepticiamente años después del éxito de los Wright, un modelo que había sido incapaz de levantar el vuelo para sostener una declaración vergonzosa que sólo terminó por corregirse tras varios años, y después de que el avión, que hoy cuelga orgulloso en un museo de Washington, fuera donado por los Wright a uno de Londres, donde habían sido mejor tratados.

Desde que un sabio andaluz se lanzó al vacío en 875 y quedó mal, pero sobrevivió, hasta un día a mediados de Diciembre del tercer año del siglo XX, la imaginación humana no ha dejado de pensar en volar, más o menos, como los pájaros. Los hermanos crecieron en años plagados de inventos, la cámara Kodak de 35 mm, la máquina de coser eléctrica, el ascensor, la maquinilla de afeitar, las trampas para ratones, el automóvil, etc…, aunque ninguno socialmente tan revolucionario como la bicicleta, cuyo impacto está algo velado por novedades posteriores. Las “bicicletas de seguridad”, con las dos ruedas iguales, se convirtieron en una fiebre. Los jóvenes de pronto podían alejarse a kilómetros de sus casas en un cuarto de hora. Las implicaciones asustaron a los conservadores, pero era una libertad sin marcha atrás.

Cuando se abrió la tienda de bicicletas de los Wright, se habían matado o malherido varias decenas de pioneros en máquinas voladoras que hoy resultan absurdas. Eran víctimas fáciles para una prensa en pleno auge de influencia y ventas. A Wilbur y Orville Wright no les amedrentó ser vistos como unos de aquellos chalados en sus locos cacharros, lo que ya era un dato sobre su personalidad independiente y desacomplejada, pero es que además no tenían formación universitaria o estudios técnicos oficiales, tampoco ninguna experiencia laboral, ni influencia de amigos en puestos de poder, ningún mecenas financiero o subsidios del Estado, ni ningún patrimonio familiar. ¿Cómo es posible que aventajaran a personas e incluso instituciones que tenían todas esas cosas?

El libro de David McCullough lo cuenta con amenidad y sin excederse en el detalle técnico. Y digo esto porque las personas cercanas a las que les he pedido que me explicaran que era lo que hacía elevarse a los aviones no han sabido responder con la causa física que lo permite, una cualidad de los gases. No importa demasiado, son conocimientos reservados a una parte pequeña de la población, pero no perderse en la técnica es un detalle importante para hacer llegar esta historia a la mayoría.

Carlos López-Tapia

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